Hannia Novell

El secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, presumió el encuentro que este fin de semana sostendrán los presidentes Enrique Peña Nieto y Donald Trump como un signo positivo en el avance de relación entre México y Estados Unidos.

Esta será la primera reunión entre ambos mandatarios desde que el magnate llegó la Casa Blanca el pasado 20 de enero. No hay que esperar mucho de ella. La entrevista se realizará en el contexto de los trabajos del G20 en Hamburgo, Alemania.

Paralelamente, el líder de la nación más poderosa del planeta mantendrá conversaciones con al menos otros nueve jefes de Estado y de gobierno. Que no se viera con Peña Nieto hubiera sido un agravio mayúsculo y se sumaría a la larga lista de desencuentros que se han promovido desde Washington hacia nuestro país en la era Trump.

Un breve recuento incluye la recepción ofrecida en Los Pinos al entonces candidato republicano, el 31 de agosto del año pasado. Durante la campaña ya había amagado con construir un muro en la frontera común y con hacernos pagar por él; con renegociar o poner fin al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y deportar masivamente a los connacionales.

La reunión fue vista como un error histórico. La percepción se reforzaría con el sainete que ambos protagonizaron en Twitter. El mandatario mexicano aseguró: ”Fui muy claro, México no pagará por ningún muro. Muy a su estilo, Trump reiteró que de alguna u otra forma así ocurriría.

El 8 de noviembre, Trump ganó las elecciones. El gobierno mexicano señaló que no se había equivocado.

Pero esa primera reunión que tenía como objetivo demostrar la importancia de México para la Unión Americana, no sirvió. Apenas sentado en la oficina oval, la pesadilla se convirtió en una realidad: firmó una orden ejecutiva para iniciar la construcción del muro, así como varios decretos para detener indocumentados y aumentar el número de agentes de la Patrulla Fronteriza.

Otro desaguisado ocurrió en enero. El jueves 26, Videgaray Caso e Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, estaban la capital estadunidense para preparar el terreno de la visita del presidente Peña Nieto programada para el 31 de ese mes, cuando Trump tuiteó que de nada serviría ese encuentro si México no aceptaba que tenía que pagar por el muro.

En los hechos, fue Trump quien canceló el encuentro. Horas más tarde, el mexiquense confirmó por la misma red social que no iría. No había otra opción. Hubiera sido terriblemente humillante hacerlo.

Hoy, la relación México-Estados Unidos depende del humor con el que amanezca el estadunidense. Lo más reciente fue la ocurrencia de establecer paneles solares en la frontera común.

La energía que se produciría, dijo, abarataría el costo que tendremos que pagar por la muralla. Luego vino la idea del oleoducto que transportará productos refinados de Estados Unidos a Tamaulipas. Si se pensaba que era otra ocurrencia, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, lo confirmó. “¿Se construirá por debajo del muro?”, se le preguntó. “Pues ni modo que sea por arriba”, respondió.

En este contexto, será difícil que una reunión de unos cuantos minutos entre Peña Nieto y Trump permita desahogar los enormes pendientes de la agenda bilateral. Estoy segura que desde ahora, la SRE puede redactar el comunicado correspondiente en el que asegure que se trató de un encuentro productivo”que permitirá avanzar en los temas comunes y que ambos mandatarios acordaron continuar el diálogo. Eso si bien nos va. Aunque todo esto sea una duda razonable

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