Hannia Novell

La verdad, lo pensé bastante: ¿cuál sería el calificativo adecuado para alguien que en 12 meses ha abierto todos los frentes posibles y ha colocado al mundo al borde de una guerra nuclear? Después de analizar varias opciones, concluí que “tóxico” era el más adecuado.

Según el Diccionario de la Lengua Española, ese término se define como “Que contiene veneno o produce envenenamiento”. Y así ha sido la era Donald Trump.

El 20 de enero se marcan en el calendario los primeros 12 meses de que el magnate llegó a la Casa Blanca, y el balance es de desencuentros. Muchos pensaban que la retórica fue la estrategia que usó para llegar al cargo y suponían que con el paso del tiempo se moderaría.

Lejos de eso, y sin importarle la polémica provocada, ha dejado en claro que los compromisos asumidos durante la campaña no eran sólo promesas, sino que estaba dispuesto a llevarlos a cabo y al costo que fuera. Además, Trump hizo de su cuenta de Twitter una herramienta para comunicarse con la que ha roto todos los protocolos de la política y de la diplomacia, desde esa red social ha arremetido contra naciones enteras,mandatarios, periodistas, figuras del espectáculo, demócratas y hasta republicanos.

De la mano de su promesa de Make America Great Again, Trump se ha lanzado contra el multilateralismo y le ha apostado a una política caracterizada por el proteccionismo: retiró a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP); se deslindó del Acuerdo de París sobre cambio climático y lo sacó de la Unesco.

En febrero, apenas un mes después de asumir el cargo, desató los primeros escándalos: le colgó el teléfono al primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, durante una tensa llamada sobre el tema de los refugiados. Un mes más tarde, frente a las cámaras, rechazó darle la mano a la canciller alemana, Ángela Merkel, como ella se lo solicitó a instancia de los periodistas.

En lo interno, Trump ha enfrentado dificultades para concretar sus promesas. Cortes federales han bloqueado los decretos migratorios con los que pretendía restringir el acceso a los ciudadanos de países musulmanes. Mientras que la amenaza de romper el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha quedado en eso, aunque presiona para que en la renegociación del acuerdo se acepten sus exigencias.

En cuanto al anuncio de construir un muro en tres mil 200 kilómetros de la frontera y hacer que México lo pague, ya se han aprobado ocho prototipos, pero la asignación de los recursos está detenida en el Capitolio. El 5 de septiembre canceló el Programa de Acción Diferida para los Llegados a la Infancia (DACA) que permitía a 800 mil jóvenes indocumentados permanecer en territorio estadounidense. Ofreció una prórroga de seis meses hasta que el Congreso aprobara una reforma migratoria; sin embargo, un juez federal en California reactivó el programa el 9 enero pasado.

Pese a todo, logró aprobar la mayor reforma fiscal en más de 30 años con la que se reducen los impuestos corporativos de 35 a 21%; además, la economía da señales positivas con una expansión de 3.2% en 2017, es decir, el doble del último año de Barack Obama.

Hoy, las revelaciones del libro Fuego y furia lo han colocado nuevamente en el ojo del huracán. Su ex jefe de Estrategia, Steve Bannon, consideró como un acto de “traición” y “antipatriótico” que el hijo de Trump se reuniera con agentes rusos; se describe el asombro y la consternación que le causó su victoria, y es retratado como un hombre incapaz de controlar la Casa Blanca.

Así han sido los primeros 12 meses de Trump, el presidente tóxico que amenaza la estabilidad global. Por eso creo hay que pensar muy bien antes de ir a las urnas.

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