Hannia Novell

El presidente Enrique Peña Nieto pretendía pasar a la historia como el estadista que logró lo imposible: unir a todas las fuerzas políticas para aprobar las llamadas reformas estructurales que garantizarían el desarrollo del país. Pero en el camino, algo se descompuso y de manera terrible.

Además de los casos de corrupción en su gobierno (usted los sabe, no vale la pena repetirlos), la violencia se desató y los índices delictivos han alcanzado cifras históricas en los últimos 20 años. Los más recientes datos oficiales de la incidencia delictiva proporcionados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), confirman la tendencia.

De enero a abril de este año se registraron 10 mil 395 homicidios dolosos, lo que representa un incremento superior a 80% en la violencia homicida del último trienio. Tan sólo el mes pasado se registraron dos mil 720 homicidios, convirtiéndose en el abril con más asesinatos del que haya registro.

Esa cifra total de homicidios equivale a una tasa de 8.3 víctimas por cada 100 mil habitantes, la cifra más alta de violencia para cualquier primer cuatrimestre de las últimas dos décadas.

Los datos oficiales arrojan que en el primer cuatrimestre de 2015, la tasa de víctimas de homicidio doloso fue de 4.6 por 100 mil habitantes; en 2016, de 5.3 homicidios; en 2017 de 6.9; y en 2018 es de 8.3. Esto significa que en un periodo de tres años los asesinatos han repuntado más de 80 por ciento.

El SESNSP reportó que las personas que fueron privadas de la vida en ese periodo fueron víctimas del uso de armas de fuego o murieron quemadas, mutiladas, ahorcadas o asfixiadas.

En cuanto al número de carpetas de investigación abiertas por homicidio doloso, en lo que va del año se han iniciado ocho mil 900 que en comparación con las siete mil 604 del año pasado —que ya era récord— representa un incremento de 17 por ciento.

Los estados con la tasa más alta de casos de homicidio doloso en lo que va de 2018 son Colima con 26.7 casos por cien mil habitantes; Baja California con 22.9; Guerrero con 21.2; Guanajuato con 12,9; y Chihuahua con 12 por cada cien mil habitantes.

Si bien esto es muy grave, lo es también que el crimen organizado diversifica sus ilícitos. Uno de ellos: el sabotaje a trenes de carga.

A las 03:30 de la madrugada del pasado sábado, se reportó el choque de dos trenes en Orizaba, Veracruz, en el que 17 furgones resultaron volcados y dos máquinas dañadas. El choque derribó una barda, postes y un puente peatonal. Uno de los trenes, el que llegaba procedente de Acultzingo, estaba cargado con cientos de toneladas de granos.

De acuerdo con las primeras pesquisas, criminales cortaron las mangueras del sistema de frenado del ferrocarril, es decir, no fue un accidente sino un hecho planificado. Desde el 28 de abril se han registrado seis sabotajes en vías ferroviarias, de acuerdo con Ferrosur, la sección de Transportes de Grupo México.

Tras los hechos en Veracruz, permanecen varadas 300 mil toneladas de mercancía que debía transportarse al Valle de México: granos, politileno, químicos y productos importados.

Con estas acciones, los delincuentes no sólo buscan apoderarse de la carga de los trenes, sino también robar las vías para venderlas; además, exigen a las compañías operadoras el pago de extorsiones como “derecho de piso”.

De esta forma, el hombre que quería pasar a la historia como el gran reformador, dejará a México una herencia maldita: una estela de sangre acompañada de una violencia sin fin.

Compartir