Raymundo Riva Palacio

1 er. TIEMPO: Tal como lo quería el Gran Tlatoani. El reloj político del presidente Enrique Peña Nieto, que parecía averiado, siguió marchando como lo calibró. Marcaba que primero tenía que ganar la elección en el estado de México, luego frenar a los aspirantes a la candidatura presidencial, después preparar una Asamblea Nacional del PRI que estuviera acotada y discutiera el libreto que les escribieron en forma de dictámenes, para que finalmente, como sucede en las democracias tuteladas, hacer como que había apertura para la discusión abierta sin temor a represalias, acomodar las cosas a sus deseos y obtener los resultados planeados. Bajo este guión escrito en Los Pinos y ejecutado por el renaciente Jesús Murillo Karam, la Asamblea Nacional del PRI va a revisar los estatutos, la mesa que se prevé sea la de la mayor controversia, y eliminar los candados para quienes aspiren a la candidatura presidencial, contra quienes buscan endurecerlos y arrebatarle a Peña Nieto un poco del poder metaconstitucional de un presidente priista para elegir a su sucesor. Sus posibilidades son mínimas. La última oportunidad real de poder hacerlo se acabó al ganar Alfredo del Mazo la gubernatura del estado de México, donde Peña Nieto apostó todo a costa de todo. Su preocupación por esa elección era tan profunda que cuando estaba en medio del escándalo por haber invitado a Donald Trump a México, en un evento saludaba a algunos de sus invitados y les preguntaba cómo veían la elección mexiquense (más de un año antes de celebrarse), mientras pedía que lo apoyaran a otros. Peña Nieto no escatimó nada. Ungió como candidato a quien se lo había prometido hace seis años, autorizó la creación de cinco cuartos de guerra donde personalmente revisaba cada semana el estatus del proceso y tomaba decisiones para corregir o mejorar. Del Mazo siempre fue una figura decorativa. La campaña no le pertenecía. El triunfo tampoco. La victoria fue de Peña Nieto y la administrará su primo. No se trataba sólo de mantener la gubernatura en Toluca. Peña Nieto se jugaba el poder dentro del PRI y el diseño de lo que será su vida después del 30 de noviembre de 2018. Esa era la estación previa a la Asamblea General, donde su poder llegará intacto ante un partido genéticamente autoritario, subordinado y mayoritariamente dócil.

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2do. TIEMPO: La neutralización de los adversarios. Con todo cuidado se preparó la convocatoria para la Asamblea Nacional del PRI, y el presidente Peña Nieto colocó a experimentados e incondicionales operadores para armar su esqueleto. Jesús Murillo Karam, uno de quienes puso peldaños a su candidatura presidencial desde hace más de una década en el estado de México, se encargó de redactar el documento base de la asamblea. José Murat, políticamente emparentado con el Grupo Atlacomulco, fue enviado a la Fundación Colosio contra la oposición y espanto de muchos priistas, para trabajar los documentos que se presentarán como dictámenes y, estratégicamente más importante, realizar las  primarias estatales donde se seleccionaron a los delegados que levantarán la mano cada vez que sus votos sean necesarios, y en cantidades industriales para apagar cualquier intento de disidencia y oposición. Peña Nieto es un viejo zorro en esto. Hace seis años, el entonces líder del PRI, Humberto Moreira, alteró la convocatoria para la candidatura presidencial, con ello impidió la competencia de Manlio Fabio Beltrones y dejó el camino abierto a Peña Nieto, quien comprobó que mediante el control a través de la elaboración de los documentos y el manejo de los tiempos, es la forma como se manipula y mantiene el poder. Ahora, el Presidente tiene todo bajo su control, pero aún así no están tranquilos. De manera bastante discreta frente a la opinión pública, pero un tanto cuanto salvaje intramuros, se dieron intentos de bloquear lo más que se pudiera a Beltrones, quien de manera informal y aspiracionista encabeza a quienes disienten del PRI de Peña Nieto para acotar su participación y movilidad en la asamblea. También se ha buscado que todos quienes se encuentran en su entorno próximo, sean dispersados en las cinco mesas de discusión, repartidas por el país para que no puedan formar un bloque que pudiera hacer más ruido del que quisiera Peña Nieto y compañía que se hiciera en el cónclave. Las presidencias de las mesas fueron diseñadas para que haya peñistas o personajes que acatarán lo que les pidan en Los Pinos para terminar de atar todos los cabos.

3ER. TIEMPO: Los mexiquenses al poder. Que haya mucha discusión y gritos, si se quiere en la Asamblea Nacional del PRI, pero que nada de sustancia modifique los planes. De eso se tratan las democracias tuteladas, de encauzar las cosas de acuerdo a los intereses de quienes tienen el poder. Y quienes tienen el poder, todavía, son los mexiquenses de todo tipo que llegaron de la mano del presidente Enrique Peña Nieto. Los políticos primitivos, como el secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda, y los que se han tenido que tragar todas las irregularidades que se arrastran desde el estado de México a costa de su propia imagen, como el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza. Se empoderó una vez más la cabeza de la aristocracia mexiquense, representada por Alfredo del Mazo Maza y su familia, que se encuentra en las antípodas del clan de Miranda, compadre del Presidente desde el año pasado. La familia del Presidente, la sanguínea y la política también recibieron compensación histórica, como Carolina Monroy, a la que hicieron secretaria general del PRI, y la de los cuñados de Peña Nieto, parientes de la primera dama, Angélica Rivera, a quienes no les dieron cargos públicos, pero sí la facilidad para hacer negocios con el papel y los servicios de catering. Decenas de mexiquenses llegaron de Toluca a la Federación, como secretarios de Estado, subsecretarios, directores y coordinadores, pero también a la burocracia media. La gran mayoría de los mexiquenses empoderados beben de la mano de Peña Nieto, por lo que si se seca, se mueren de sed. Qué hacer con ellos después de 2018, es algo en lo que deben reflexionar quienes después de la asamblea del PRI inicien el sprint final hacia la candidatura presidencial. La protección de los mexiquenses es uno de los activos que tendrá que garantizar el próximo candidato (una candidata priista, en estos momentos, no está en el horizonte posible) a suceder al presidente, empezando por él mismo. Llegará Peña Nieto a escogerlo y a tratar de que gane las elecciones presidenciales el próximo año. Para eso se armó esta asamblea priista, que es y será una farsa, a menos de que los priistas disidentes, en clara minoría, demuestren lo contrario.

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