Jugar al secuestro

Tuni Levy | Viernes 22 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

No quería escribir del tema. No me atrevía ni siquiera a ahondar en la noticia.  Es de esas historias que uno pide que no sean verdad, que la nota esté equivocada, que no sea un menor de edad, que no sean los otros involucrados los menores de edad.  Que no en este mundo ó que por lo menos en otra parte del mundo (como si hiciera la diferencia). Pero pasó y la noticia estuvo en muchos encabezados.  Yo me traté de escapar, pero fue inevitable, sucedió y aquí está.

 

El jueves pasado Cristopher salió de su casa en la colonia Laderas de San Guillermo, en Chihuahua.  Un grupo de niños y niñas, vecinos del barrio, de entre 15 y 11 años lo encontraron fuera de su domicilio y lo invitaron a recoger leña.  Una vez alejados de la zona habitacional, decidieron “jugar al secuestro con él”. Lo ataron.  Lo golpearon con piedras en el rostro. Según la investigación, una de las niñas lo apuñaló por la espalda. Lo sofocaron con un palo en el cuello.  Cristopher murió. Excavaron y lo enterraron, según las fuentes, junto a un animal muerto para disimular el olor.  Concepción, su madre interpuso el reporte ante las autoridades y la alerta Amber se activó.  No fue sino hasta el sábado, tras la confesión de uno de los menores, que se le encontró.

 

Algo anda mal cuando en un país los niños juegan al secuestro.  Algo anda mal por todas partes: en las instituciones, en todos los niveles de gobierno: desde arriba hasta abajo y a los lados, en el sistema educativo, en los tejidos sociales, en las familias, en las personas que componemos uno a uno esta sociedad.

 

Cómo vive Assange en la embajada

Tuni Levy | Jueves 14 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

El 16 de marzo de este año Julian Assange cumplió 1,000 días de vivir en la embajada ecuatoriana de Londres.

 

 

La embajada de Ecuador tiene el tamaño de un departamento y el fundador de WikiLeaks ocupa un cuarto.  En un principio, el personal le proporcionó un colchón inflable pero cuando el confinamiento se volvió evidente, consiguieron una cama.  Ken Loch le donó una maquina para correr y corre de 3 a 5 millas al día.  Comparte un baño y tiene una pequeña cocineta.  El periodista Patrick Kingsley documenta haber visto en su visita dentro de su habitación plumas, CD´s para quemar, una impresora y un diccionario en español.  En la esquina del cuarto hay una mesa redonda para recibir periodistas y colegas.  Tiene una máquina ultravioleta para compensar la ausencia de la luz del sol.  También hay una computadora con conexión a Internet.

 

 

Assange extraña a sus familiares y teme por la seguridad de estos.  Ellos han cambiado de domicilio y de identidad tras haber recibido amenazas de muerte.  Trabaja la mayor parte del día, y para relajarse ve series de televisión.  Al principio se trasladaba con frecuencia de habitación por miedo a ser sorprendido; desde hace algún tiempo ya no lo hace.  En sus palabras “el personal de la embajada se ha vuelto su familia”.  El aire acondicionado le ha provocado tos crónica y presión alta.  En ocasiones no puede dormir debido al ruido ocasionado por las entregas de cargamento de la tienda Harrods y por los cambios de turno de los guardias.  Le gustaría caminar por el bosque.

 

 

Desde el 2012 la policía Metropolitana de Londres vigila la zona.  Tienen órdenes de revisar a quien entra y sale, y de arrestar a Assange si intenta dejar la embajada.  Según cifras proporcionadas por el departamento, el gasto diario de custodiar la embajada es de 10,500 libras por día (unos 17,000 dólares).  Esta cantidad proviene de los impuestos de los ciudadanos británicos, quienes en varias ocasiones han mostrado su inconformidad.  Dos mujeres suecas esperan llevarlo a juicio por abuso sexual.  Assange admite no tener problema en ir a declarar si se le garantiza que EU no buscará su extradición.

 

 

Decca Aitkenhead periodista de The Guardian le preguntó hace unos años si ha considerado la posibilidad de que podría vivir en la embajada por el resto de su vida.  Assange admitió que sí, y agregó: “Por supuesto que supera la prisión de alta seguridad”.

 

Enrollando Cigarrillos

Tuni Levy | Jueves 7 de mayo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

Sagira tiene once años.  Enrolla cigarrillos desde los siete en su pueblo natal, Dhuliyan, del este de India.  Se sienta por ocho horas sobre sus piernas cruzadas.  Lo hace diariamente desde las ocho de la mañana y solo se detiene para comer o bañar.  A veces le duelen los dedos o su cabeza.  En el último mes solo acudió al colegio dos días.  Por las noches su hermano mayor le enseña a leer.  Se ha vuelto una experta en el oficio.  Ravi Nessman la entrevista y se sorprende de ver que su habilidad no se afecta por estar desconcentrada.  En algunas ocasiones se lleva su canasta de hojas y tabaco para trabajar a orillas del Ganges junto con algunas amigas.

 

Segira quisiera ser maestra y se lamenta de vez en cuando “el no poder jugar”.

El paracaídas

Tuni Levy | Miércoles 29 de abril, 2015

JARDÍN DE MATATENA | Tuni Levy

 

Charles Plumb era un piloto. Guerra de Vietnam. Piloto sagaz y exitoso. Después de 75 misiones de combate, a su jet lo derribó un misil. Charles logró eyectarse, su paracaídas se abrió y aterrizó en tierras enemigas. Capturado y torturado, pasó casi seis años en una prisión. Sobrevivió junto con otros 588 prisioneros, con quienes regresó a su país.

 

Una tarde, después de algún tiempo, mientras almorzaba con su mujer en un restaurante de la ciudad de Kansas, se le acercó un hombre. “Tu eres el capitán Plumb”. Miró hacia arriba y respondió: “Sí, yo soy el capitán Plumb”. “Tú piloteabas jets en Vietnam, estabas en el portaviones Kitty Hawk, te dispararon, caíste con un paracaídas en manos enemigas y pasaste seis años como prisionero de guerra.” “¿Cómo diablos sabes todo eso?” le replicó Plumb. “Porque yo empaqué tu paracaídas”, le contestó.

 

Plumb narra en su libro haberse quedado sin habla. Completamente helado. Lo único que hizo fue darle su mano agradecido. El hombre sostuvo su mano y dijo: “supongo que funcionó”. “Sí señor, por supuesto, nunca pensé que tendría la oportunidad de agradecerlo”.

 

Ese día Plumb no durmió. No pudo dejar de pensar en aquél hombre. Cómo se veía en el uniforme de la naval. Cuántas veces pasó por su presencia de largo a bordo del Kitty Hawk. Cuántas veces lo vio y no le dijo ni buenos días. “Porque”, el piloto cuenta en sus memorias, “yo era un piloto de combate y él era simplemente un marinero. ¿Cuántas horas pasó en la larga mesa de madera doblando los telares de esos paracaídas? Me importaba muy poco, hasta que un día mi paracaídas se apareció, y él lo empacó para mi”.

Morir por malaria o por hambre

Tuni Levy | Miércoles 22 de abril, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La Columna de Tuni Levy

Mwewa Ndefi vive en Zambia. Tiene siete hijos y una esposa. Geffrey Gettleman, del New York Times, lo entrevista y narra como todas las mañanas Mwewa despierta con los primeros rayos del sol para ir a pescar con una red inmensa que construyó uniendo redes que se repartieron en su país para combatir la malaria. Sabe que está mal, sabe que los riesgos de contraer la enfermedad son altos, pero es la única forma que encontraron él y muchos otros africanos para ganarse la vida.

 

 

Gobiernos de Occidente y fundaciones donaron el dinero para la fabricación de las redes. China y Vietnam las fabrican y los ministerios de salud locales las distribuyen. Millones de redes se han distribuido en el continente para prevenir la enfermedad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las redes para la malaria son el primer factor que ha contribuido a la disminución de la tasa de muerte por esa causa. Sin embargo, el uso de las redes para otros fines preocupa a los funcionarios de salud.

 

 

Desde Nigeria hasta Mozambique esta es una práctica común que causa daños colaterales. Las redes contaminan el agua que en ocasiones se usa para beber con el insecticida que contienen. También atrapan huevecillos y peces pequeños que no han madurado debido a que su estructura arrasa con todo en su camino por no estar diseñadas para ese fin. El efecto al ecosistema en los lagos de África es una gran preocupación.

 

 

Una red verdadera cuesta, según la investigación de Gettleman, 50 dólares, pero adquirirla en países donde la población vive con unos pocos dólares al día es cada vez más difícil. Según cifras oficiales, 87.2% de las familias en el lago Tanganica usan las redes contra la malaria para pescar.

 

 

Mwewa sabe que está mal, sabe que los riesgos de que algún miembro de su familia contraiga malaria son altos, pero también sabe que morir de hambre no es opción.

 Indocumentado también

Tuni Levy | Miércoles 15 de abril, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

Le dicen Doctor “Q”.  Lo entrevista CNN, la BBC. Viaja distancias para contar su historia.  La historia de un hombre que hace 26 años cruzó la frontera, “de ilegal” como la cruzan tantos.  Brincando la barda, arriesgando la vida, siendo detenido y volviéndolo a intentar ese mismo día.  De Mexicali a California, por que no alcanzaba para la vida.  Alfredo Quiñones Hinojosa trabajó en Fresno pizcando algodón, después cargando azufre y aceite de pescado en vagones de tren.  Vivió en una casa móvil parchada y posteriormente compartió un departamento de una recámara con cinco miembros de su familia.  Por las noches aprendía inglés para luego ingresar a la escuela técnica San Joaquin Delta College.  Un día casi pierde la vida al caer en un tanque transportador de petróleo.

 

 

La vida de Alfredo tenía otro camino.  Su talento y determinación lo hicieron merecedor de una beca en Berkley.  Después Harvard, la escuela de medicina.  Dr. Q pasó los siguientes seis años en la universidad de California donde hizo su internado, residencia y trabajo post doctoral.   Ahora es un prominente científico y neurocirujano del hospital John Hopkins, uno de los más importantes de Norteamérica.  Extirpa tumores cerebrales, investiga curas para el cáncer y enseña.  Opera unos 250 pacientes por año y se toma el tiempo de preguntarles como está su familia.

El Titanic y dos botellas de whiskey

Tuni Levy | Miércoles 25 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

El Titanic se hunde.  Charles Joughin junto con otros chefs del barco son los encargados de proveer a los botes salvavidas con alimentos.  Cuando la tarea es completada el chef regresa a su cabina a esperar “su destino”.  Una vez más se dirige a la cubierta para continuar ayudando a los pasajeros y declina el embarcarse en uno de los botes.  De nuevo aguarda en su camarote para encontrar consuelo en dos botellas de whiskey.  Media hora después emerge para lanzar sillas y otros artículos con la esperanza de dar sostén a aquellos que cayeron por la borda.

 
Joughin se mantuvo en la proa hasta que el Titanic fue completamente sumergido.  En las aguas bajo cero, conservó su vida durante lo que algunos estiman tres horas.  Quienes documentan la historia le atribuyen al nivel de alcohol en su sangre el haber sobrevivido el gélido Atlántico.  Dos botellas de whiskey fueron su salvavidas.

Una historia de capacidades diferentes y solidaridad

Tuni Levy | Miércoles 18 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

 

Desiree Andrews es una porrista.  Lleva el mismo uniforme que sus compañeras y una colita de lado.  Es ligeramente más pequeña que el resto de las niñas y sus dos mejillas rojas resaltan en su rostro.  Anima al equipo de basketball de la escuela secundaria “Lincoln”, en Kenosha, Wisconsin.  Desiree se mueve a su propio ritmo y no lleva los pasos exactos del resto del grupo.  La joven de octavo año escolar tiene Síndrome de Down.

 

El año pasado durante un partido unos estudiantes le hicieron burlas desde las gradas mientras la joven hacía su rutina de porrista.  En el receso tres jóvenes basquetbolistas abandonaron la cancha para hacer frente a los bullys.  “Cuando escuché que hablaban de ella me enojé”, explicó uno de los jóvenes.  “No te metas con ella”, fue lo que otro claramente les hizo saber a los niños de las gradas.  “Pueden parar, eso no está bien”.  Posteriormente el resto de los jóvenes deportistas mostraron su apoyo.

 

“No es justo que otros traten mal a las personas ya que somos todos iguales”, explicó uno de los miembros del equipo a la prensa.  El evento cambió a la pequeña escuela del pueblo.  Ahora planean reinaugurar el gimnasio con el nombre de “D`s House”.  El padre de la porrista en una entrevista expresa que ha tratado de hablar con los chicos que defendieron a su hija pero que las lágrimas se lo impiden.

 

Desiree camina en el pasillo de la escuela para dirigirse a su clase acompañada por miembros del equipo.

El cine y la vida

Tuni Levy | Miércoles 11 de marzo, 2015

JARDÍN DE MATATENA | La columna de Tuni Levy

 

Con una tía paterna fui a ver “La guerra de las galaxias”; hubiera empeñado un brazo por una de las espadas con luz que vendían a la salida pero no había la confianza para insistirle a la tía en que me la comprara. En el cine Imperial 70 vi “Superman”.  Un domingo tempranero para agarrar buen lugar como lo prefería mi padre. Nos gustaba el Imperial; era un cine majestuoso para los ojos de una niña de 7. Fuimos constantes asistentes hasta el día en que se declaró inutilizable después del temblor del 85. En el Holywood vi “Karate Kid”.  En efecto soy de la generación a la cual inspiró su guion: “waxonwaxof; karate here, karate neve here”. En el “Corcel negro” traía una infección estomacal y me la pasé echando la comida en el baño del cine.  Mi madre me la tuvo que platicar camino a casa.

 

Recuerdo los domingos de matinée con el abuelo, prefería las funciones tempraneras y nosotros el cine en cualquiera de sus presentaciones.  Mis tíos Daniel y Raquel me llevaron a ver “Fantasía”, el Mickey hechicero y sus escobas nos metieron entre las butacas para luego salir entre hipopótamos danzantes.  “Indiana Jones y los buscadores del arca perdida” nos convirtieron en aventureros del jardín y su música acompañó  nuestras hazañas. “Back to the future” nos transportó en el tiempo; para “ET” necesitamos de pañuelos y una buena bicicleta.

 

Mi abuela me llevaba también a ver todas las versiones de “La risa en vacaciones” en el Diana, ella y todo el cine reía a carcajadas yo disfrutaba verla (a ella, mi abuela) y con eso me entretenía. Había un cine muy pequeño arriba del Comermex con la hilera mas larga de la ciudad,  donde las posibilidades de quedarse sin boleto rebasaban siempre las de entrar. A “Gandhi” la mostraron en El Plaza, recuerdo lo que me impactó y la fila que rodeaba la manzana.

 

A “Cocoon” la vi en el cine Polanco.  En esa misma sala el de adelante de la fila me echo a perder “The crying games” al explicarle en fuerte a su compañía que la película trataba acerca de un transexual.  Años después en ese mismo lugar vi “Schindler’s list” tras los barrotes de mis dedos.

 

La pantalla grande también hizo un poco más llevadero el inicio de mi juventud.  En el cine Tecamachalco (el peor de todos junto con el Sedena) vi “Pretty woman” y “Dead poet society”, la que se ha mantenido como mi favorita desde entonces, quizás por la forma en que marcó esa etapa de mi vida.  En el cine Tecamachalco, además de la película, podías ver ratas cruzando, y si el único lugar disponible era el palco, dos horas de función te tenían con el cuello volteado.

 

En el Hermanos Alva vi, hace 23 años, a lado de con quién hasta la fecha comparto el refresco, a Gerard Depardieu protagonizar a Cyrano de Bergerac.  Todavía sonrío al recordar. Hubo épocas en que nos echábamos la muestra entera. Los abonos y el tiempo libre nos hacían verlo todo: lo peor y lo mejor.  El “tiempo real” que manejaban algunas películas de arte era motivo de risas y de ganas a veces de cortarnos las venas.

 

A “Como agua para chocolate” la vi en el Latino con el orgullo ajeno de sentir que el buen cine mexicano estaba de vuelta.  En la Cineteca, más de una vez tuvimos que agarrar lugares separados por que era lo que había, y la primera fila nunca ha sido opción.  Ahí vi, creo, “El sueño de Arizona”, y la nombré desde entonces lo peor que han visto mis ojos.

 

Vi “The Matrix” con mis sobrinos y la tuve que rever por que la primera vez fui la traductora del pequeño Benjamin y le perdí el hilo. “Pulp Fiction” nos obsesionó a la bola de amigos, y los muy aferrados compramos el guión para releerlo en las tardes de ocio.  El cine Bella Época convertía a las películas en una especie de cine mudo, dado su equipo de sonido.  Lo sabíamos, y sin embargo ahí vimos la versión anterior de “Los miserables” y “La mujer de Benjamin”, película que mi amigo Dan rebautizó como el “Átame” mexicano: “Amárrame”.

 

Cuando mi primogénita cumplió 3 meses nos escapamos al cine donde pasados 15 minutos del inicio tuvimos que regresar a casa dado que la pequeña no paraba de llorar.  Las siguientes visitas fueron menos frecuentes hasta convertirse en cine familiar, donde la importancia del sabor de las palomitas rebasaba el contenido de la pantalla.

A Gabriela la llevamos pequeña a ver la última versión de “Los miserables”, “por que había leído el libro en adaptación infantil”.  Cuando a Ann Hathaway le cortaron el pelo tuvimos que salir corriendo.

A veces olvido el poder del cine y me trato de convencer de que los sustitutos caseros hacen bien su trabajo, hasta que las escapadas, cada vez más esporádicas, me confirman que no hay nada como la pantalla grande y cualquiera que sea su butaca

El cine, una especie de vida paralela, ha transcurrido entre gritos al “cácaro”, palomitas de un solo sabor, ratas y ratones, largas filas, -ya no hay lugar – ¿y entonces como me vendió un boleto? y butacas rotas. Que se ha transformado en Combos que por un peso adicional se convierten en Super Combos, clicks para escoger tu lugar, ninguna sorpresa por que ya viste el trailler, y satisfacción “garantizada”.

La vida sucediendo en el inter, o al revés.

 

 

Hitler y su Lucha

Tuni Levy | Jueves 5 de marzo, 2015

Por primera vez después de la guerra será editado el libro de Hitler “Mi lucha” en Alemania.

 

El Mein Kampf vuelve a Alemania.  La publicación del texto había sido prohibida pero pronto se anulará la restricción.

 

Al finalizar la guerra los derechos del libro pasaron, después de un juicio, junto con todos los bienes de Hitler, a manos del estado de Bavaria. Los derechos caducan el 31 de diciembre del 2015 haciendo legal la reimpresión de la obra en Alemania.  Aunque el libro era accesible en línea o en impresiones antiguas, la fecha marca un parteaguas.

 

El libro donde Adolfo Hitler delineó sus perspectivas políticas, incluida su inclinación antisemita, fue escrito mientras el dictador cumplía una condena en la prisión de Lansberg.  Ahora, después de un largo debate, saldrá una nueva publicación editada por el Instituto de Historia Contemporánea.  La edición tiene como objetivo ser una herramienta académica e incluirá comentarios para su análisis.

 

Las posturas encontradas son la noticia. Hay quienes entienden el proceso como una forma de desmitificar al libro. El director del Instituto de Historia Contemporánea subraya que se hará un trabajo anti-Hitler.  Para la jefa del gabinete bávaro, no es tarea del estado difundir propaganda Nazi.  El ministro de cultura argumenta que no se puede atentar contra la libertad científica.  El próximo año estará la publicación en las manos de los ciudadanos alemanes. Será su opción utilizarlo como propaganda hacia la intolerancia, o como lección.

El Oscar y un chico raro

Tuni Levy | Miércoles 25 de febrero, 2015

Hace 23 años se quería suicidar, hoy sostiene un Oscar

 

Escucha su nombre en la voz de Oprah.  Camina al estrado repartiendo algunos abrazos.  Recibe su estatuilla y agradece a todos los involucrados en el proceso.  Después de una pausa, introduce su pensamiento con un “Así esta la cosa:”  “Trate de suicidarme a los 16 por que me sentía raro, y me sentía diferente y sentía que no pertenecía, y ahora estoy parado aquí”.  Moore aprovecha la plataforma y agrega:  “Por lo tanto me gustaría que este momento sea para ese chico ahí afuera que siente que es raro o que es diferente o que no encaja en ningún lugar.  Sí encajas.  Sí.  Quédate raro, quédate diferente.  Y cuando sea tu turno de pararte en este escenario, pasa el mensaje”.

 

Primer largometraje para Graham Moore, primera nominación, primer Oscar.  Explica en una entrevista que pensó:  “¿Cuándo voy a tener esta plataforma otra vez?” y se animó.  La ovación no se hizo esperar, la cámara enfocó a varios artistas con ojos llorosos.  Moore sabía lo que hacía, su talento lo subió a la plataforma y le dirigió los reflectores.  Su valor conmovió a millones de todos los rincones.

 

Si a tan solo un joven lo hizo sentir mejor, todo mereció la pena.