Hollande-Peña, una ruta de comunicación desigual

Fausto Pretelin | Viernes 22 de agosto, 2014

El mismo día, los presidentes de Francia y México se presentaron frente al micrófono de periodistas. Al presidente Peña Nieto lo entrevistaron periodistas-rating; al francés lo entrevistaron simplemente periodistas.

El mismo día, los presidentes de Francia y México se presentaron frente al micrófono de periodistas. Dos métodos de dos mundos diferentes. Sí, dos mundos: el francés, geocéntrico; el mexicano, etnocéntrico. En México, periodistas-marca; en Francia, simplemente periodistas (del periódico de referencia internacional, Le Monde. De México, periodistas telegénicos en la atmósfera televisiva; en Francia, simplemente periodistas de oficio.

 

Al presidente Peña Nieto lo entrevistaron periodistas-rating; al francés lo entrevistaron simplemente periodistas.

 

Las agendas de los periodistas mexicanos Ciro Gómez, León Krauze, Pascal Beltrán, Denise Maerker, Pablo Hiriart y Lilly Téllez: las reformas.

 

Las agendas de los periodistas del periódico Le Monde: Christophe Ayad, David Revault D’Allonnes y Thomas Wieder: Economía, política, Europa y diplomacia.

 

¿Por qué la obsesión mexicana por ocultar el mundo? José Antonio Meade hace la lucha por romper los paradigmas. Viaja, negocia, acuerda. Se mueve, dirá el eslogan preferido del gobierno mexicano. Entonces, ¿por qué los periodistas no le preguntaron absolutamente nada sobre la Alianza del Pacífico? ¿Y la importancia de abrir embajadas en África? ¿El debate de los niños migrantes en Estados Unidos? ¿En qué estatus se encuentra el Acuerdo Transpacífico (TPP)? ¿Cómo va el avance de la investigación que el gobierno mexicano le pidió al estadounidense sobre el espionaje que realizó la Agencia Nacional de Investigación (NSA) al entonces candidato Enrique Peña Nieto? ¿Dónde están los tres mexicanos que iban a bordo del avión mexicano que el gobierno venezolano nunca narró las razones de su destrucción?

 

¿El ángulo monotemático de la entrevista fue una petición del anfitrión, José Carreño Carlón (celebrando un aniversario más del Fondo de Cultura Económica) y/o de David López, director de Comunicación Social de la Presidencia?

 

A Hollande le preguntaron las razones por las que su gobierno prohibió manifestaciones sobre el tema de la guerra de Gaza. El mandatario del Partido Socialista Francés respondió que cuando tuvo elementos de información para inferir sobre posible violencia, lo hizo. Sin embargo, las autorizó cuando los organizadores solicitaron permiso. A Hollande le preguntan lo que siente cuando tabloides sensacionalistas lo llevan a portada en traje de baño. Sí, respeto a la privacidad. Hollande, elegante, les pide a los periodistas que lleven a cabo un ejercicio de imaginación.

 

Al presidente francés le preguntan sobre las medidas económicas que surgen en Alemania:”Yo no me pongo en un cara a cara con Alemania. Es un debate europeo”.

 

Le Monde le pregunta sobre la actitud inmutable del presidente ruso después de las sanciones impuestas por la Unión Europea. Hollande habla sobre la necesidad de imprimir “diálogo y firmeza”.

 

Los franceses la preguntan al presidente sobre Obama: Hollande lo defiende desde la posibilidad de etiquetarlo como tímido, pero lo defiende. El Estado Islámico (EI) no es un simple grupo de Al Qaeda. Son más radicales. Hollande reconoce que su gobierno le otorgó armamento a los kurdos de la región de Irak para defenderse de los ataques del EI.

 

En efecto, el mismo día los presidentes de México y Francia se sometieron a un interrogatorio periodístico. ¿Cuándo será el día en el que los temas internacionales dejen de ser tratados como tales en lugar de referirse a ellos como problemas de México?

 

Meade se mueve, bien vale la pena observarlo. Pero al parecer, las reformas se convirtieron en el único tema programado desde Los Pinos.

 

Al inicio del sexenio, semana a semana, la oficina de Comunicación Social de la Presidencia enviaba el tema semanal que todas las dependencias debían de empujar ante los medios. La naturaleza de la estrategia, intuyo, tenía la huella de José Carreño Carlón. No era mala idea. Sin embargo, la física mediática de las reformas terminó llevando a la estrategia al despeñadero de la desmemoria. Ni modo.

Amazon desintegra la era de lo tangible

Fausto Pretelin | Viernes 15 de agosto, 2014

¿Por qué pagar 269 pesos por el libro “La lluvia del tiempo” de Jaime Bayly en la librería si Amazon, mi amigo fraterno, me cobra 109 pesos?

Sabemos que nos encontramos en la guerra de hábitos más “cruel” y silenciosa de la que se tenga registro: la eclosión intangible frente al hábito de lo tangible, o si se prefiere, la nostalgia en contra de la inmediatez.

 

En efecto, se trata de la era sin mitos. No hay posibilidad de la construcción de una arquitectura sobre un continente intangible. El ornamento sexy lo aportan los diseñadores que basan sus teorías en el marketing de Apple: minimalista y elegante. El ornamento lúdico lo aporta el cartel de Silicon Valley pues logró vincular a la comunicación con la felicidad. Pócima secreta transferida entre Jeff Bezos, Steve Jobs y el Walt Disney transmoderno, Mark Zuckerberg.

 

“A diferencia de las ideas que pensamos, los mitos son ideas que nos poseen”, escribió Umberto Galimberti (“Los mitos de nuestro tiempo”, Debate, 2013). ¿Cómo convertirse en un ser nostálgico frente a los perros y tiburones de Jeff Koons y Damien Hirst, los artistas mercadólogos del momento?

El arte ingrávido de ideas también forma parte de la familia intangible. No hay más ruptura con el mito del arte que la que fraguan Koons y Hirst. No es casualidad que Michel Houellebecq los haya invitado a pasar a la inmortalidad de la novela El mapa y el territorio (Anagrama, 2011).

 

El arma atómica de bando intangible es la economía. Minimizar el gasto es una premisa racional. ¿Por qué pagar 269 pesos por el libro “La lluvia del tiempo” de Jaime Bayly en la librería si Amazon, mi amigo fraterno, me cobra 109 pesos? La economía no es una ciencia para nostálgicos. Ellos, los nostálgicos, nos dirán que prefieren visitar la magnífica librería del Fondo de Cultura Económica de la Condesa en lugar de oprimir el 1-Cilc desde el sofá cómodo de la casa.

 

Francia se convierte en el último grito contra Amazon, es decir en el último nostálgico. El domingo, en dos páginas pagadas (100 mil dólares) en el New York Times, 900 escritores cerraron filas con la editorial Hachette por negarse a romper la barrera de los 10 dólares (130 pesos) que le exige el distribuidor cuasi mágico, Amazon. Lo que no es barato no sirve, podría ser el lema publicitario de Amazon. Lo barato no sale caro, nos diría Jeff Bezos. Nueve punto noventa y nueve dólares es el precio sugerido por Amazon; similar al título del magnífico texto de Frédéric Beigbeder, 13.99 euros.

 

Sabemos que los monopolios determinan los grados de libertad de quienes lo consumen pero también conocemos que eliminan los grados de libertad de los que intentan competir en otra atmósfera. Hachette no puede anticipar la venta de sus títulos en Amazon, porque mi amigo fraterno se encuentra enojado; no puede articular ofertas especiales porque no lo desea Amazon. Aurélie Filippetti, la ministra de Cultura francesa, también enojada pero con Amazon, señaló que “este episodio es una nueva revelación de prácticas incalificables contra la libre competencia por parte de Amazon. Es un abuso de posición dominante y un perjuicio inaceptable contra el acceso a los libros. Amazon debilita la diversidad literaria y editorial” (Le Monde, 12 de agosto).

 

Paul Auster, John Grisham, Stephen King, Jonathan Littell, Donna Tartt y Claire Messud, entre 900 firmas, decidieron lanzar un grito neoyorkino contra el amigo de los lectores, Amazon. ¿Cómo luchar contra el batallón de la racionalidad? ¿Cómo vencer al siglo XXI desde el siglo pasado? ¿De qué manera  Aurélie Filippetti podrá convencer a la juvenil demografía francesa de pagar más y no menos por un libro?

 

En la hermenéutica del universo intangible no existen registros sobre hábitos que coaccionen al consumidor. En pocas palabras, lo de Aurélie Filippetti se trata de una simulación más de la retórica que es movida por el hábito que debe seguir todo gobierno francés. Y el desplegado en el periódico neoyorkino, simple publicidad del gremio de los nostálgicos.

Peña y su descalabro en Gaza

Fausto Pretelin | Viernes 8 de agosto, 2014

Es conocido el rasgo conservador de Carlos de Icaza, con leer los tuits de almohada en los que subyace la métrica de la estética-retórica, es suficiente.

La apuesta exterior del sexenio del presidente Enrique Peña es la Alianza del Pacífico. Y qué bueno. Una agrupación alejada del huracán chavista que ha azotado a Latinoamérica durante la última década, conformada por Perú, Colombia, Chile y México, trata de bracear en contra del etnocentrismo decimonónico que tanto gusta a políticos cortos de miras. Progresista, la Alianza del Pacífico emula el espíritu de la Unión Europea: libre circulación, libre comercio, gestión de embajadas conjuntas, Erasmus, sí, intercambio de estudiantes, entre un armonioso etcétera.

Frente a la eclosión imperial de Rusia, la Unión Europea responde en bloque a pesar de los kilométricos puentes comerciales entre Moscú y Berlín; es Angela Merkel la única mandataria de la zona que tiene línea directa con Vladimir Putin. Pues bien, Alemania resentirá las sanciones comerciales de Rusia a pesar de la cercanía cotidiana con el presidente Putin.

 

 

¿Por qué la Alianza del Pacífico no logró consenso para emitir una respuesta conjunta frente a La guerra de los 34 túnelesentre Israel y Gaza? El subsecretario Carlos de Icaza nos diría que lo estridente no entra a su despacho.

 

 

El 26 de julio, De Icaza tuiteó que los integrantes de MIKTA (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia) unificaban su posición sobre el derribo del avión de Malaysia Airlines sobre territorio ucranio. En efecto más allá de la mala noticia del derribo, la unificación de posturas fue un gran paso de José Antonio Meade.

 

Es conocido el rasgo conservador de Carlos de Icaza, con leer los tuits de almohada en los que subyace la métrica de la estética-retórica, es suficiente. En efecto, si De Icaza consideró estridente las posturas de Perú y Chile al retirar a sus respectivos embajadores de Tel Aviv, lo menos que pudo haber amagado seguir la dirección de la brújula de Ban Ki-moon. Naciones Unidas integró más acentos a su rechazo, y en cadena, varias naciones también lo hicieron. Solo es necesario contrastar las palabras del presidente Hollande antes y después de la reacción de Ban Ki-moon. Pero México no lo hizo, y al dejar de hacerlo, dio varios pasos hacia atrás en su intento de convertir a México como un jugador global.

 

 

Protegerse bajo la estela de Naciones Unidas es algo similar que protegerse de un accidente a través de un seguro de gastos médicos mayores. Pero no. Dejar hacer, dejar pasar, en un país donde el 99% de la población desconoce el cuarto de máquinas de Israel y Palestina, como lo es México, resulta la mejor dosis para el pragmatismo diplomático del siglo pasado.

 

 

A la guerra asimétrica a la que se preparó Netanyahu, los terroristas de Hamás hicieron lo propio a través de guerrilla. Dos caras de una misma moneda. Los resultados los conocemos.

 

 

 

No se trata de apoyar posturas locuaces como la que tomó Evo Morales (“Israel es un estado terrorista”); tampoco estridentes como la Mujica (“Se trata de un genocidio”), pero sí enérgicas, como la de la ONU.

 

 

El mundo de los comunicados ingrávidos concluyó desde el siglo pasado.

 

 

Sin embargo, el milagro del oxímoron se observa en la semántica ingrávida de don Carlos de Icaza. Veamos el siguiente ejemplo:

 

El gramaje informativo se extrapola en la zona de la desinformación. Es decir, en la era de la información, la masa de información representa a la estrategia moderna de la censura.

 

 

Los grandes avances se observan en escenarios torales como lo que acontece en la Franja de Gaza. Es una lástima que el presidente Peña haya salido descalabrado del caso debido a la brumosa estrategia que articuló Carlos de Icaza. El subsecretario no pudo ir de la mano con Perú y Chile, pero tampoco quiso seguir los pasos de Ban Ki-moon. Falta su confesión: ¿Qué nos quiso decir con la brumosa e ingrávida posición en un tema trágico como lo es Gaza?

Golpe de estado de Google

Fausto Pretelin | Miércoles 6 de agosto, 2014

La única prueba con la que puedo demostrar la existencia humana es Google; evangelio de san Larry Page, capítulo 1 versículo 32,

La única prueba con la que puedo demostrar la existencia humana es Google; evangelio de san Larry Page, capítulo 1 versículo 32, los jóvenes se divierten de acuerdo a Sergéi Brin

 

La escenografía de un mundo lúdico genera la máxima confianza entre los seres humanos. Confianza. Una palabra en extinción durante la Guerra Fría pero reactivada por la campaña posmoderna de Nike: Just do it!

 

Adormilada, la Generación X no logró extrapolar la atmósfera de Disney  a la cotidianidad. Un pase mágico no pudo recrear el holograma de Mickey en el comedor.

 

 

Google extiende el Just do it! en tiempo real, y gratis. Las barreras de entrada representan el decálogo de una dictadura.

 

 

  1. La memoria no tiene derecho de ser borrada.
  2. En el derecho de autor se esconde el robo de intermediarios.
  3. El mundo empequeñece y con él, el número de habitantes del planeta.
  4. La inteligencia artificial es la única esperanza para perpetuar la vida.
  5. Coca-Cola ya no debe de ser valorada como la máxima marca del planeta.
  6. Facebook es un buen policía. Se le aprecia por eso simulamos no competir en contra de Mark Zuckerberg.
  7. Las emociones deben de ser dosificadas por el monopolio de los videojuegos.
  8. Edward Snowden es el enemigo público número uno, y como tal, lo tenemos inmovilizado.
  9. Las garantías individuales han sido canceladas con el beneplácito de la sociedad global.
  10. El ascenso de la tecnopolítica se encuentra jubilando a los tecnopolíticos.

 

 

Es absurdo, pero real. El decálogo no lo entiende gente como Max Mosley, expresidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). Ayer, se le ocurrió demandarnos a nosotros, los Google men. (Lo sabes. Todos somos marca registrada Google. Así que lo mejor es reconocernos como Google men, una generación obediente y aburrida bajo un entorno lúdico donde las sonrisas quedan inmortalizadas en los estúpidos selfies.)

 

 

Pues bien, el ruco de Mosley interpuso una demanda en contra de nosotros por difundir imágenes de una de sus orgías freudianas de las que tanto gusta montar bajo esvásticas y latigazos. Mosley, hijo menor del líder fascista británico Oswald Mosley, ganó daños y perjuicios en 2008 después de que el Tribunal Superior concluyera que la publicación por parte del ya desaparecido “News of the world” violaba su privacidad al haber publicado imágenes de sus actos sadomasoquistas con perfumes nazistas.

 

 

Ahora, Mosley la toma en contra de nosotros, los de Google.

 

 

Muy apreciado señor Mosley: los habitantes del tiempo real le solicitamos que lea con atención nuestro decálogo.

 

 

 

Los golpes de Estado lo provocamos segundo a segundo para evitar recordar que la memoria puede llegar a estorbar a los terrícolas. La memoria como instrumento de tortura. Sí señor Mosley, lo mejor es que continúe montando orgías. Usted le ganó una partida de vencidas al sicópata venerable, Rupert Murdoch. Recuerde que con el cierre del “News of the World” concluyo esa era extraña donde el medio era el mensaje. Pero el tiempo ha cambiado señor Mosley. Ahora el decálogo de Google aplastará la demanda que nos interpuso.

 

 

Esto es el comienzo.

El premio Buñuel a Argentina

Fausto Pretelin | Lunes 14 de julio, 2014

Messi recibió el Balón de Oro con rostro entre enojado y triste. Premio a la individualidad en el día en que perdió el conjunto argentino.

La maldición maradoniana se presentó con una pequeña dosis de cinismo en la final del Mundial Brasil 2014. Messi recibió el Balón de Oro con rostro entre enojado y triste. Premio a la individualidad en el día en que perdió el conjunto argentino.

La sensación fue que Messi iba recorriendo el Mundial sorteando las minas-Maradona. Colocar perfil frente a perfil resultó un juego peligroso de los argentinos para los argentinos. En el principio de los tiempos, los integrantes de la iglesia maradoniana le dijeron a Messi que carecía de patente de corso. Que no era auténtico jugador argentino por su desmedida entrega al equipo culé. Al parecer, un soldado no puede defender dos banderas cargadas de identidad.

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Y sí, los tiempos de Cataluña son los tiempos canallas de España de Mariano Rajoy al frente del gobierno. Con miras a la consulta independentista, la identidad catalana demanda a Messi una fuerte dosis de identidad. Al final, cuando el Barcelona se pudo proclamar campeón venciendo al Atlético de Madrid, una pregunta cuasi mística rodeó a Messi. ¿Qué le sucede?

Algunos fanáticos catalanes señalaron la baja de juego de su ídolo porque se estaba dosificando para llegar en buen estado al Mundial de Brasil. Los argentinos lo fueron arropando desde la eliminatoria. Sabían que Messi era el único candidato para cargar a la selección sobre su espalda. En efecto, mientras que en Cataluña lo cuestionaron en Argentina le aplaudieron. Primera llamada para otorgarle el premio Luis Buñuel a Argentina y a Cataluña.

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Ya en el Mundial, Messi vivió la transformación apocalíptica de la selección argentina. Lo escribió Jorge Valdano: “Argentina llegó  a Brasil amenazando al mundo con nombres propios. Uno decía “Messi, Higuaín, Di María y Agüero” y la gente salía corriendo entre gritos de pánico” (La Nación, 12 de julio). Argentina terminó el Mundial con luces en la defensa y sombras en la delantera: la sensación es que Mascherano dio golpe de Estado en contra de los ofensivos. Sabella, feliz. De su línea de cinco defensivos frente a Bosnia fue rehaciendo el equipo con un Messi un tanto enfadado porque todo parecía que el equipo lo desconocía. Sí, la maldición de la secta maradoniana se hacía presente.

La aplicación del big data le da el título a Alemania. Kroos falló en la parte baja del algoritmo pero Higuaín no respondió. El gol Buñuel anticipaba lo peor para Argentina.

Desde hace décadas Gary Lineker nos reveló el onceavo mandamiento: el futbol es un juego de once contra once y siempre gana Alemania. Lineker descubrió el algoritmo infalible de la victoria. No le creímos. No creo en el determinismo que arroja el big data. Lineker sí.

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Se trata de un algoritmo que enfría la emoción. De ahí que Higuaín tuvo razón al fallar el gol. No era posible que Kroos fallara al regresar un balón. Un imponderable maldito difícil de concretar por la naturaleza de Alemania.

 

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Neymar argentino, Messi brasileño

Fausto Pretelin | Viernes 11 de julio, 2014

La UNESCO tendría que premiar a Neymar porque sus palabras que mencionó ayer rompieron el molde de acero con el que se esboza la confrontación futbolera entre Argentina y Brasil.

El Barcelona se tiene que convertir en una embajada de la UNESCO. Entre sus filas tiene a dos personajes que solo se presentan una vez cada mil años.

 

En efecto, la UNESCO tendría que premiar a Neymar porque sus palabras que mencionó ayer rompieron el molde de acero con el que se esboza la confrontación futbolera entre Argentina y Brasil. “Messi merece ser campeón”. Sí, imaginemos que el deseo de Neymar se convirtiera en eslogan publicitario de Nike. La autenticidad vende por innovadora. No existe brasileño que transfiera a un argentino éxito en el futbol. Fin de la Historia. Inicio del gobierno de la UNESCO, el embajador de las causas nobles: Neymar.

 

“Messi merece ser campeón” también es una frase revolucionaria porque rompe con la inercia etnocentrista recargada por el balón de futbol. ¿Cuántos camiones serían incendiados si descontextualizamos la frase? ¿Cómo detener el sufrimiento de mercadólogos si concluyera la competencia?

 

Ayer, Neymar realizó una presentación política a través de un discurso deportivo. No fue magia ni tampoco fue casualidad. No sería difícil observar la mano de la presidenta Dilma Rousseff detrás de la primera presentación de Neymar después de la acción que acabó con él durante el Mundial. “Si el rodillazo hubiera sido dos centímetros más abajo, estaría en silla de ruedas”. Una a una; cada palabra cala entre los brasileños. Preferible la tragedia del 1-7 que la de un héroe del futbol sentado sobre una silla de ruedas.

 

Mascherano o la historia se repite

 

Argentina es un crucero de emociones que chocan sin sentido. Tuvo que ser Javier Mascherano el valiente que bajó del auto para poner orden. Sus indicaciones al portero Sergio Romero reconfiguró a la generación a la que pertenecen ambos jugadores. Mascherano, el padre; Romero, el hijo. “Hoy te comés el mundo. Hoy vas a ser el héroe” (La Nación, 10 de julio).

 

La historia es un cuento narrado mil veces de distinta manera. Maradona le dijo a Goycochea que pararía dos penales frente a Italia durante las semifinales del Mundial de 1990, en Italia. Goycochea se convirtió en el héroe atajador. Romero atajó el primero a Vlaar, mientras que Goycochea detuvo el último, a Serena. Argentina pasó a la final batiendo a Italia y la pausa de 24 años fue interrumpida el miércoles por Romero: Argentina clasifica a la final batiendo a Holanda. En la final del estadio Olímpico de Roma se esperaba la presencia de Italia; en la de Maracaná, la brasileña. Argentina cambió el guion.

 

“Diego, Nápoles te ama, pero Italia es nuestra patria”, escuchó Maradona hasta que caló en su sistema nervioso; el “chiquito” Romero también escuchó mentadas de madre que los brasileños le dedicaron durante el partido frente a Holanda. Por esa extraña mutación que solo en el futbol sucede, los brasileños se convirtieron en pinceles de Rembrandt para estampar una figura barroca con la que pusiera fin al paso argentino.

El peronismo en la nueva versión del maracanazo

Fausto Pretelin | Jueves 10 de julio, 2014

Louis van Gaal hizo las veces de prisionero. Su dilema era perder ganando o ganar perdiendo. Ni uno ni otro. Al parecer, el terremoto alemán trastocó su libreto

Louis van Gaal hizo las veces de prisionero. Su dilema era perder ganando o ganar perdiendo. Ni uno ni otro. Al parecer, el terremoto alemán trastocó su libreto. Y es que los topos continuaban la noche de ayer buscando víctimas del sismo alemán. Los holandeses fueron solidarios con Brasil; Robben cogió la pala y Van Persie se colocó el casco protector; Sneijder los lentes protectores. Demasiadas precauciones en periodo de muerte súbita.

Lo que es cierto es que Van Gaal no quiso leer el planteamiento de Sabella quien decidió quitarle las pilas a Messi colocándolo diez centímetros delante de Mascherano. Es como pedirle a un tenor que cante como Ricky Martin. Cuando Messi no tiene el balón, camina, y cuando camina no tiene pilas. Sin pilas y sin el fideo Di María, el escenario tomaba un tono abominable.

 

Por si fuera poco, y como viene sucediendo durante el Mundial, Sabella no quiso arriesgar cuando sacó a Higuaín de la cancha: Kun+pipita+Messi=sueño de todo entrenador. Pero al parecer, los efectos de la nueva versión trágica del futbol brasileño destrozaron los sistemas nerviosos de los dos técnicos. Sabella tendría que haberse inclinado ante la figura timorata de Van Gaal para agradecerle su miedo. Un pavor ficticio generado por un conjunto de apellidos, que en tiempos gloriosos de la pasión por el futbol, formarían la selección más ofensiva del planeta.

 

Ganar sin arriesgar no es el dilema de cualquier prisionero, es ser rehén de la insubstancialidad estética y ética del futbol. No queremos aceptarlo pero el fin del jogo bonito se correlaciona con la crisis de las ideologías políticas.

 

El verdadero dilema lo tienen los brasileños: apoyar a Alemania que los degradó o a Argentina, el enemigo que reposa en el inconsciente de todo argentino.

 

El dilema de apoyar a la torika o al peronismo degradado en populismo.

 

Lo que está viviendo Brasil es una catarsis de larga duración, y en tiempo real. Crisis en las proyecciones de los politólogos brasileños: victoria o derrota para Dilma; crisis de personalidad de Thiago SIlva; crisis del fanatismo nacionalista bajo las pautas del himno nacional; crisis en el liderazgo de la secta de Scolari.

 

Por si fuera poco, la selección de Sabella se cruza en el destino de Brasil.

 

El dilema de Mercosur, si Hugo Chávez la manipuló y la degradó, un conflicto balompédico entre los dos principales socios la degradarían a los peores niveles históricos.

 

La ausencia de dilemas nos lo asegura Edgardo Codesal, el crack alemán que le otorgó la copa del mundo en el Mundial de Italia 1990. La misma final en la que Argentina llegó después de vencer a Italia, en semifinales y en penales. La historia no se repite, es la semántica la que cambia.

 

El nuevo Brasil habla alemán

Fausto Pretelin | Miércoles 9 de julio, 2014

Supimos que Frankfurt despidió a Lucas Papademos como primer ministro griego y de refilón cercó a Silvio Berlusconi para que Enrico Letta ocupara la jefatura del gobierno

Lo sabíamos pero nunca la imaginación tendría que estar a años luz de la realidad: la troika ya cruzó el Atlántico.

Supimos que Frankfurt despidió a Lucas Papademos como primer ministro griego y de refilón cercó a Silvio Berlusconi para que Enrico Letta ocupara la jefatura del gobierno. Pasaron los años y nunca entendimos que un buen día la troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional aunque todos sabemos que firma definitiva de los acuerdos se estampa en Frankfurt) se plantaría en un estadio de futbol de Belo Horizonte para revelarnos una señal del ya cotidiano apocalipsis: el nuevo Brasil habla alemán.

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El dúo Dilma Rousseff y Lula da Silva decidieron cobrar por anticipado el cheque populista del Mundial bajo la certeza de la victoria de la canarinha en la final del campeonato. Ahora que la toika, es decir, Frankfurt, les informa que el documento financiero no tiene fondos, ambas figuras tendrán que pagar el alboroto que armaron.

En pocos días veremos a Lula tomar un avión con destino desconocido; el destino desconocido se encargará de embargar el ánimo de Dilma frente al intento de su reelección presidencial. Es decir, el cheque populista rechazado por Frankfurt no llevaba la firma de Lula y espero que, por solidaridad con Dilma, desista a unas vacaciones del olvido. Tendría que quedarse para reanimar la campaña de Dilma que tuvo a bien iniciarla unas horas antes de la llegada de los hombres del corbatón, es decir, de los representantes de la troika.

Ayer, la versión digital de El País aminoraba la tragedia de 1950 con un: “El maracanazo fue una broma”; Dilma tendría que reformular el desmontaje de la popularidad de Lula a través de: “El juicio del siglo fue obra del sarcasmo”. Es decir, la trama de corrupción que llegó a los hombres de confianza de Lula es un escenario sarcástico si lo comparamos con el castigo de Frankfurt.

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Dilma no quiso llevar a Thiago Silva al diván para que le desmontara su hermenéutico mundo de lágrimas. Rousseff se confió. Pensó que con la sustitución de Mano Menezes por el experto Felipe Scolari en el banquillo, la normalidad siempre milagrosa regresaría al Mundial de Brasil: el nuevo Brasil hablando portugués. Pero no. Dilma no quiso enterarse. Felipao dejó Portugal con demasiadas interrogantes por parte del fisco: señal de que Scolari es humano y no santo.

Los problemas sociales no pueden ser exorcizados a través de chamanes del balón. El juicio del siglo no sólo ha afectado a la gente cercana de Lula, ahora Scolari también será involucrado. Y es que Scolari trató de vender jogo bonito bajo la marca Nike en épocas donde atmósferas de videojuegos se han encargado de eclipsar al juego asociación.

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Quienes vimos a la selección brasileña de 1982 sabemos que fue la última generación del jogo bonito. Lo que vino después fue una burda copia pirata.

La recompensa de lo sucedido ayer se la lleva Neymar. Su currículum llevará el siguiente pie de página: “Animé a la selección del Mundial Brasil 2014 y a todo un país pero Camilo Zúñiga me salvó agrediéndome”.

En fin, la lección del 1-7 la tiene que aprender la presidenta Dilama Rousseff: en la globalización, el Brasil moderno habla alemán.

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Robben, entre Peña y López

Fausto Pretelin | Martes 8 de julio, 2014

¿Cómo se llama el primer ministro belga? Es lo de menos

¿Cómo se llama el primer ministro belga? Es lo de menos. Después de que Bélgica operó sin primer ministro durante año y medio, la política del país de la cerveza, como la de todo el mundo, poco interesa en México. La memoria es discrecional. De los etnocentrismos político y económico, el mexicano pasa a ser un geocéntrico del balón.

 

De la nube de conversaciones en cafeterías y bares surgen apellidos como Courtois, Fellaini o Lukaku. La gente los menciona como si de sus vecinos se trataran. Van Persie, Sneijder y Robben podrían jugar en los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara o en los Pumas de la Universidad. Su fonética conlleva a la de un grado familiar próximo. Y si sobre de ellos se asentó un pase mágico-mediático, como el de Robben, su figura podría ser ubicada en el senado de la República o en el poder de las togas.

 

 

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La gracia de la democracia del balón es el poder que de ella emana: sofocracia futbolera. Es una tribu experta en estadística, en especial de las permutaciones y combinaciones. De un 4-3-3 pasan a formaciones 5-2-3 para que, dicen, los defensas extremos se incorporen a la ofensiva, es decir, y como decía el clásico, son los carrileros.

 

Gracias a las contribuciones del Google nos podemos percatar que en Sanborns de San Ángel, la nube de conversaciones es espesa; de Laham a Schweinsteiger existen pocos centímetros de distancia. La clave, nos aseguran, fue que Pogba  y Valbuena no salieron en su mejor día.

 

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Los expertos mundialistas citan a los clásicos como distinguidos historiadores: “Ya lo dijo Gary Lineker, el futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. No es cualquier frase; es determinista. Irrumpe en celebraciones absurdas como preámbulo del fallecimiento del ánimo.

 

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Si el interés por la globalización se cercara a la mitad del camino en el que se encuentra el Mundial de futbol, los medios de comunicación se verían incentivados en cubrir las elecciones rusas con el mismo interés de las de Jalisco o Veracruz.

 

Las relaciones internacionales, desde México, cobrarían un interés en la sociedad sin precedente alguno. Nos preocuparíamos por la inminente fragmentación de Irak. Descubriríamos las intenciones de Boko Haram en Nigeria más allá a las del futbolista Emmanuel Emenike. Los pronósticos deportivos se extrapolarían a pronósticos de salud de Cristina Kirchner y el futuro que depara a su vicepresidente, cercado por la justicia. Messi sería uno más.

 

Estudios del ánimo mediático, es decir, del rating, aseguran que la ceremonia de los himnos es toral para potenciar el interés de los televidentes por el partido que está por comenzar. Los vínculos bélicos de la imagen con la sensación humana, le agregan un componente especial al interés de consumir la guerra esteticista, por entendible, del futbol.

 

Del etnocentrismo al geocentrismo existen años de estudios, sin embrago, aseguran los clásicos del futbol, el Mundial de futbol puede ser el placebo revolucionario.

 

Un buen día, con tan sólo escuchar las palabras “pena” y “máxima”, los terrícolas correrán a las librerías para comprar el libro de Santiago Roncagliolo, “La pena máxima”.

 

En efecto, llegará el día en que las burlas escaparán de la xenofobia. Ese día, Robben podrá lanzarse, y no a la alberca, sino a la presidencia de la República.

 

 

 

Los memes más estúpidos, los del Mundial

Fausto Pretelin | Lunes 7 de julio, 2014

Los nuevos índices de estupidez humana tienen la característica de viajar a la velocidad de un #hashtag o viceversa

Los nuevos índices de estupidez humana tienen la característica de viajar a la velocidad de un #hashtag o viceversa: en la cultura de la inmediatez todo hashtag debe de provocar un prolongado suspiro de algunos segundos, tal vez días.

 

En el siglo pasado, el Producto Interno Bruto (PIB) se convirtió en uno de los principales semáforos descriptivos sobre la salud de todo el cuerpo nacional; ahora, los memes revelan el grado de involución humana. Por ejemplo, unas horas después de que Neymar recibiera una puñalada por la espalda por parte de un criminal vestido de jugador de futbol, llamado Juan Camilo Zúñiga, la simio-creatividad de un ente generó un montaje fotográfico acompañado con un supuesto diálogo entre los jugadores referidos: “Viste la ardilla? Cual ardilla? La que pega con la rodilla=p” Lo de menos son los tropiezos ortográficos. Para la simio-creatividad de quien hizo el montaje, tampoco debe de existir sorpresa ya que millones de cibernautas demuestran con ánimo su insuficiente nivel educativo.

 

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El problema es de los llamados periodistas encargados de “editar” el oleaje interminable de la red. Sus ojos, de fácil seducción, se asombran por las anémicas imbecilidades que, por sólo convertirse en #hashtag, es condición suficiente para incluirlas en las páginas web de periódicos.

 

El mayor problema en el periodismo del siglo XXI es que ha dejado de existir la jerarquización de la noticia. Un paso atrás sucede en el área de redes sociales; en jóvenes sin título universitario recae la responsabilidad de medir el gramaje noticioso de cientos de notas por hora.

 

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¿Qué más da? Responden. Si en las redes sociales circulan los memes, entonces son noticia. Dos errores surgen de la anterior información. Bajo las premisas anglosajonas del periodismo, las redes sociales no son medios de información, y segundo, el nombre de meme es un simple eufemismo de montaje.

 

En fin. Algo sucede con el Mundial; la FIFA, la dictadura de la diversión, ha decidido que no castigará a Juan Camilo Zúñiga. Su poder judicial ha dictaminado que una mordida genera un mayor mal que la fractura de una vértebra lumbar.

 

Semejante decisión la vemos en el periodismo hipermoderno: los memes son noticia, y mientras más estúpida sea su naturaleza, mayor es la probabilidad de convertirse en #hashtag.

 

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Neymar, asunto de Estado | FUTBOLI…¿QUÉ?

Fausto Pretelin | Sábado 5 de julio, 2014

La columna de Fausto Pretelin

La gangrena futbolera es una derivación del populismo. Bajo el escenario en el que Venezuela se convirtiera campeón del Mundial, el presidente Maduro explicaría el resultado como mandato místico del comandante Chávez.

 

Las analogías hacen las veces de aceite para el puntual entendimiento; pero recurrir al futbol para “unir el alma de la nación” como ha insistido la presidenta brasileña Dilma Rousseff, resulta peligroso a pocas semanas de las elecciones.

 

Sabemos que antes del partido de ayer, la selección brasileña parecía más una secta de futbolistas fanáticos que un equipo de futbol.

 

Scolari tendría que internarse en un manicomio después de lo que ocurrió con sus jugadores frente a Chile. En especial con el capitán Thiago Silva, quien mutó en monje cartujo para evitar el llamado del pelotón en los tiros penales; tampoco quiso participar en la reunión motivadora previa a los tiros penales.

 

Si la temperatura política se le estaba saliendo de control a Scolari y a Rousseff, lo que sucedió ayer encendió las alertas en la casa presidencial.

 

El lateral Camilo Zúñiga decidió acribillar a la espléndida actuación de la selección colombiana al enterrar su rodilla en la tercera vértebra lumbar de Neymar. El árbitro no se percató pero el siguiente paso que tendría que hacer la dictaloca de FIFA es enviarlo de castigo al gabinete de Mariano Rajoy durante el resto de su gobierno.

 

Dilma Rousseff ingresó a Twitter para escribir: “Como todo Brasil estoy con la torcida por la recuperación de nuestro astro”. No se requieren demasiados caracteres para producir una gangrena futbolera.

 

La lectura transbíblica de la tragedia que le pasó a Neymar (y de paso al Barcelona) es que el recorrido de la selección amarilla se trata un viacrucis futbolero. La de Neymar fue la estación del dolor social. Para Rousseff, la victoria de ayer fue una derrota de la nación sólo recuperable si hay unión (y no protestas absurdas que tanto molestan a Pelé y al establishment).

 

El martes, Brasil tendrá que redimirse frente a Alemania, y lo harán porque la fe vinculada a Neymar hará que el hombre verde, Hulk, permanezca 90 minutos como el justiciero de la televisión.

 

Después, se hará lo que la FIFA quiera.