Raymundo Riva Palacio.

1ER. TIEMPO: Cuando los extremos se tocan. Hay todavía quien se pregunta por qué el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, escogió a Manuel Bartlett como próximo director de la Comisión Federal de Electricidad. Las grandes interrogantes no son sobre su capacidad técnica o financiera, sino por su pasado. Toda esa carga le volvió a caer a Bartlett, quien lleva todo lo que va del siglo en purificarse. “Inteligente y astuto”, “duro y sin sentido del humor”, es como los servicios de inteligencia de Estados Unidos veían a Bartlett en los años ochentas, cuando era el poderoso secretario de Gobernación del presidente Miguel de la Madrid. El 24 de mayo de 1987, el legendario columnista Jack Anderson y su brazo derecho, Dale Van Atta, publicaron en The Washington Post y otros 450 periódicos en Estados Unidos, que Bartlett era a quien mejor veían los servicios de inteligencia para ser el siguiente presidente de México. Había dos razones por las cuales lo catalogaban  de esa forma. Una era que había manejado elecciones, “limpias o fraudulentas” desde 1981, por lo que tenía el apoyo del PRI, y la otra era que tenía su propia base institucional al disponer de extensos expedientes de los líderes políticos y de cualquier que tuviera influencia en México.  Bartlett era considerado un activo de la CIA y veían que, de llegar a la Presidencia, sería lo mejor que podría pasarle a los intereses de Estados Unidos. En un extenso documento de la agencia fechado el 24 de febrero de 1984, ampliamente censurado, mencionaban por ejemplo el choque entre el secretario de Gobernación y el líder del PRI, Adolfo Lugo Verduzco, que estaban obstaculizando la mejoría de la imagen del partido, afectada por la recesión económica. “Debido a que las decisiones se toman de arriba hacia abajo”, decía la CIA, “últimamente será el presidente De la Madrid quien decida qué rumbo tomar”. De la Madrid se deshizo de Lugo Verduzco dos años después. Bartlett gustaba en Washington por su compromiso en el combate de los grupos de izquierda. Informes de la CIA describen cómo ordenó intervenir en las elecciones sindicales para impedir que tomara control la izquierda y mantuvieran el liderazgo aquellos afines al gobierno, y cómo buscó desacreditar al sindicato de electricistas porque estaba apoyando financieramente a la guerrilla salvadoreña. Bartlett, un conservador de mano dura. Qué mejor perfil querían.

2O. TIEMPO: La opción por la mano dura. A finales de 1984, el entonces director de la CIA, William Casey, circuló un informe de 33 páginas, muchas de las cuales se mantienen hoy todavía clasificadas como “secretas”, donde se hacía una estimación —como se refieren a su actualización analítica sobre un país— de México. Sobre la base de informes previos enviados por la Estación de la CIA desde el inaccesible piso cinco de la Embajada de Estados Unidos sobre Paseo de la Reforma, hablaba de la pérdida de legitimidad del gobierno y del PRI, y los riesgos de que se diera una desestabilización. Al mismo tiempo, resaltaba que el presidente Miguel de la Madrid, que enfrentaba una crisis económica, se había inclinado por una política de mano dura, que encabezada el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett. La CIA subrayaba la debilidad institucional de los cuerpos de seguridad federales, estatales y municipales, que tenían que ser apoyados o remplazados por soldados. Sin embargo, excluía a la Dirección Federal de Seguridad, a la que describía como “la fuerza de seguridad interna civil más efectiva, subordinada a Manuel Bartlett, con mil 300 agentes de campo en su cuartel general en la Ciudad de México y en cada uno de los estados”. Añadía el informe: “La principal responsabilidad de la DFS es monitorear a los disidentes y a los grupos de oposición con el propósito de descubrir e investigar posibles actos de subversión. La DFS no duda en realizar cateos y decomisos, o incluso detenciones e interrogatorios a individuos sospechosos de subversión”. La DFS tenía una relación intensa con la CIA —como hasta hoy día—, y el secretario de Gobernación era el enlace con el jefe de Estación. Compartían información, como la que apareció en la estimación sobre México, de quienes en la izquierda habían ido en 1982 a un curso de adoctrinamiento en Cuba, y quiénes, intelectuales y periodistas, seguían sus líneas ideológicas. Para la CIA, Bartlett era el hombre de mayor confianza en el gabinete de De la Madrid, donde no reparaban en la visión neoliberal del entonces secretario de Programación, Carlos Salinas, con quien compitió por la Presidencia, sino descansaban en quien estaban seguros, defendería sus intereses por coincidir política e ideológicamente con ellos.

3ER. TIEMPO:  El auto proclamado “animal político”. El 3 de octubre de 1986, la columna de Jack Anderson y su brazo derecho, Dale Van Atta, habló sobre el hoy famoso episodio donde el director de la Dirección Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla, había ido a la revista Proceso a amenazar a su director, Julio Scherer, si osaba publicar un reportaje sobre cómo el secretario Manuel Bartlett había utilizado sus influencias y poder en Venezuela para que secuestraran a dos sobrinos de él que se habían involucrado en una secta y los regresaran a México. La relevancia de aquella columna, además, era que la CIA estaba enterada que no sólo era la amenaza, sino una entrega de dos millones de pesos, seguida por otra de cantidad similar, si Scherer no publicaba nada. Proceso no lo hizo, pero no porque cambiaran el silencio por el dinero. El propio Zorrilla, decía el informe de la CIA, se ufanaba de haber silenciado al semanario, “sin que le costara un peso”. Zorrilla era un soldado de Bartlett, a quien la CIA consideraba “el hombre de hierro” del presidente Miguel de la Madrid, y su posible sucesor. Un expediente en la CIA decía que “se describía a sí mismo como un animal político”, y que tenía el oído del presidente en una amplia gama de temas. “Como jefe de la campaña de De la Madrid en 1981 y 1982, y líder de facto del PRI, Bartlett estableció el control sobre muchos de los mecanismos del partido, y dirigió el fraude electoral en la campaña presidencial. En un informe del primero de junio de 1987, prólogo de la sucesión, se analizaban los precandidatos. De Carlos Salinas afirmaba que sería el mejor capacitado para mantener la política económica; de Alfredo del Mazo, secretario de Energía, afirmaban que sería el más proclive a gobernar con una mano “populista”; Bartlett, “sería posiblemente más conservador que De la Madrid”. Todos los informes de la CIA, mostraron a Bartlett como su hombre favorito para llegar a Los Pinos. No sucedió, pero siempre lo protegieron. Después de todo, les hizo muchos servicios, en coincidencia política e ideológica, quien fue uno de sus más importantes activos.

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