Hannia Novell

En términos contables, un presupuesto base cero es aquel que se elabora como si fuera la primera operación de la empresa, lo que permite evaluar cada uno de sus programas y, en función de objetivos, asignarles recursos para el siguiente ejercicio fiscal.

Cuando las empresas gastan más de lo necesario o desmesuradamente, se elabora ese tipo de  presupuesto para reorientar los recursos con mayor efectividad. Lo mismo pasa con los gobiernos. Y eso se esperaba de la administración de Andrés Manuel López Obrador en éste, su primer año.

Sin embargo, el Paquete Económico que presentó el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, el pasado sábado 15 de diciembre ante el Congreso es, en muchos sentidos, inercial. Incluso, algunos han señalado que es “muy neoliberal”.

Se proyecta un crecimiento económico promedio de 2%, una inflación de 4.3% anual; un tipo de cambio de 20 pesos por dólar; y un precio de la mezcla mexicana de exportación de 55 dólares por barril. En términos generales, esto significa que durante el próximo año se espera un dinamismo económico similar al del último del sexenio de Enrique Peña Nieto.

“Hay un compromiso absoluto con la disciplina fiscal y financiera, de manera que se garanticen la estabilidad macroeconómica y el fortalecimiento de las finanzas públicas”, dijo el titular de Hacienda al acudir a hacer la entrega de los proyectos.

Sin embargo, la distribución de los ingresos es lo que hace la diferencia. Los proyectos sociales de López Obrador son la prioridad en el presupuesto del próximo año. El programa Jóvenes Construyendo el Futuro contará con 44 mil 300 millones de pesos, mientras que la Pensión para Adultos Mayores de 68 años, que ahora será de carácter universal, contaría con una partida de 100 mil millones de pesos.

Para las obras de infraestructura insignia de esta administración como la construcción de dos pistas en la Base Militar de Santa Lucía, se prevé un gasto por 15 mil millones de pesos; para el Tren Maya se tiene prevista una partida por 6 mil millones de pesos; y en la rehabilitación de las seis refinerías de Pemex se calcula un desembolso de 71 mil 906 millones de pesos.

Sin embargo, lo que más ámpula ha causado es la reducción de 6% en la inversión para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El presidente López Obrador salió a desmentir la versión y descartó que haya un recorte a este rubro, ya que se destinarán fondos por alrededor de mil millones para las nuevas universidades públicas y se crearán nuevas becas, como una universal en el caso de los estudiantes de nivel medio superior.

“Sólo en becas son 10 mil millones de pesos adicionales para estudiantes de nivel superior. Hagan la cuenta, son 300 mil jóvenes de familias de escasos recursos económicos que van a recibir dos mil 400 pesos mensuales, alrededor de 10  mil millones”, subrayó.

¿Qué está haciendo? En los hechos, sí hay un recorte al presupuesto de la Máxima Casa de Estudios, pero lo justifica al asegurar que esos recursos se destinan a la educación superior a través de la creación de sus universidades.

También hubo señalamientos de que esos recortes de la educación superior se irían al gasto de la Secretaría de la Defensa Nacional. El subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, desmintió esa versión y aseguró que se trata de un “efecto contable”, debido a que el presupuesto es para las obras en la Base Militar de Santa Lucía a fin de crear el sistema aeroportuario de la Ciudad de México.

Así, podemos confirmar que en cierto sentido el de 2019 es un presupuesto base cero, pero construido para financiar el proyecto personal del mandatario en turno.

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