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María Idalia Gómez y Jonathán Nácar

Alfonso Navarrete Prida es metódico y extremadamente reservado. Suele llegar muy puntual a las reuniones de gabinete o de trabajo; es amable, sonriente, y si no preside el encuentro sigue una suerte de ritual, por un momento comienza siendo cauto, calla y observa, pero cuando le toca hablar le gusta mostrar su inteligencia siendo muy agudo, a veces sutil o mordaz, dependiendo de quienes sean sus interlocutores y lo que pretenda lograr, porque siempre pareciera que trae una estrategia.

Desde hace 20 años, desde su primer paso por la Procuraduría General de la República (PGR), incorporó, como método de vida, usar por lo menos dos teléfonos celulares, y cambiar eventualmente el número de uno de ellos. Es muy cuidadoso en sus llamadas y pocos personajes tienen sus números personales. Por eso, cuando en octubre de 2015 en la columna Estrictamente Personal se dio a conocer que lo estaban espiando y con el paso de los meses se confirmaría que fue desde el Cisen, algunos cuentan que se molestó, pero como Navarrete es tan desconfiado, pocas personas de su entorno conocen los detalles de cómo trató este tema al interior del gobierno, pero hay quienes aseguran que él ya sabía que estaba siendo vigilado.

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Ninguno de quienes han llegado a verlo en eventos públicos o de trabajo observaron algún tipo de malestar con el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Ni siquiera cuando Navarrete Prida saludó y se despidió del primero, el martes pasado, cuando se encontraron en Los Pinos para cambiar de estafeta. Pero eso sí, a unas horas de tomar posesión, el nuevo responsable de la política interior ordenó a su equipo que se les agradeciera por su trabajo y que ya no tenían trabajo los más cercanos al exfuncionario hidalguense, parecía, comentó alguna de las personas que estuvieron allí, que “habían hecho una lista con quienes eran considerados leales y fueron los que ratificaron, y a quienes no lo eran, les dijeron amigablemente adiós”. Junto a los altos mandos debieron salir también sus equipos de trabajo, varias oficinas quedaron momentáneamente semivacías.

Fue entonces que sólo ratificó a seis funcionarios y nombró a 17, varios de toda su confianza, tres de ellos particularmente, a quienes puso en puestos clave para su estrategia de control: en la subsecretaría de Gobierno llegó Manuel Cadena Morales; a Cisen, Alberto Bazbaz, y en la dirección de Inteligencia de la Policía Federal a Víctor Manuel Torres Moreno, su incondicional y a quien se le vinculó, desde hace más de 10 años, como un enlace del cártel del Golfo, cuando lo dirigía Osiel Cárdenas Guillén.

Aunque había entonces varios informes de inteligencia muy precisos sobre su relación con el narcotraficante ahora detenido en  Estados Unidos, nunca se tradujo en una acusación formal, simplemente Torres Moreno renunció a la PGR, donde era delegado en Tamaulipas, y mantuvo bajo perfil unos meses, hasta septiembre de 2001, cuando reapareció con Navarrete Prida en la Procuraduría de Justicia del estado de México como subprocurador de Justicia.

Aprendiendo de justicia

Escucha, medita, cuestiona y entonces opera. Navarrete Prida generalmente es serio, muchas veces seco, y para quienes no lo conocen puede parecer hosco, retraído; salvo con su equipo más cercano quienes conocen su rostro bromista y relajado.

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Equipo. Luis Videgaray, José Antonio Meade y Alfonso Navarrete integraron el gabinete presidencial desde el inicio de la administración.

En la UNAM estudió la licenciatura en Derecho a finales de los ochenta, en una época en la que el grupo que encabezaba el rector Jorge Carpizo McGregor (1985-1989), dominaba la escena política de la universidad, y que pronto se convertiría en una de las personas más cercanas a él.

Simpatizaron de inmediato, por la inteligencia de Navarrete y su temperamento, y aunque siempre se refería a él como “maestro”, había un gran nivel de confianza y amistad extremo. Y aún estando en la escuela se registró en el PRI, en la Juventud Popular Revolucionaria.

Su primer cargo fue el de secretario particular de Jorge Carpizo, puesto que repitió en las diferentes gestiones de su maestro: en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Procuraduría General de la República y en la Secretaría de Gobernación.

›Entre 1995 y 1996, fue director jurídico y Contralor General en la Secretaría de Salud. Hasta que Jorge Madrazo, otro de los integrantes del grupo Carpizo, se convirtió en titular de la PGR y lo designó subprocurador de Procesos, y luego subprocurador de Procedimientos Penales B.

Fue el único del grupo Carpizo que se quedó en la PGR cuando llegó como titular el general Rafael Macedo de la Concha, lo que no agradó mucho a sus compañeros de la UNAM. Sin embargo, salió apenas tres meses después, al verse involucrado indirectamente en un caso de venta de plazas de la entonces Policía Judicial Federal por medio millón de dólares. Este hecho, lo llevaría a sostener varios episodios de confrontación con el general Macedo, y mantener un bajo perfil durante un corto tiempo.

Llegó a la Procuraduría General de Justicia del estado de México, arropado por el gobernador Arturo Montiel. Le importaba mucho cambiar la imagen que entonces existía de impunidad y corrupción, por eso eran muy constantes sus conferencias de prensa en las que anunciaba la detención de bandas que operaban en la entidad. Incluyó áreas de inteligencia para las investigaciones, propuso cambios legislativos y renovó la tecnología de diferentes áreas técnicas, además de impulsar la profesionalización de los funcionarios.

Varios fueron los asuntos que quedaron pendientes y otros los que mostraron el control que pronto llegó a tener de la entidad y que mostraban también su influencia política. Uno de los asuntos que dejó por más de seis años sin arreglo, fue la operación de las policías auxiliares, conocidas como Cusaem, las cuales generaban ingresos por más de 100 millones de pesos, pero era un dinero que no se auditaba y pocos rastros dejó.

El asesinato de Enrique Salinas de Gortari, en diciembre de 2004, el menor de los hermanos del expresidente, cuyo cadáver fue hallado dentro de un auto en un paraje del municipio de Huixquilucan, estado de México, fue uno de los mayores problemas que enfrentó Navarrete Prida. Primero declaró públicamente que los resultados de las investigaciones serían “una gran sacudida para el escenario nacional”, después se confrontó con el titular de la PGR, Macedo de la Concha, y a un año del crimen sostuvo que era un caso que estaba “roto”, al final quedó impune.

Los acuerdos con Peña

Alrededor de 2005, Enrique Peña Nieto tenía como máxima aspiración ser senador, pero creía que la designación recaería en el entonces procurador, Alfonso Navarrete Prida. “A través de un tercero, Peña Nieto logró un encuentro con Navarrete Prida en el Churchill’s, un decadente restaurante en la ciudad de México, lugar donde algunos de sus negociaciones políticas en los últimos años se forjaron. Le planteó un pacto: si el otro era seleccionado por Montiel como candidato, el perdedor lo apoyaría. Peña Nieto sentía que Navarrete Prida no lo tenía entre sus afectos, pero quería amarrar un acuerdo para que en el momento en que fuera ungido, lo ayudara para ir al Senado”, asi reconstruyó la escena en 2012 el periodista Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal.

Pero Montiel eligió a Peña Nieto, aunque tímido, tenía la alcurnia mexiquense, continúa el artículo, y formaba entonces parte de los llamados Golden Boys, grupo que había impulsado el propio gobernador.

Peña Nieto fue candidato exitoso y gobernador del estado de México. A Navarrete Prida, con quien había hecho el pacto, simplemente lo ratificó en el cargo de procurador y luego lo hizo diputado federal (2009-2012)”, sostiene el relato de Riva Palacio.

Fue sólo alrededor de un año que el exprocurador del gobierno de Montiel Rojas se mantuvo en el cargo bajo las órdenes del hoy presidente de la República. Pero fue suficiente para proteger la gestión de su jefe, al tener en sus manos uno de los tres casos más controvertidos de la gestión de Peña, las acusaciones contra Arturo Montiel por mal manejo de recursos públicos.

Navarrete Prida no sólo consiguió darle carpetazo al caso, al declarar públicamente que no había pruebas de que el exgobernador hubiera cometido los delitos de peculado y enriquecimiento ilícito, sino que logró que se diluyera en el tiempo y no fuera una carga para la administración de su jefe Peña Nieto.

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Entorno laboral. Navarrete y su antecesor, Miguel Ángel Osorio Chong, dialogan con el extinto dirigente de la CTM, Joaquín Gamboa, y el presidente Enrique Peña Nieto, en una imagen de mayo de 2013.

Dejó la procuraduría y se convirtió en titular de una secretaría de reciente creación, la de Desarrollo Metropolitano, a la que renunció después de poco menos de un año para buscar la diputación federal por el estado de México, la cual ganó y como reconocimiento adicional a la confianza ganada por su lealtad, se convirtió en presidente de una de las comisiones más importantes de la Legislatura, la de Presupuesto y Cuenta Pública.

Cuando Peña Nieto asume como presidente de la República, Alfonso Navarrete Prida se convirtió en secretario del Trabajo, en donde nuevamente esa costumbre de ser metódico y concentrado en su trabajo, diseñó una estrategia de cercanía con los diferentes sectores laborales para conseguir su apoyo y así obtener resultados que le valieran hacerse notar por su trabajo. Y así fue, el crecimiento del empleo le valió varios reconocimientos públicos por parte del Presidente.

›Peña Nieto ha probado durante más de una década a Navarrete Prida en su lealtad y como un operador eficaz. Ha sido un hombre duro y obstinado, que conoce los temas de seguridad y el manejo de la inteligencia.

Además diseña estrategias para lograr los escenarios que se plantea, así lo describen amigos y colaboradores, y es en todo ello en lo que creen basó su designación el Presidente para el cierre de su administración, en medio de un polarizado proceso electoral y una gestión debilitada por los cuestionamientos de corrupción, inseguridad e incertidumbre económica.

A su llegada a Gobernación, retomó su costumbre de las conferencias de prensa para cambiar la imagen de la dependencia. Ya debieron aparecer ante las cámaras el comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales, y el titular del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas. Incluso el propio Navarrete Prida, a quien le gustan los micrófonos y desde el principio dejó clara su lealtad:

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—Oiga, Gobernación siempre se ha criticado, más en esta época, porque hay quienes tienen la tentación de ser un brazo electoral para la defensa del voto del gobierno, ¿qué opinión tiene usted? ­—se le preguntó.

—La instrucción que tengo del Presidente y una de las razones de mi llegada aquí, es que el gobierno sea absolutamente, el gobierno federal, imparcial con respecto al tema electoral. Es un tema de gobernabilidad. Y la mejor manera de generar condiciones para que el voto mexicano se exprese, es la mejor manera de hacer ver que esta opción por la cual el pueblo de México se definió hace seis años, sigue siendo una gran opción ­—respondió.

De acuerdo con la última actualización de su declaración patrimonial como titular de la STyPS, con fecha del 30 de mayo de 2017, Navarrete registraba un total de 13 bienes inmuebles (ocho casas, tres departamentos y dos terrenos); así como cinco vehículos.

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