Jose Luis Camacho


Por más intransigentes que sean las posturas sobre la independencia nacional, en los hechos es indudable nuestra histórica y tal vez irrevocable dependencia con los Estados Unidos. Nuestra historia registra momentos de tensiones y abusos de poder que provocaron altos costos que debió pagar nuestro país.

Durante la campaña por la presidencia, AMLO se cuidó mucho de no postular diferencias en la relación bilateral, de hecho, ya como presidente electo designó a un representante para participar en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Un análisis trasversal de sus posturas (rechazo al neoliberalismo, regreso al nacionalismo y lucha contra la corrupción que generan los grandes intereses económicos) podría suponer que tendría que contemplar un rechazo absoluto a la política de Donald Trump hacia México y los mexicanos.

Sin embargo, la actitud ha sido reservada. Al amparo de la Doctrina Estrada que a principios y mediados del siglo pasado resultaba viable, ahora parece contraria a las tendencias globalizadoras que dominan la escena internacional y que han hecho que muchos problemas sean ahora asuntos comunes.

De esta forma, la postura ante el régimen de Nicolás Maduro si bien ha decantado en favor de una solución negociada, no puede dejar de calificarse como una ceguera ante las innumerables violaciones a los derechos humanos que se han cometido y un sistema demostradamente antidemocrático.

El caso de los migrantes centroamericanos, si bien se ha apegado a una política humanitaria y de defensa de los derechos humanos, no deja de mostrarse como una estrategia de contención de un problema que día con día crece y que no considera una solución de fondo, pues ni México está en posibilidades reales de dar asilo a millones de centroamericanos ni los Estados Unidos abrirán sus fronteras para recibirlos.

En este contexto, el encuentro que tuvo AMLO con Jared Krushner, asesor y yerno de Donald Trump, admite varias lecturas. Por un lado, AMLO ha aceptado en los hechos la necesidad de contar con un interlocutor efectivo con Trump y de alguna forma a sensibilizarse de que Peña Nieto no estaba entregando el país cuando le otorgó la Condecoración del Águila Azteca.

Asimismo, debe reconocer que su dicho de que la mejor política exterior es la política interior, es un mero juego de palabras y que al menos con los Estados Unidos, destinatario principal de la política exterior mexicana, se deben diseñar estrategias propias, es decir, asuntos que en lo interno son de gran relevancia como el combate a la corrupción no serán moneda de cambio con el gobierno estadounidense, el cual tiene una agenda propia y alineada con sus intereses y es esa agenda lo que le interesa negociar y acordar.

AMLO se formó políticamente en una época dominada por las máximas de Jesús Reyes Heroles y sabe perfectamente que la forma es fondo, esto implicará “moderar” sus expresiones cuando se refiera a la relación con los Estados Unidos y asimilar qué tan importante es que la impresión de los representantes del gobierno de ese país, como la imagen interior.

En este sentido, aun cuando en sus mañaneras no lo acepte, debe estar consciente de que la forma que utilizó para reunirse con Krushner no fue la mejor y que conforme pase el tiempo estos descuidos cobrarán facturas más altas. Trump está ya instalado en la implementación de su estrategia electoral para buscar la reelección, lo que implicará muy probablemente que acuda a su actitud agresiva contra los migrantes mexicanos y contra todo aquello que tal vez sólo viva en su imaginación pero que le atrajo y le atraerá votos, por eso es importante que AMLO y su gobierno vayan evaluando cuál será la posición más conveniente y viable.

Esto supone tomar una posición, ante el proceso electoral del país vecino, lo que no significa, desde luego, intervenir en el mismo, pero sí estar consciente de que se deberá ser consecuente con la misma y en el caso de que el resultado no sea el esperado, asumir los costos de establecer una relación bilateral efectiva. En sus mañaneras, AMLO podrá seguir predicando el amor inalterable por la libre autodeterminación de los pueblos, pero en los hechos los contendientes a la presidencia de los E.U. demandarán una toma de posición.

El asunto y la decisión no son menores, el poder y peso de la relación con los Estados Unidos no es un tema menor y las consecuencias de una decisión equivocada pueden ser de alto impacto; el miedo no es gratuito.

@jlcamachov

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