Hannia Novell

El tema está sobrediagnosticado. En múltiples oportunidades, personalidades de renombre mundial han advertido que la política prohibicionista hacia las drogas no sólo ha sido errónea sino que ha generado efectos contrarios a los planteados.

En esta ocasión fue el turno de los expresidentes de México, Ernesto Zedillo, y de Colombia, César Gaviria. El primero reconoció que durante su gobierno siguió una “política equivocada” en la materia, la cual empeoró los problemas de salud pública del país.

Durante la presentación del informe Regulación: El Control Responsable de las Drogas de la Comisión Global de Política de Drogas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el exmandatario reconoció que la mayoría de las políticas prohibicionistas “se han adoptado sin mostrar con claridad si hay razones científicas” que las sustenten y añadió que han sido más bien resultado de posiciones ideológicas y de una política coyuntural.

Gaviria señaló que “la prohibición ha sido una pesadilla para México, para Centroamérica, para Colombia, en términos de muerte y del enorme daño que ha causado al tejido social, y la corrupción que ha propiciado en nuestros países. En realidad la prohibición es la que ha generado de las mafias. Nosotros no podemos seguir poniendo tantos muertos por la pereza de los políticos americanos para enfrentar este problema”.

Mientras eso ocurría en la Ciudad de México, en Nueva York, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, logró conseguir el consenso de alrededor de 130 países para sellar un compromiso “para desmantelar la producción de drogas y acabar con la adicción”.

Durante una reunión convocada por su país previa a la Asamblea General de la ONU, aceptó que: “El flagelo de la adicción a las drogas sigue cobrándose demasiadas vidas en Estados Unidos y en todo el mundo. Las muertes globales causadas por el uso de las drogas han aumentado 60 por ciento entre 2000 y 2015”, mientras la producción de cocaína y de opio ha alcanzado cifras récord.

Sin embargo, no deja de haber algo de hipocresía en el planteamiento. En Estados Unidos hay ocho estados en los que el cultivo, comercialización y consumo de mariguana está permitido con fines lúdicos y en 29 estados más, el uso medicinal. Pero el gobierno federal se opone a esta política.

El pasado 20 de junio, el Senado de Canadá legalizó la mariguana para su producción y consumo, convirtiéndose en el primero del G7 en autorizarla. En este país, el uso medicinal se permitía desde 2001.

Hay países donde es completamente legal: Corea del Norte, Uruguay y Jamaica son ejemplo. En otros sólo está permitido el uso medicinal como en Dinamarca, Puerto Rico, Israel y Croacia. Naciones como Chile, Argentina o Costa Rica permiten una dosis mínima para consumo, pero su cultivo y/o comercialización están penalizados.

En Colombia, el uso medicinal está autorizado, pero es requisito tener permiso de fabricación o de lo contrario sólo se puede usar productos derivados de la planta. En México, es legal el cultivo con fines medicinales y científicos, pero no se ha establecido con claridad quién o qué instancia debe proveer las semillas; además, está autorizada una portación de cinco gramos para consumo personal.

De esta forma, los ejemplos sobran. El fracaso de la política prohibicionista está demostrado. Al igual que la hipocresía de Estados Unidos que pone los consumidores, mientras países como el nuestro, pone los muertos. ¿La comunidad internacional se atreverá a poner en marcha ese nuevo paradigma?

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