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Juan Carlos Rodríguez

Los dioses del estadio están de luto. Melquiades Sánchez, el hombre que durante 52 años dio voz al Coloso de Santa Úrsula, falleció la noche del domingo 4 de noviembre a la edad de 90 años.

La siguiente es una entrevista inédita, realizada por ejecentral meses antes de su muerte. En la charla, El Perraco habló de cómo era la vida en las tribunas hace medio siglo, su afición a la pintura,  los astros del futbol que fueron sus amigos y de cómo alguna vez intentó ser narrador deportivo para hacerle competencia a Ángel Fernández o a Agustín González Escopeta.

¿Es cierto es usted ya forma parte del inventario del Estadio Azteca?

—Jajajaja. No sé si forme parte del inventario, pero yo me siento partícipe de muchas cosas que pasaron en el estadio y ha sido una gran satisfacción.

¿Su mayor alegría en la cabina del Azteca?

—Haber sido testigo de los mundiales, de ver jugar a grandes figuras como Pelé y Maradona. Eso no lo pago con nada, haber participado en torneos donde nos visitaron grandes personalidades del balompié internacional.

La mayor tristeza…

­—Fui testigo de la tristeza de miles de aficionados cuando algún equipo se iba a la Segunda División. Me han dolido mucho los descensos del Atlante.

Melquiadesor

Hubiera jurado que era usted atlista o americanista…

—Yo en realidad le voy al futbol. No tengo favoritos. Lo que sí te puedo decir es que a mí me gustaba mucho el América de Leo Beenhakker. He aprendido a apreciar el fútbol tal como es: un juego.

¿Cómo era la ciudad hace medio siglo, cuando comenzó a ser la voz del Estadio Azteca?

—Pues no había tantas contingencias… Jajajajaja. Éramos menos habitantes, las costumbres eran diferentes, era todo más romántico, no era tan práctico como ahora, tan frío en algunas ocasiones.

¿Cómo era el ambiente en las tribunas en los sesentas?

—El famoso chiquitibum era el que tronaba en el estadio en grandes encuentros. Había muchísimas porras para apoyar a los equipos. Desgraciadamente eso cambió por barras, pero hay que aceptar que los tiempos cambian y las formas de expresión de la gente van cambiando.

¿Qué opina usted del “eeeeeeeeh… putoooooooo?”

—Opino que está mal, desde luego. No deja de ser una grosería, pero así es la gente, así es la plebe, dicen, así son los aficionados, así es la masa, qué se puede hacer. Ya pasará de moda.

¿Antes hubo algún grito similar?

—Ninguno, todos eran gritos de apoyo a los equipos y meramente románticos por las porras, que antes eran familiares. Un grito así no lo recuerdo anteriormente.

¿Nunca pensó en ser narrador de futbol?

—Sí lo intenté. De hecho me tocó narrar dos o tres partidos, entre ellos un clásico Atlas- Guadalajara; allá en Jalisco me dieron chance.

¿Y no le gustó?

—Hice una valoración: pensé que le tenía que dedicar mucho tiempo a buscar estadísticas, datos y todo eso, y entonces pensé que lo mejor era dedicarme a lo mío, que es la pintura y la locución comercial.

¿Quién es o era su cronista favorito?

—En aquel tiempo las estrellas serán Agustín González Escopeta, Fernando Marcos, Óscar El Rápido Esquivel, Ángel Fernández y Fernando Luengas.

¿Conoció a El Tigre Azcárraga?

—Claro que sí, él fue el que decidió que trabajara en el Estadio.

¿Es cierto que tenía mal genio?

—Eso no es cierto, era muy práctico, era muy buena persona. Yo pienso que alrededor de todos los empresarios, de todos los personajes de alta presencia, se van tejiendo historias que no tienen nada que ver con la realidad.

¿Le gustó cuando le cambiaron el nombre al estadio?

—Fue una deferencia muy importante de Emilio Azcárraga Milmo hacia su amigo de toda la vida, Guillermo Cañedo. (…) Pronto se dieron cuenta de que la gente ya estaba acostumbrada a Estadio Azteca y por eso volvieron a nombrarlo como tal.

¿Nunca trabajó en otros estadios?

—Estuve dos años en el Estadio Universitario con permiso de la directiva del Estadio Azteca. Hubo un problema con el locutor de CU y entonces me llamaron a mí. Tuve la oportunidad también de trabajar algunas veces en el Azul y en el Jalisco.

¿Algún futbolista es o fue su amigo personal?

—Pues muchos. Tiempo atrás me tocaba ir a los vestidores a recoger las alineaciones y entonces ahí conocí a muchos, sobre todo de la camada de Enrique Borja, Carlos Reinoso, El Pichojos Pérez, Miguel Marín…

Ya 90 años. ¿Cómo se siente?

Muy bien. Yo creo que el secreto está en hacer con cariño el trabajo. Por eso Dios me ha dado tantas bendiciones.

¿Va seguido a Tepic?

—Cuando la oportunidad se presenta, con todo gusto estoy por allá. Como también me dedico a escribir, me hicieron un homenaje allá en la Cámara de Diputados. El alcalde me entregó las llaves de la ciudad.

¿Es verdad que cuando llega al estadio siente que el coloso lo abraza?

­—Una vez que iba llegando al estadio con Emilio Azcárraga Milmo, íbamos los dos caminando, acercándonos a la entrada, y entonces yo le comenté: “Sabe, don Emilio, cuando llego al estadio parece que me abre los brazos, parece que las piedras me hablan”.

¿Entonces es cierto lo que dice El Perro Bermúdez, existen “los dioses del estadio”?

—Yo creo que sí, y hay demonios también. Basta ver cómo se comporta la gente, se ponen como chamucos cuando pierde su equipo.

Cuándo la gente lo ve en la calle, ¿cuál es el eslogan que más le recuerdan?

—Son varios. Lo que yo empecé a anunciar en el Estadio eran “televisores y consolas Packard Bell informan” y “Brandy Bobadilla 103 informa…”

El golazo Tutsi Pop es inolvidable…

—Ese fue muy famoso, sí. “Mete un golazo, un golazo Tutsi Pop”. Ésos son los que más han perdurado en la mente de la gente.

¿Y qué pasa cuando se queda afónico?

—Una sola vez me pasó, y eso me lo recordó mi hijo Arturo, que por cierto lo perdí hace poco, Me dijo: “te quedaste afónico y yo tuve que salir al quite”.

¿No hubo problema con sus jefes?

—No hubo bronca, porque él tenía la voz más o menos igual que la mía. En la película de El Chanfle todos piensan que hablé yo, pero no, habló mi hijo Arturo.

¿Cuál es su truco para no equivocarse con la pronunciación de los nombres de jugadores extranjeros?

—Nunca he tenido problema porque voy a los vestidores y le pregunto a los intérpretes sobre la pronunciación de los nombres y apellidos, sobre todo los checoslovacos, que son muy difíciles.

¿Nunca lo han llamado para hacer doblaje?

—Claro. Me tocó hacer una vocecita para el cine en la película La era del hielo 2. Ahí sale un buitre que dice: “Los niños abandonados serán devorados”.

¿Le tocó la rechifla de 1986 contra Miguel de la Madrid?

—Sí estuve presente, pero afortunadamente yo no lo anuncié. Ahí le tocó a Pedro Ferriz. Lo programaron así: todo lo oficial lo tenía Pedro Ferriz y yo me dedicaba a lo deportivo.

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