Jose Luis Camacho

La madrugada del pasado 24 de diciembre significó para México la reconfiguración partidista más relevante que haya vivido el sistema de partidos desde la etapa posrevolucionaria con el surgimiento inoficioso del Partido Comunista, teniendo como telón de fondo la aprobación del presupuesto de egresos de la federación para el año entrante.

El primer acto trascendental tuvo lugar cuando dos diputados federales del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) votaron en comisiones a favor del proyecto de dictamen de presupuesto de egresos, votos a los que más tarde se sumaron en el Pleno los nueve restantes de esta bancada; decisión que les representó ser tildados de traidores y oportunistas por sus otrora aliados del PAN y PRI, los cuales más tarde, además de Movimiento Ciudadano (MC), decidieron abandonar el salón de plenos debido a la negativa mostrada por la mayoría del partido en el gobierno, integrada por Morena, PT, PES y ahora PVEM, por mover una coma al proyecto emitido por la comisión dictaminadora que preside Alfonso Ramírez Cuellar.

La del Verde se trata de una acción que ya se esperaba, debido a los cinco diputados que en septiembre pasado prestó en comodato a Morena para alcanzar la mayoría simple que le permitirá presidir la Junta de Coordinación Política, que es el máximo órgano de decisión en la Cámara de Diputados, durante los tres años de la LXIV Legislatura.

El segundo acto se presentó cuando en el salón del Palacio Legislativo convivían en completo entendimiento Morena, PT, PES, PVEM y la mitad de los integrantes del grupo parlamentario del PRD, partido que cumplió la profecía de su desintegración con la unión de 11 de sus 20 integrantes a la aprobación del presupuesto de egresos.

Se trata de un hecho entendible por parte del partido en el gobierno que en San Lázaro preside Mario Delgado Carrillo, quien ha demostrado ser un eficaz negociador y cuyas buenas cuentas ya le ha entregado al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, al PVEM lo deja en el extravío ideológico, pues en menos de 20 años ha sido aliado del PAN, del PRI y ahora de Morena. Para los simpatizantes de este partido resultará muy difícil comprender la explicación ofrecida por el brillante Arturo Escobar y Vega desde la máxima tribuna de la nación aquella madrugada.

Para el PRD tampoco será fácil asumir esta nueva desbandada que pudiera poner en peligro su propia existencia como grupo parlamentario, sumando un reto más en la reconfiguración que desde el 2 de julio pasado ha asumido y que está pendiente de concretar.

Ante esta realidad del bloque integrado por cinco diferentes fuerzas políticas, le permitirían a Morena alcanzar un número total de 336 votos, los cuales representan la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y la cual es suficiente para aprobar una reforma constitucional.

A reserva de lo que suceda con el PRD en el Senado, de repetirse el repliegue del PVEM en la Cámara alta el bloque en el gobierno sumaría 76 votos, con los cuales se encontraría 10 votos por debajo de la mayoría calificada.

En el caso que el sol azteca que preside Miguel Ángel Mancera decidiera sumar sus fuerzas a Morena, le abonaría cinco votos, faltando todavía cinco más para aprobar una reforma constitucional.

Con esta reconfiguración, el sistema moderno de partidos en México está próximo a cumplir 100 años de vida, sin perder de vista que en enero de 2019 se abre el registro para nuevos partidos con registro federal, entre los cuales se encontrará “Libre” del expresidente Felipe Calderón, Nueva Alianza, alguno nuevo de la maestra Elba Esther Gordillo y el de Jaime Rodríguez Calderón, quien a base de propuestas y planteamientos sinceros en la pasada elección demostró tener más apoyo que algunos partidos políticos.

Al tiempo.

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