Hannia Novell

El tsunami de Andrés Manuel López Obrador que en los comicios presidenciales de 2018 festejó el movimiento de Morena como el inicio de la Cuarta Transformación, quedó atrás.

Los resultados de las elecciones que el pasado domingo 2 de junio celebraron en Puebla, Baja California, Tamaulipas, Durango, Quintana Roo y Aguascalientes muestran el desgaste del gobierno del hoy mandatario, al acumular una serie de desaciertos e improvisaciones en su gestión que han provocado una creciente inconformidad en la población.

El gran triunfador de esta jornada electoral fue el abstencionismo superior a 30 por ciento. Una revisión detallada de los resultados en Puebla; por ejemplo, revela que la participación fue sólo de 33% y el millón de votos que consiguió Miguel Barbosa en la elección ordinaria de 2018 se esfumó.

En los comicios extraordinarios del pasado domingo, Barbosa Huerta sólo obtuvo 682 mil 245 sufragios. Mientras que en el ayuntamiento de Ahuazotepec ganó el priista Juan Daniel Ramírez con 36% de los votos frente al 27.6 que obtuvo el morenista Alfredo Ramírez Hernández. 

Cañada de Morelos  también fue para el PRI en la persona de María de Lourdes Carrera con 55.2% de los sufragios y la representante de Juntos Haremos Historia, Dionicia García Rojas, apenas consiguió 28 por ciento.

Si bien es cierto que en las encuestas más recientes el presidente López Obrador mantiene índices de popularidad del 62 al 65% —Parametría y Mitofsky— se observa una tendencia a la baja. Es evidente el desgaste del ejercicio del gobierno y la figura del tabasqueño ya no es suficiente para repetir el fenómeno del tsunami, el de la aplanadora electoral y el del carro completo.

Aún parece un presidente popular, pero la realidad es que se trata de un hombre al frente de un gobierno débil. No es para menos. Las características del nuevo gobierno, que ya cumplió seis meses en el cargo son la impericia, la incapacidad, el desaseo.

Si el electorado votó por el combate a la corrupción y la eliminación de la impunidad, esperaba ver detrás de la cárcel a los delincuentes que saquearon al país, barrer las escaleras de arriba hacia abajo, impartir justicia a ojos cerrados, sin importar nombres ni abolengo. Pero no. 

Carestía de gasolina; cierre de las estancias infantiles; anulación de contratos de impresión para libros de texto; desaparición de las subastas eléctricas de energías renovables; supresión de los programas de empleo temporal destinados a la prevención de incendios; 113 mil burócratas de base y de confianza afectados por las medidas de austeridad, y golpes al sector salud: desabasto de medicamentos, camas, médicos y enfermeras.

A este paso, Andrés Manuel López Obrador no resistirá la elección intermedia de 2021 en la que estará en juego su Presidencia con la figura de revocación de mandato, pendiente de dictaminar en el Senado.  

La iniciativa indica que si el resultado es revocatorio, el Presidente cesará en sus funciones al día siguiente y el o la secretaria de Gobernación, quien tomará el cargo mientras el Congreso nombra a un Presidente interino. Para que esto ocurra deberá participar 45% de los electores y 65% de ellos, deberá votar por la revocación.  

En promedio, los niveles de abstencionismo de las elecciones intermedias es de 60 por ciento. Pareciera entonces que la estrategia es clara: ante el desgaste en la figura de su máximo líder, Morena le apuesta al abstencionismo para salvar la revocación. 

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