Periodismo y desconfianza

Tuni Levy | Miércoles 26 de agosto, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

 

 


¿Cuál es tu opinión acerca del periodismo en México?

 

 

Para Erick Pérez, chofer de 21 años, el periodismo es “más amarillismo que noticia; todas las muertes se me hacen demasiado amarillismo”. Juan Álvarez, guardia de seguridad de 55 años, a pesar de que “lee muy poco”, siente que “hay muchas cosas que nos ocultan, con respecto a sus bienes patrimoniales del presidente y de la señora, ahora piden disculpas y no nos consta… casi no confío (los medios) ocultan la verdad”.
 

 

Addy Hernandez, una capturista de 21 años considera que “depende de qué periódico sea, hay muchos que siempre van a hablar mejor de los que están haciendo algo mal. Confío en los periodistas independientes, siento que ellos sí buscan la verdad. En las televisivas no, por que ya están comprados”. Germán Ramos, repartidor de 28 años lee El Metro y El Universal: “Varía. Sí llega la información oportuna, la información de los políticos es la que no me late”.

 

 

Para Marco Noel Martinez, obrero de 17 años, el periodismo “está bien y nos informa, yo me entero en internet. En los periódicos veo sí hay trabajo. Este trabajo está bien, paga tanto, entonces voy a verlo”. Martín Salvador, un comerciante de miel y zacate de 52 años, a las 10:30 ve las noticias en el canal 2: “yo digo que están bien las noticias, si hay un accidente o así, pues yo digo que está bien”. Por otro lado Jaqueline Farji, arquitecta de 26 años, considera que “el periodismo no saca al aire todo lo que deberían de decir, está muy restringido y controlado…sí cumplen con el propósito de informar pero no informan necesariamente las cosas correctas o lo que la gente quiere escuchar”.

 

 

Esta sería una muestra no representativa de las opiniones que los mexicanos tienen en relación al oficio. Sin embargo, sí dicha muestra se compara con encuestas de los últimos meses efectuadas a nivel nacional por casas como GEA-ISA, Parametría, o el CESOP (Centro de Estudios Sobre Opinión Pública), encuestas todas del 2015, se puede observar que las opiniones arriba vertidas no se encuentran tan lejos de la media nacional. Parametría indica que 53% de los mexicanos confían poco o nada en los noticieros de la radio, 46% confía poco o nada en periódicos, 48% confía poco o nada en la televisión. GEA-ISA encontró que 90% de los mexicanos desconfía de los medios de comunicación. CESOP por su parte señala que las instituciones en las que menos confía la población incluyen a la televisión.
 

 

@tunilc

Hermoso atardecer, el asilo

Tuni Levy | Miércoles 1 de julio, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

“Hermoso atardecer” se llamaba el albergue que en la mañana del martes pasado ardió en llamas. Diecisiete personas perdieron la vida. Hay cinco heridos por quemaduras e intoxicación.

 

El asilo de Mexicali albergaba a 44 ancianos.  Sólo 11 tenían familiares registrados. La mayoría de los adultos mayores que habitaban en el lugar fueron abandonados por sus hijos quienes cruzaron la frontera para trabajar en el país vecino.  El peritaje efectuado por el cuerpo de bomberos indica que el incendio fue intencional y el alcalde de la ciudad de Mexicali señaló la posibilidad de que la causa pudo haber sido una disputa entre directivos del lugar.

 

La noticia sonó con poca intensidad.  Los encabezados, escasos. Cinco de los adultos mayores fallecidos no tienen quien los vaya a buscar.

Perro a la cantonesa

Tuni Levy | Miércoles 24 de junio, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

“Nosotros comemos carne de perro, ¿por que está OK para ustedes los norteamericanos comer pavo?”

 

En la celebración de solsticio de verano en un pueblo de  sur de China, Yulin, los habitantes celebran el evento comiendo perros.  La festividad ha llamado la atención de activistas pro derechos de animales y de medios de comunicación.  “Al final del día, los perros son sólo animales”.  El tema que ha polarizado a la sociedad china y ha levantado fuertes controversias.  Cada año se consumen en el evento más de 10,000 perros.  Los amantes de los animales han solicitado a las autoridades que intervengan y regulen la práctica.  Una mujer les compra los perros para salvarlos de la matanza, este año gastó 15,000 dólares en la transacción.  “Comer perro es bueno para la salud en la temporada más caliente del año”.  Muchos de los perros son robados, transportados en condiciones deplorables y maltratados.  El lunes un grupo aproximado de 25 activistas se manifestaron con pancartas frente a las oficinas de gobierno de la ciudad, demandando el fin de festival, pero fueron rápidamente dispersados por hombres no identificados.  “Es una de nuestras tradiciones”.

Al otro lado de UBER

Tuni Levy | Miércoles 17 de junio, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

En la punta del camellón de la calle Explanada, entre Sierra Madre y Reforma, hay una casita blanca.  Los árboles le hacen sombra.  Son casi las 2; pego mi coche a la banqueta y por unas monedas adquiero el permiso que ahora hay que pagar por usar la calle.

 

Uno de los hombres se acerca.  “No, no necesito un servicio, gracias”.  Desilusionado quizás, se retira.  Hay cuatro hombres sentados en sillas de jardín, todos mirando una televisión de plasma.  No, no hay virgencita, este es un sitio sin guadalupana.  En el lugar donde me la imaginé, hay un horno de microondas.  Pegado a la pared hay un mapa de la ciudad enmicado.  “Buenas tardes, quisiera hacerles unas preguntas para conocer su opinión acerca de lo que ha significado para ustedes la implementación de UBER”.  Los hombres frente al televisor no responden, no voltean, ni parpadean.  Uno de los otros, posiblemente por evitar el silencio, me hace saber que él ya se va, tiene un servicio y no me puede ayudar, pero se queda.

 

Tras el intento fallido, y en dirección a mi coche, otro de ellos me detiene.  “Nomás se quejan y cuando alguien les pide su opinión se quedan callados, venga pa’ acá, yo le platico lo que quiera”.  Fernando Escobedo Maya limpia sus lentes y se recarga en su taxi que forma una hilera con otros 7.  Hace más de 15 años que conduce un taxi, tiene 4 hijos y está casado “por las tres leyes, ya sabe: la civil, la religiosa y la de a fuerzas”.  El “no me engaña”, reconoce que a partir de la aparición de UBER sus ingresos han bajado “entre un 30 y un 40% durante el día y un 80% en los servicios de la noche”.  Me saca las cuentas para que yo entienda: “Mire, a nosotros se nos exige tener un seguro por gastos médicos del usuario”, que calcula en 17,500 pesos por cobertura amplia.  “Ellos pagan seguro particular, no se les exigen placas, ni taxímetro, ni copete”.  La licencia y el tarjetón también, “cuestan 3,100 cada 3 años”.

 

Fernando no busca el linchamiento, ve mal a los compañeros que han agredido físicamente a los conductores de UBER, “yo estoy en contra de la violencia”.  Entiende que es un problema de ausencia de leyes y busca la competencia justa.  “De quién estamos en contra es del gobierno…la petición es que los regularicen”.  También reconoce los desaciertos: “Hay muchos compañeros que se mandan en los precios y eso ha provocado el disgusto y la búsqueda de UBER, hay que ser honestos en que tenemos esa culpabilidad”.

 

Se tiene que ir, ya le toca servicio. Me explica con prisas cómo es que el futuro es incierto, sabe poco lo que sigue: “Vivo al día, no tengo sueldo.  Tampoco puedo planear el domingo, si no salen los gastos tengo que trabajar hasta ese día”.

 

Quizás porque Fernando quiso hablar, también Rosendo se animó.  Su taxi es el del final.  Después de asegurarse que yo no trabajo para la empresa de UBER se dispuso a responder.  A Rosendo Arsate lo que le preocupa es pagar sus tarjetas, “Antes movido todo el día, ahora es raro que no hayan coches…a veces habemos 25 aquí esperando”.  “Yo no fui a la manifestación por que de por sí la gente está molesta con nosotros los taxistas”. Amable y sonriente, uniformado de camisa blanca y pantalón negro como el resto, Rosendo me explica como la nueva compañía les “ha dado durísimo”.  Con una esposa y 3 hijos, ha buscado alternativas, “ahora trato de agarrar servicios en la calle y también trabajo en Yaxi (aplicación de taxis autorizados)”.  Para poder pagar las letras de su auto, pasa más horas en el sitio “hasta 18 horas”, “para ganar menos”.  “Viernes y sábado en la noche ya se murió”.  “¿Y el futuro?”, le pregunto.  “Me voy a ir a UBER”, me explica, “sólo estoy esperando a ver que sí sea como lo platican… voy a pintar mi coche, no hay de otra.”

Un par de corneas

Tuni Levy | Miércoles 10 de junio, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

Cuando su madre vio sus ojos por primera vez, le comentó a la enfermera que algo no andaba bien.

 

Georgia Kate nació con una enfermedad congénita ocular que nubló sus ojos azules y limitó su visión a ver únicamente luz y obscuridad.  Sus padres dedicaron los días siguientes al nacimiento a buscar opciones para el 10padecimiento diagnosticado como La Anomalía de Peter.

 

Oftalmólogos del continente consideraron irrealizable la operación en ojos tan pequeños como los de un recién nacido y sugirieron esperar, no  sin la conciencia de que las alternativas futuras se reducían notablemente.

 

El doctor Bowes Hamill vio una posibilidad y se aventuró a la tarea de transplantar corneas a la pequeña Georgia Kate.  El ojo derecho fue intervenido en el noveno día, el izquierdo a los dos meses y medio de edad.

 

Su madre Jo Anna, una enfermera de Luisiana, describe el instante en que los parches fueron retirados:”levantó su cara en el momento que sus ojos hicieron contacto con los míos, simplemente supe que podía ver”.

 

La ciencia, dos donadores, un doctor y sus padres le regresan la oportunidad de comenzar desde cero.

El hombre que negó su saludo a Hitler

Tuni Levy | Viernes 5 de junio, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

1936, Alemania.  Hitler preside un acto en los astilleros de Blohm und Voss.

 

Todos los presentes alzan su brazo derecho a modo de saludo al Führer.  Todos menos uno.  August Landmesser permanece con sus brazos cruzados.  La imagen del momento lo captura a él, rodeado de decenas de hombres con el brazo levantado.

 

Seis años antes Landmesser se había afiliado al Partido Nazi. Lo había hecho creyendo que las conexiones correctas lo ayudarían a encontrar trabajo en una Alemania devastada. Gracias a su afiliación consiguió trabajo en Hamburgo, en uno de los astilleros. En 1935 fue expulsado del partido por haberse casado con Irma Eckler, con quién tuvo dos hijas, una mujer de ascendencia judía.

 

Un año después del incidente en el astillero, August fue llevado a juicio y declarado culpable de “deshonrar la raza”. Él fue enviado a prisión. Irma Eckler, su esposa, fue detenida por la Gestapo. Nunca la volvió a ver.  A sus dos hijas las separaron: a Ingrid le permitieron vivir con su abuela, mientras que Irene fue enviada a un orfanato.

 

Cuando Landmesser salió de prisión fue enviado al frente y declarado como desaparecido en la guerra.

 

En 1991, Irene, una de sus hijas, lo identificó en la fotografía en un diario alemán. El hombre de los brazos cruzados era su padre.

Mi hermana, Adela

Tuni Levy | Jueves 28 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

Hace 40 años, un 30 de mayo nació Adela.  Mi madre me compró unos regalos y me explicó que fue ella quien los trajo.  El cuento no me convenció, yo tenía casi 3, poca edad pero algo del más mínimo sentido común.  Era una bebita de piel clara y cabello castaño.  Mi madre la bautizó como el piojo güero, mucho antes de que el entrenador nacional siquiera jugara con un balón.

 

Cuando Adela tenía como cuatro meses mi prima Esther y yo nos subimos a su cuna y le compartimos chamoy (dulce de tamarindo).  No explicamos que de verdad la única intención era la de introducirla a uno de los mejores manjares que tenía la vida, por que igual y no nos lo iban a creer.

 

Adela y yo crecimos en un departamento en Homero cerca de las vías del tren.  Con frecuencia nos vestían iguales contra nuestra voluntad.  Compartíamos el mismo cuarto, la misma escuela y rutina.  Mi padre aprovechaba nuestras “habilidades” dancísticas y cada que había visitas nos hacía ponernos las faldas hawaianas y nos ponía a bailar. Por las tardes practicábamos los mismos deportes, nadábamos con el estómago lleno (recién comidas, en una alberca comunitaria), o intentábamos darle a la pelota con la raqueta, la cual cuando mucho se estampaba en la red.  Otras tardes sin embargo yo caminaba a mis clases de francés mientras Adela se subía al 9 a jugar con la prima Esther.

 

El parecido físico pronto dejó de serlo y se sumó a todas nuestras diferencias.  Adela y yo fuimos la inspiración para quien un día acuño el término “el agua y el aceite”.  Ella se dedicó a bailar, a llenarse de amigas (literal se metía a una alberca y salía con dos nuevas compañeras), a formarse en organizaciones juveniles.  Yo me dediqué a mis cursos diversos, a divagar en las nubes, a perderme en el espacio.  El resto de la niñez y adolescencia se caracterizó por dos hermanas coexistiendo en mundos que en apariencia no se tocaban.

 

Nos hicimos grandes, estudiamos según nuestros intereses del momento, nos casamos, nos llenamos de niños y destinamos nuestras vidas, cada una, por lo que más nos dirigía el instinto, creciendo como se pudiera y por donde se pudiera.  En el proceso, Adela ha sido más de lo que he podido pedir.  Se encarga de llenarme el congelador de comida, de organizarme la vida.  Me trae al mundo terrenal cuando divago. Es mi agenda, mi compañera, mi banco sin intereses, mi  tienda miscelánea, mi farmacia y mi papelería.  Si no nos vemos, lo que es raro, nos hablamos cinco veces al día. Lo importante y lo trivial se convierten en tratados trascendentales, cual Versalles, y darle vuelta a lo mismo es una práctica usual.  Los agobios y las angustias son igual de ella que míos, y es un hecho que verla llorar sin que se me quiebre la voz, es todo un reto.

 

Mi reclamo con mi madre es que el reparto entre las dos se hizo cual coeficiente de GINI de país en vías de desarrollo: totalmente inequitativo.  Es una bailarina nata, instructora profesional, madre por instinto de propios y ajenos, conductora de coches de carreras de alta velocidad.  Se mueve con soltura y la adversidad le hace los mandados. La vida la llenó de gracia y habilidades diversas.  A mi todavía más afortunada, la vida me llenó de ella.

Jugar al secuestro

Tuni Levy | Viernes 22 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

No quería escribir del tema. No me atrevía ni siquiera a ahondar en la noticia.  Es de esas historias que uno pide que no sean verdad, que la nota esté equivocada, que no sea un menor de edad, que no sean los otros involucrados los menores de edad.  Que no en este mundo ó que por lo menos en otra parte del mundo (como si hiciera la diferencia). Pero pasó y la noticia estuvo en muchos encabezados.  Yo me traté de escapar, pero fue inevitable, sucedió y aquí está.

 

El jueves pasado Cristopher salió de su casa en la colonia Laderas de San Guillermo, en Chihuahua.  Un grupo de niños y niñas, vecinos del barrio, de entre 15 y 11 años lo encontraron fuera de su domicilio y lo invitaron a recoger leña.  Una vez alejados de la zona habitacional, decidieron “jugar al secuestro con él”. Lo ataron.  Lo golpearon con piedras en el rostro. Según la investigación, una de las niñas lo apuñaló por la espalda. Lo sofocaron con un palo en el cuello.  Cristopher murió. Excavaron y lo enterraron, según las fuentes, junto a un animal muerto para disimular el olor.  Concepción, su madre interpuso el reporte ante las autoridades y la alerta Amber se activó.  No fue sino hasta el sábado, tras la confesión de uno de los menores, que se le encontró.

 

Algo anda mal cuando en un país los niños juegan al secuestro.  Algo anda mal por todas partes: en las instituciones, en todos los niveles de gobierno: desde arriba hasta abajo y a los lados, en el sistema educativo, en los tejidos sociales, en las familias, en las personas que componemos uno a uno esta sociedad.

 

Cómo vive Assange en la embajada

Tuni Levy | Jueves 14 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

El 16 de marzo de este año Julian Assange cumplió 1,000 días de vivir en la embajada ecuatoriana de Londres.

 

 

La embajada de Ecuador tiene el tamaño de un departamento y el fundador de WikiLeaks ocupa un cuarto.  En un principio, el personal le proporcionó un colchón inflable pero cuando el confinamiento se volvió evidente, consiguieron una cama.  Ken Loch le donó una maquina para correr y corre de 3 a 5 millas al día.  Comparte un baño y tiene una pequeña cocineta.  El periodista Patrick Kingsley documenta haber visto en su visita dentro de su habitación plumas, CD´s para quemar, una impresora y un diccionario en español.  En la esquina del cuarto hay una mesa redonda para recibir periodistas y colegas.  Tiene una máquina ultravioleta para compensar la ausencia de la luz del sol.  También hay una computadora con conexión a Internet.

 

 

Assange extraña a sus familiares y teme por la seguridad de estos.  Ellos han cambiado de domicilio y de identidad tras haber recibido amenazas de muerte.  Trabaja la mayor parte del día, y para relajarse ve series de televisión.  Al principio se trasladaba con frecuencia de habitación por miedo a ser sorprendido; desde hace algún tiempo ya no lo hace.  En sus palabras “el personal de la embajada se ha vuelto su familia”.  El aire acondicionado le ha provocado tos crónica y presión alta.  En ocasiones no puede dormir debido al ruido ocasionado por las entregas de cargamento de la tienda Harrods y por los cambios de turno de los guardias.  Le gustaría caminar por el bosque.

 

 

Desde el 2012 la policía Metropolitana de Londres vigila la zona.  Tienen órdenes de revisar a quien entra y sale, y de arrestar a Assange si intenta dejar la embajada.  Según cifras proporcionadas por el departamento, el gasto diario de custodiar la embajada es de 10,500 libras por día (unos 17,000 dólares).  Esta cantidad proviene de los impuestos de los ciudadanos británicos, quienes en varias ocasiones han mostrado su inconformidad.  Dos mujeres suecas esperan llevarlo a juicio por abuso sexual.  Assange admite no tener problema en ir a declarar si se le garantiza que EU no buscará su extradición.

 

 

Decca Aitkenhead periodista de The Guardian le preguntó hace unos años si ha considerado la posibilidad de que podría vivir en la embajada por el resto de su vida.  Assange admitió que sí, y agregó: “Por supuesto que supera la prisión de alta seguridad”.

 

Enrollando Cigarrillos

Tuni Levy | Jueves 7 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

Sagira tiene once años.  Enrolla cigarrillos desde los siete en su pueblo natal, Dhuliyan, del este de India.  Se sienta por ocho horas sobre sus piernas cruzadas.  Lo hace diariamente desde las ocho de la mañana y solo se detiene para comer o bañar.  A veces le duelen los dedos o su cabeza.  En el último mes solo acudió al colegio dos días.  Por las noches su hermano mayor le enseña a leer.  Se ha vuelto una experta en el oficio.  Ravi Nessman la entrevista y se sorprende de ver que su habilidad no se afecta por estar desconcentrada.  En algunas ocasiones se lleva su canasta de hojas y tabaco para trabajar a orillas del Ganges junto con algunas amigas.

 

Segira quisiera ser maestra y se lamenta de vez en cuando “el no poder jugar”.

El paracaídas

Tuni Levy | Miércoles 29 de abril, 2015

JARDÍN DE MATATENA | Tuni Levy

 

Charles Plumb era un piloto. Guerra de Vietnam. Piloto sagaz y exitoso. Después de 75 misiones de combate, a su jet lo derribó un misil. Charles logró eyectarse, su paracaídas se abrió y aterrizó en tierras enemigas. Capturado y torturado, pasó casi seis años en una prisión. Sobrevivió junto con otros 588 prisioneros, con quienes regresó a su país.

 

Una tarde, después de algún tiempo, mientras almorzaba con su mujer en un restaurante de la ciudad de Kansas, se le acercó un hombre. “Tu eres el capitán Plumb”. Miró hacia arriba y respondió: “Sí, yo soy el capitán Plumb”. “Tú piloteabas jets en Vietnam, estabas en el portaviones Kitty Hawk, te dispararon, caíste con un paracaídas en manos enemigas y pasaste seis años como prisionero de guerra.” “¿Cómo diablos sabes todo eso?” le replicó Plumb. “Porque yo empaqué tu paracaídas”, le contestó.

 

Plumb narra en su libro haberse quedado sin habla. Completamente helado. Lo único que hizo fue darle su mano agradecido. El hombre sostuvo su mano y dijo: “supongo que funcionó”. “Sí señor, por supuesto, nunca pensé que tendría la oportunidad de agradecerlo”.

 

Ese día Plumb no durmió. No pudo dejar de pensar en aquél hombre. Cómo se veía en el uniforme de la naval. Cuántas veces pasó por su presencia de largo a bordo del Kitty Hawk. Cuántas veces lo vio y no le dijo ni buenos días. “Porque”, el piloto cuenta en sus memorias, “yo era un piloto de combate y él era simplemente un marinero. ¿Cuántas horas pasó en la larga mesa de madera doblando los telares de esos paracaídas? Me importaba muy poco, hasta que un día mi paracaídas se apareció, y él lo empacó para mi”.