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Tuni Levy | Miércoles 15 de abril, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

Le dicen Doctor “Q”.  Lo entrevista CNN, la BBC. Viaja distancias para contar su historia.  La historia de un hombre que hace 26 años cruzó la frontera, “de ilegal” como la cruzan tantos.  Brincando la barda, arriesgando la vida, siendo detenido y volviéndolo a intentar ese mismo día.  De Mexicali a California, por que no alcanzaba para la vida.  Alfredo Quiñones Hinojosa trabajó en Fresno pizcando algodón, después cargando azufre y aceite de pescado en vagones de tren.  Vivió en una casa móvil parchada y posteriormente compartió un departamento de una recámara con cinco miembros de su familia.  Por las noches aprendía inglés para luego ingresar a la escuela técnica San Joaquin Delta College.  Un día casi pierde la vida al caer en un tanque transportador de petróleo.

 

 

La vida de Alfredo tenía otro camino.  Su talento y determinación lo hicieron merecedor de una beca en Berkley.  Después Harvard, la escuela de medicina.  Dr. Q pasó los siguientes seis años en la universidad de California donde hizo su internado, residencia y trabajo post doctoral.   Ahora es un prominente científico y neurocirujano del hospital John Hopkins, uno de los más importantes de Norteamérica.  Extirpa tumores cerebrales, investiga curas para el cáncer y enseña.  Opera unos 250 pacientes por año y se toma el tiempo de preguntarles como está su familia.

El Titanic y dos botellas de whiskey

Tuni Levy | Miércoles 25 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

El Titanic se hunde.  Charles Joughin junto con otros chefs del barco son los encargados de proveer a los botes salvavidas con alimentos.  Cuando la tarea es completada el chef regresa a su cabina a esperar “su destino”.  Una vez más se dirige a la cubierta para continuar ayudando a los pasajeros y declina el embarcarse en uno de los botes.  De nuevo aguarda en su camarote para encontrar consuelo en dos botellas de whiskey.  Media hora después emerge para lanzar sillas y otros artículos con la esperanza de dar sostén a aquellos que cayeron por la borda.

 
Joughin se mantuvo en la proa hasta que el Titanic fue completamente sumergido.  En las aguas bajo cero, conservó su vida durante lo que algunos estiman tres horas.  Quienes documentan la historia le atribuyen al nivel de alcohol en su sangre el haber sobrevivido el gélido Atlántico.  Dos botellas de whiskey fueron su salvavidas.

Una historia de capacidades diferentes y solidaridad

Tuni Levy | Miércoles 18 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

 

Desiree Andrews es una porrista.  Lleva el mismo uniforme que sus compañeras y una colita de lado.  Es ligeramente más pequeña que el resto de las niñas y sus dos mejillas rojas resaltan en su rostro.  Anima al equipo de basketball de la escuela secundaria “Lincoln”, en Kenosha, Wisconsin.  Desiree se mueve a su propio ritmo y no lleva los pasos exactos del resto del grupo.  La joven de octavo año escolar tiene Síndrome de Down.

 

El año pasado durante un partido unos estudiantes le hicieron burlas desde las gradas mientras la joven hacía su rutina de porrista.  En el receso tres jóvenes basquetbolistas abandonaron la cancha para hacer frente a los bullys.  “Cuando escuché que hablaban de ella me enojé”, explicó uno de los jóvenes.  “No te metas con ella”, fue lo que otro claramente les hizo saber a los niños de las gradas.  “Pueden parar, eso no está bien”.  Posteriormente el resto de los jóvenes deportistas mostraron su apoyo.

 

“No es justo que otros traten mal a las personas ya que somos todos iguales”, explicó uno de los miembros del equipo a la prensa.  El evento cambió a la pequeña escuela del pueblo.  Ahora planean reinaugurar el gimnasio con el nombre de “D`s House”.  El padre de la porrista en una entrevista expresa que ha tratado de hablar con los chicos que defendieron a su hija pero que las lágrimas se lo impiden.

 

Desiree camina en el pasillo de la escuela para dirigirse a su clase acompañada por miembros del equipo.

El cine y la vida

Tuni Levy | Miércoles 11 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

 

Con una tía paterna fui a ver “La guerra de las galaxias”; hubiera empeñado un brazo por una de las espadas con luz que vendían a la salida pero no había la confianza para insistirle a la tía en que me la comprara. En el cine Imperial 70 vi “Superman”.  Un domingo tempranero para agarrar buen lugar como lo prefería mi padre. Nos gustaba el Imperial; era un cine majestuoso para los ojos de una niña de 7. Fuimos constantes asistentes hasta el día en que se declaró inutilizable después del temblor del 85. En el Holywood vi “Karate Kid”.  En efecto soy de la generación a la cual inspiró su guion: “waxonwaxof; karate here, karate neve here”. En el “Corcel negro” traía una infección estomacal y me la pasé echando la comida en el baño del cine.  Mi madre me la tuvo que platicar camino a casa.

 

Recuerdo los domingos de matinée con el abuelo, prefería las funciones tempraneras y nosotros el cine en cualquiera de sus presentaciones.  Mis tíos Daniel y Raquel me llevaron a ver “Fantasía”, el Mickey hechicero y sus escobas nos metieron entre las butacas para luego salir entre hipopótamos danzantes.  “Indiana Jones y los buscadores del arca perdida” nos convirtieron en aventureros del jardín y su música acompañó  nuestras hazañas. “Back to the future” nos transportó en el tiempo; para “ET” necesitamos de pañuelos y una buena bicicleta.

 

Mi abuela me llevaba también a ver todas las versiones de “La risa en vacaciones” en el Diana, ella y todo el cine reía a carcajadas yo disfrutaba verla (a ella, mi abuela) y con eso me entretenía. Había un cine muy pequeño arriba del Comermex con la hilera mas larga de la ciudad,  donde las posibilidades de quedarse sin boleto rebasaban siempre las de entrar. A “Gandhi” la mostraron en El Plaza, recuerdo lo que me impactó y la fila que rodeaba la manzana.

 

A “Cocoon” la vi en el cine Polanco.  En esa misma sala el de adelante de la fila me echo a perder “The crying games” al explicarle en fuerte a su compañía que la película trataba acerca de un transexual.  Años después en ese mismo lugar vi “Schindler’s list” tras los barrotes de mis dedos.

 

La pantalla grande también hizo un poco más llevadero el inicio de mi juventud.  En el cine Tecamachalco (el peor de todos junto con el Sedena) vi “Pretty woman” y “Dead poet society”, la que se ha mantenido como mi favorita desde entonces, quizás por la forma en que marcó esa etapa de mi vida.  En el cine Tecamachalco, además de la película, podías ver ratas cruzando, y si el único lugar disponible era el palco, dos horas de función te tenían con el cuello volteado.

 

En el Hermanos Alva vi, hace 23 años, a lado de con quién hasta la fecha comparto el refresco, a Gerard Depardieu protagonizar a Cyrano de Bergerac.  Todavía sonrío al recordar. Hubo épocas en que nos echábamos la muestra entera. Los abonos y el tiempo libre nos hacían verlo todo: lo peor y lo mejor.  El “tiempo real” que manejaban algunas películas de arte era motivo de risas y de ganas a veces de cortarnos las venas.

 

A “Como agua para chocolate” la vi en el Latino con el orgullo ajeno de sentir que el buen cine mexicano estaba de vuelta.  En la Cineteca, más de una vez tuvimos que agarrar lugares separados por que era lo que había, y la primera fila nunca ha sido opción.  Ahí vi, creo, “El sueño de Arizona”, y la nombré desde entonces lo peor que han visto mis ojos.

 

Vi “The Matrix” con mis sobrinos y la tuve que rever por que la primera vez fui la traductora del pequeño Benjamin y le perdí el hilo. “Pulp Fiction” nos obsesionó a la bola de amigos, y los muy aferrados compramos el guión para releerlo en las tardes de ocio.  El cine Bella Época convertía a las películas en una especie de cine mudo, dado su equipo de sonido.  Lo sabíamos, y sin embargo ahí vimos la versión anterior de “Los miserables” y “La mujer de Benjamin”, película que mi amigo Dan rebautizó como el “Átame” mexicano: “Amárrame”.

 

Cuando mi primogénita cumplió 3 meses nos escapamos al cine donde pasados 15 minutos del inicio tuvimos que regresar a casa dado que la pequeña no paraba de llorar.  Las siguientes visitas fueron menos frecuentes hasta convertirse en cine familiar, donde la importancia del sabor de las palomitas rebasaba el contenido de la pantalla.

A Gabriela la llevamos pequeña a ver la última versión de “Los miserables”, “por que había leído el libro en adaptación infantil”.  Cuando a Ann Hathaway le cortaron el pelo tuvimos que salir corriendo.

A veces olvido el poder del cine y me trato de convencer de que los sustitutos caseros hacen bien su trabajo, hasta que las escapadas, cada vez más esporádicas, me confirman que no hay nada como la pantalla grande y cualquiera que sea su butaca

El cine, una especie de vida paralela, ha transcurrido entre gritos al “cácaro”, palomitas de un solo sabor, ratas y ratones, largas filas, -ya no hay lugar – ¿y entonces como me vendió un boleto? y butacas rotas. Que se ha transformado en Combos que por un peso adicional se convierten en Super Combos, clicks para escoger tu lugar, ninguna sorpresa por que ya viste el trailler, y satisfacción “garantizada”.

La vida sucediendo en el inter, o al revés.

 

 

Hitler y su Lucha

Tuni Levy | Jueves 5 de marzo, 2015

Por primera vez después de la guerra será editado el libro de Hitler “Mi lucha” en Alemania.

 

El Mein Kampf vuelve a Alemania.  La publicación del texto había sido prohibida pero pronto se anulará la restricción.

 

Al finalizar la guerra los derechos del libro pasaron, después de un juicio, junto con todos los bienes de Hitler, a manos del estado de Bavaria. Los derechos caducan el 31 de diciembre del 2015 haciendo legal la reimpresión de la obra en Alemania.  Aunque el libro era accesible en línea o en impresiones antiguas, la fecha marca un parteaguas.

 

El libro donde Adolfo Hitler delineó sus perspectivas políticas, incluida su inclinación antisemita, fue escrito mientras el dictador cumplía una condena en la prisión de Lansberg.  Ahora, después de un largo debate, saldrá una nueva publicación editada por el Instituto de Historia Contemporánea.  La edición tiene como objetivo ser una herramienta académica e incluirá comentarios para su análisis.

 

Las posturas encontradas son la noticia. Hay quienes entienden el proceso como una forma de desmitificar al libro. El director del Instituto de Historia Contemporánea subraya que se hará un trabajo anti-Hitler.  Para la jefa del gabinete bávaro, no es tarea del estado difundir propaganda Nazi.  El ministro de cultura argumenta que no se puede atentar contra la libertad científica.  El próximo año estará la publicación en las manos de los ciudadanos alemanes. Será su opción utilizarlo como propaganda hacia la intolerancia, o como lección.

El Oscar y un chico raro

Tuni Levy | Miércoles 25 de febrero, 2015

Hace 23 años se quería suicidar, hoy sostiene un Oscar

 

Escucha su nombre en la voz de Oprah.  Camina al estrado repartiendo algunos abrazos.  Recibe su estatuilla y agradece a todos los involucrados en el proceso.  Después de una pausa, introduce su pensamiento con un “Así esta la cosa:”  “Trate de suicidarme a los 16 por que me sentía raro, y me sentía diferente y sentía que no pertenecía, y ahora estoy parado aquí”.  Moore aprovecha la plataforma y agrega:  “Por lo tanto me gustaría que este momento sea para ese chico ahí afuera que siente que es raro o que es diferente o que no encaja en ningún lugar.  Sí encajas.  Sí.  Quédate raro, quédate diferente.  Y cuando sea tu turno de pararte en este escenario, pasa el mensaje”.

 

Primer largometraje para Graham Moore, primera nominación, primer Oscar.  Explica en una entrevista que pensó:  “¿Cuándo voy a tener esta plataforma otra vez?” y se animó.  La ovación no se hizo esperar, la cámara enfocó a varios artistas con ojos llorosos.  Moore sabía lo que hacía, su talento lo subió a la plataforma y le dirigió los reflectores.  Su valor conmovió a millones de todos los rincones.

 

Si a tan solo un joven lo hizo sentir mejor, todo mereció la pena.

Mi sastre y los Beatles

Tuni Levy | Jueves 19 de febrero, 2015

La música de Los Beatles entre máquinas de coser

 

Es mi sastre desde hace casi 15 años.  Fue el del rumbo en ese entonces, y lo sigue siendo a pesar de que ahora la distancia de mi casa hasta su taller ya es mas larga.  Lo sigue siendo por que hay oficios con los que uno adquiere compromisos mutuos.

 

Gerardo sabe que aunque de pronto yo amenace, la relación está dada y seguirá remendando los agujeros en los pantalones de Samuel y confeccionando mis dobladillos.  “Ya me voy a ir con otro.”  “No señora Tuni, usted sabe que le doy precio.”  También sabe que invariablemente le pelearé el costo; supongo que por eso el inicial que me presenta, en todos los casos, está sujeto a negociación.

 

Siempre me ha parecido curioso que las paredes de su sastrería están tapizadas con posters, rompecabezas y fotos de los Beatles, y la última vez que visite su local me animé a preguntar.  Gerardo tiene 45 años, 30 de ser sastre y 25 de ser fan.  Los Beatles enriquecen su vida, la decoran, la levantan, la mejoran, la marcan.  “Por un regalo me volví fan; era un casette pirata: ‘Balada de los Beatles, una recopilación.’  De ahí me enganché, con la de ‘In my Life,’ que es mi favorita.  La escribió John y Paul pero realmente es de John, así como la de Yesterday.”

 

Gerardo habla del grupo con familiaridad, como si los conociera íntimamente.  Describe su música con detalle, conoce lo que nadie sabe de cada uno de sus ídolos y nunca, nunca se pierde un concierto.  “He ido a los 5 de Paul y en marzo veo el tercero de Ringo.”  El dinero y el esfuerzo es secundario cuando los necesita escuchar: “Con mi guardadito pagué 12 mil en El Foro Sol para llevar a mi hijo.”  Un cliente le platicó una vez algo de un show de “Love”, en Las Vegas: “Yo ni visa ni pasaporte, pero ahorré y me llevé a toda la familia al hotel Mirage…”

 

Tiene toda su música en vinil, CDs y en Ipod.  Los escucha por Universal Stereo diariamente de 8 a 9 y de 1 a 2.  Alguna vez me tocó escuchar el programa en su taller mientras recogía algo.  “Sus letras me inspiran hacia todo lo que hago…escuchar su música me inspira a actuar, a salir adelante, tirar buena onda en todas mis acciones.”

 

Le pido, cual museo, una visita guiada a su pared y me la ofrece entusiasmado: “Estos son regalos de clientes, esta la primera foto, este mi mejor recuerdo (los boletos enmarcados de el espectáculo de Love), tengo el reloj de Los Beatles de Universal Stereo, rompecabezas de mil piezas.”  Señala una pequeña batería y me explica: “Es una réplica de la original, me costó mil pesos y mi señora me dijo que estaba loco.” Hay una baraja enmarcada y regalos, muchos, acumulados de clientes.

 

“No me imagino mi vida sin Los Beatles.  Lo primero que hago es escucharlos, si estoy deprimido me relajo, es una buena terapia.”   Me narra el instante en un concierto en que Paul cantó “Something” con el ukulele y luego sonaron los acordes fuertes y salió la imagen de George: “Sentí que estaba bajando del cielo, fue la euforia y la locura… para uno que es fan, ver a Harrison, dijimos, revivió… lo tengo grabado en celular.”  Las anécdotas no acaban, me voy por que ya es hora, pero podría quedarme la tarde entera a escuchar.  Agradezco la entrevista y de salida recuerdo a lo que fui inicialmente: “Entonces ¿para el miércoles?”  “Si, para el miércoles.”

 

Masacres, no genocidios

Tuni Levy | Miércoles 11 de febrero, 2015

La acusación mutua de genocidio entre Serbia y Croacia es rechazada

 

La Haya ha dictado sentencia.  Ni Serbia ni Croacia cometieron genocidio.  Asesinatos sí. Violaciones, maltratos y desplazamientos forzosos de civiles en ambos territorios también.  La guerra de descomposición de la antigua Yugoslavia derramó cuanta sangre pudo, pero con otras intenciones.  Lo que la Corte Internacional de Justicia no encontró fue una intención expresa de destruir a un grupo humano concreto o el propósito sistemático de acabar con otra etnia. Una sola resolución para ambas demandas y la votación contundente de los jueces.  Se encontraron otras intenciones como la de expulsar croatas o la recuperación de territorio.

 

Lo que se confirma son las masacres: 10,000 croatas, 7,000 serbios.  Un trágico pasado.  Ahora el camino de establecer relaciones, cicatrizar heridas y buscar en ambos pueblos la reconciliación.

Auschwitz 70 años

Tuni Levy | Miércoles 4 de febrero, 2015

A 70 años de su liberación

 

Pintores, políticos, escritores, comerciantes, académicos, rabinos, novelistas, filántropos, ingenieros, plomeros, artistas, mecánicos, doctores, agentes secretos, soldados, abogados, ginecólogas, campeones olímpicos, físicos matemáticos, amas de casa, maestros, artistas gráficos, enfermeras, contadores, directores de cine y teatro, neurólogos, primeros ministros, economistas, historiadores, padres, madres, hijos, abuelos, sacerdotes, rabinas, panaderos, cantantes de cabaret, lideres espirituales, compositores, niñas y niños, jóvenes, conductores, santas, gimnastas, entrenadores de futbol, interpretes, traductoras, bailarinas, meseras y estudiantes.

 

Por su sangre, su apellido, su ascendencia.  Por su raza, su religión, su credo.  Por sus preferencias sexuales, sus inclinaciones políticas.  Por no traicionar a la raza humana o por rehusarse a delatar.

 

Un tren sin retorno, trabajos forzados, trato inhumano y la marcha hacia una cámara de gas.

 

Por la conciencia.  Por los que se fueron y los que pudieron escapar.  Setenta años de la liberación de Auschwitz, porque nunca más.

Nigeria y Boko Haram

Tuni Levy | Jueves 29 de enero, 2015

La organización terrorista no se cansa y parece que tampoco se debilita

 

No se sabe cuantos muertos.  Según un residente local nadie se quedó a contar: “todos estábamos corriendo para salir del pueblo.

 

El mundo ocupado con otros horrores como lo señala Jorge Hernández del País y Boko Haram eligiendo el principio del año y el estado de Baga en Nigeria para continuar con lo que uno de sus líderes señala “los hemos matado como Alah ordenó en su libro”.

 

Una niña previamente secuestrada, envuelta en explosivos estalló en un mercado matando a mas de veinte civiles.  En otra localidad hubo quién no alcanzó a irse cuando llegaron los rebeldes y según uno de los jefes de distrito la mayoría de las victimas son niños, mujeres y personas mayores que no pudieron correr lo suficientemente rápido.  Las cifras inexactas calculan que el saldo rebasa los dos mil.

 

De acuerdo con Amnistía Internacional es la masacre con mas numero de muertos atribuida a el grupo radical extremista.

 

Setenta por ciento del estado de Borno en manos de la organización terrorista.  Casas y comercios en llamas.  Refugiados que aumentan en cifras todos los días.  Los medios locales y extranjeros cubriendo a medias los sucesos.  Niñas secuestradas, las de abril y las de ayer.  Un gobierno que prefiere no hablar.  140 niños o mas que no encuentran a sus padres.  Cuerpos que nadie contó.  El mundo inmerso en demasiado.  Y Boko Haram amenazando con más.

Adiós a la escuela

Tuni Levy | Jueves 22 de enero, 2015

Una segunda vez en la Universidad.

 

Adiós otra vez.  El asunto después de 20 años se había arrinconado en mi cabeza.  Telarañas y polvo cubrían lo que alguna vez comencé.  Y no era por que creer que significaba mucho el convertirme en una internacionalista titulada, sino por el pendiente.  El compromiso propio, el cierre de ciclo.

 

 

Un día me tomó desprevenida la decisión.  Fui disque a pedir informes y, contra parte de mi voluntad, los astros se alinearon para que justo coincidiera el día de la inscripción y el coordinador de la carrera me quitara buena parte de los pretextos; la otra parte me la quitó mi marido.

 

 

Así, sin mucha conciencia de lo que estaba haciendo, regresé una mañana de mis casi 40 años cumplidos a las aulas universitarias.  Las piernas, habré de reconocerlo, titubeaban y hasta se tambaleaban ligeramente al subir el escalón.  Titubeaba entera yo, por sentarme junto a pupitres con niños que podrían ser mis hijos, por el reto de abrir los cajones del cerebro y agilizar la escasa memoria que tengo, por explayar lo que creo que entiendo en una hoja de papel o en la virtualidad de un trabajo.

 

 

Mi última clase fue hace poco mas de un mes.  Lo dije sin percatarme: “Esta es la última hora de mi última clase de mi regreso a la escuela.”

 

 

El balance es heterogéneo por que así es la universidad.  Tuve maestros de todo.  El que negó la existencia del Movimiento del 68, la que aún considera a Yugoslavia un país (y la tarea consistía en estudiar su sistema político).  La que venía como enviada diplomática y la academia la dejó en su casa.  El que ejercía su oficio para vender ideas propias sin entender que los recintos académicos forman, no moldean a voluntad.

 

 

También tuve el privilegió de aprender a una edad, cuando en la mayoría ya no toca.  Aprender de la macroeconomía (con gráficas, ecuaciones y todo).  De dos maravillosas investigadoras que cientificaron mi pensamiento, me forzaron a sustituir los “yo opino que…” por argumentos sólidos, me orillaron a cuestionar al mas consistente de los planteamientos, a pensar fuera de la caja.  Me llevo conmigo las enseñanzas de mis profesores de los veranos en el Colmex, quienes me dieron lecciones con el ejemplo de que algo se puede hacer con el México marchito que a veces tenemos.  Literal, quemé pestañas leyendo historia, actualidad y conflictos donde más que información almacenada me quedo con saber que los eventos no son unicausales, que la historia no tiene dos vistas sino decenas, que las fachadas no son sino eso y el proceso intelectual de entender significa derrumbarlas.  En ambas instituciones, la Ibero y el Colmex, encontré profesores abridores de posibilidades, promotores del pensamiento, verdaderos educadores que nunca olvidaré.

 

 

Mis tardes y noches de estudiar hasta la inconciencia, mis mañanas madrugadoras de aventarme por el elevador para sí llegar, valieron todas la pena por el placer de sentarme en una clase, sólo en una, y de pronto saber que la o el que se paró enfrente entiende algo muy bien.

 

 

Aprendí también de mis compañeros, de escuchar al otro.  De esos algunos jóvenes que van a cambiar al mundo.  Me volví tolerante y hasta incluyente con opiniones que no eran las mías, con la diversidad de ideas, posturas y juicios.  No faltó quién me sorprendiera con su elocuencia, con encontrar en el mar de lo improbable la posibilidad.

 

 

Debo reconocer también que extrañe en mí a la otra, a la que tenía una veintena de años menos.  Esa que se presentaba a los exámenes sin el menor pendiente por no haber estudiado.  La que se desveló en una peña hasta las tres de la mañana cuando había a las siete examen de trigonometría.  La que consideraba que un 7.5 u 8 eran perfecto reflejo de su esfuerzo.  Extrañé mi tiempo, a mis amigos, la frescura con que se inicia y los pocos pendientes que tenía en mi cabeza.

 

 

Le dije adiós a la escuela, esta vez con mi kárdex completo.  Sin deberle nada a la canastilla de los pendientes.  Me compré un café y caminé hasta el último lugar del estacionamiento que todas las mañanas estuvo reservado para mí.