Raymundo Riva Palacio.

Epigmenio

1er. TIEMPO: El (gran) propagandista de López Obrador. Cuando se busca la palabra “propagandista” en el diccionario, aparece “Persona que hace propaganda de algo, en especial de materias religiosas o políticas”. Hoy, la persona más notable en ese campo es Epigmenio Ibarra, periodista, temerario corresponsal de guerra a quien el presidente Ernesto Zedillo empujó involuntariamente mediante amenazas, a convertirse en uno de los productores de telenovelas más exitosos, y un puñal que diario se clava en el corazón al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Ibarra es un recordatorio, con medias verdades y mentiras, de la regresión en el respeto a los derechos humanos en este gobierno, y la voz más alta de una campaña internacional para llevar a La Haya a Peña Nieto. Todas las noches, a las 10 en punto, pasa lista de los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, con lo cual mantiene funcionando el metabolismo de la resistencia social. Ibarra está desde hace tiempo en la vanguardia de la propaganda de Andrés Manuel López Obrador, que de no haber nada extraordinario estará en la boleta electoral como candidato presidencial el próximo año. Ibarra, especializado en narconovelas mezcladas con política, insiste por esa vía en la desacreditación del Estado mexicano, particularmente las Fuerzas Armadas. Los enormes ingresos por sus exitosas narconovelas le han permitido financiar una guerrilla que combate ferozmente en las redes sociales y genera, como dicen sus críticos en el gobierno y en la prensa, un discurso de odio. Él lo niega y no se achica. Casi nunca lo ha hecho. La única vez, quizás, en la primavera de 1995, cuando entró a ver al presidente Zedillo en Los Pinos, y al salir fue otro hombre durante casi una década. Dejó el activismo pero, paradójicamente, aquella reunión vespertina con el presidente le cambió la vida y lo volvió, años después, en un poderoso enemigo que utiliza el arma más letal que enfrentan las figuras públicas: la comunicación política.

2º. TIEMPO: La dura tarde con Zedillo. Para quien lo conoce años atrás, Epigmenio Ibarra nunca fue un periodista imparcial, sino como alguien a quien le gustaba ser intermediario secreto de fuerzas antagónicas, lo que le daba un acceso privilegiado y envidiado por muchos de sus colegas, como en las guerras en América Central en los 80, donde fue pionero de lo que hoy se conoce como periodista multimedia, al ser su propio camarógrafo y editor, hacer y grabar entrevistas, y escribir despachos para Notimex o Excélsior, los medios impresos para los que trabajó en esos años.
Ibarra, con la acreditación de periodista se convirtió en un mensajero entre el gobierno salvadoreño y la guerrilla. Cargaba  las propuestas y las respuestas, sirviendo como vehículo extraoficial para que hubiera siempre un canal de comunicación entre fuerzas beligerantes. La guerra en El Salvador acabó y tiempo después surgió en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, donde pretendió hacer lo mismo. Ibarra estaba vinculado con Javier Elorriaga, quien lo acompañaba a Chiapas como asistente de sonido. En febrero de 1995, casi un año después del alzamiento zapatista, en un retén en Gabino Barrera, cuando se dirigían a ver al Subcomandante Marcos, el Ejército los detuvo. Sólo pisó la cárcel Elorriaga, acusado por la PGR de ser el Comandante Vicente del EZLN. Ibarra no fue procesado gracias a que Carlos Payán, fundador y primer director de La Jornada, pidió al presidente Ernesto Zedillo que no actuara en su contra. El presidente accedió, y pidió ver en privado a Ibarra. Zedillo le dijo a Ibarra que sólo por el respeto a Payán lo iba a dejar en libertad, pero que no volviera a escribir sobre política porque procedería en su contra. Para apoyar su dicho, según antiguos colaboradores del presidente, le mostró su libreta con los teléfonos y contactos de los líderes del EZLN y sus vínculos en la Ciudad de México. “Epigmenio salió de la oficina de Zedillo sudando y temblando”, recordó uno de los funcionarios que lo vieron esa tarde. No volvió a escribir sobre política, en efecto, hasta poco después de terminar el sexenio de Zedillo, pero junto con Payán y Hernán Vera –el verdadero genio de las telenovelas-, apoyados por el dinero de Carlos Slim, fundaron Argos, hoy una gran productora multinacional que le ha permitido a Ibarra reencontrarse políticamente con su pasado, pero con una potencia e influencia como jamás pensó.

3er. TIEMPO: El video, al servicio de la propaganda. Su biografía en Wikipedia no hace justicia a Epigmenio Ibarra, pero tiene una pincelada de lo que lo forjó a través de los años, por una cita de Antonio Taruk, que lo conoce bien: “Era muy loco. Epigmenio era un personaje muy atrevido, podías ir con él y cruzar dos fronteras. Llegar a donde estaba el Ejército y luego seguir caminando y llegar a donde estaba la guerrilla”. En los 80 eso no era inusual. Guerrilla y Ejército intercambiaban el control de muchas comunidades y se podía hacer lo que Taruk afirmó. Pero atrevido hasta parecer loco, sí lo era. Su automóvil fue destruido por una tanqueta militar cuando se acercó a grabar a donde nadie lo hacía, estuvo a punto de ser linchado en Panamá por defender su cámara, y en riesgo de morir por una mina en terracería salvadoreña. Era su cotidianidad, y la de varios periodistas mexicanos, que en El Salvador hicieron propaganda para la guerrilla. Luis Albarrán, que murió enfermo, llevaba piezas de mimeógrafo a la montaña escondidas en su auto. Rubén Aguilar, vocero del presidente Vicente Fox, fue uno de los fundadores de la radio guerrillera. Ibarra, colaboraba con la guerrilla y también con el Ejército, como un back channel. Pero su irrupción en el campo de la propaganda y la guerra de las ideas no se dio sino hasta la llegada de los gobiernos panistas a Los Pinos y el regreso del PRI al poder, donde tomó el lado, la bandera y la voz militante de Andrés Manuel López Obrador. Lo último en lo que lo han involucrado es en un proyecto de la Organización Nacional Anticorrupción, cuyo ideal es que 60 artistas, intelectuales y periodistas expresen su fastidio con el PRI y expresen su voto por Andrés Manuel López Obrador. Arcelia Ramírez, Diego Luna, Víctor Trujillo son algunos de los más conocidos que ya grabaron su mensaje. Sigue el reclutamiento, pero ya salieron los anticuerpos. Un contravideo está circulando en redes, donde acreditan la autoría del proyecto a Ibarra. Su participación no está clara en esta iniciativa. Pero para lo que hoy es Epigmenio Ibarra y su papel central en la propaganda política, si no se le ocurrió a él, la historia se encargará de hacerlo autor intelectual. Este capítulo en su vida, no tiene retorno. El presidente Enrique Peña Nieto y el gobierno, lo saben perfectamente.

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