Hannia Novell

El conflicto político que vive Venezuela se ha convertido en el mayor reto de la historia reciente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Sumergida en una profunda crisis moral, la ONU funciona en la actualidad bajo el esquema de la posguerra y con la misma estructura de 1945, sin considerar la existencia de un orden mundial diametralmente distinto. 

Las imperfecciones en la estructura y operación de la Asamblea de las Naciones Unidas, así como los errores administrativos fueron evidentes en marzo de 2003, cuando el gobierno de Estados Unidos determinó invadir Irak, sin el aval ni consentimiento del máximo organismo internacional.

Mientras los promotores de la acción militar reprocharon al resto de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU su ineptitud para ver las pruebas mostradas sobre la proliferación de armas nucleares en el territorio de Sadam Hussein, los opositores a la guerra de Irak manifestaron su frustración e indignación por la incapacidad de la Organización para ejercer su liderazgo y evitar la guerra.

Pero los apuros de la ONU también han afectado su integridad por diversos escándalos. La organización Save The Children publicó un estudio que documentó casos de explotación y abusos sexuales de niños por parte de cascos azules y trabajadores de organizaciones internacionales, sobre todo en Haití, Liberia, República Democrática del Congo y Costa de Marfil.

La larga lista de denuncias por abusos registrados en 2003 y 2004, señalaban desde tocamientos hasta violaciones o intercambio de sexo por comida o dinero, así como grabaciones de menores desnudos que fueron después utilizados como material pornográfico. Los testimonios revelan que las víctimas tenían entre 14 y 15 años, pero también hubo casos de niños con apenas seis años de edad.

La corrupción también ha sido un lastre para el máximo organismo internacional.  En 2015, la fiscalía federal del distrito sur de Manhattan en Nueva York, detuvo y procesó penalmente a seis personas, incluyendo al expresidente de la Asamblea General de la ONU, John Ashe, por un caso de corrupción por 1.3 millones de dólares.

Las seis personas fueron procesadas por conspiración para sobornar a un responsable de la ONU, pago de sobornos y conspiración para efectuar transporte ilegal de dinero y fraude impositivo, ya que no declararon ni pagaron impuestos por los más de un millón de dólares recibidos en sobornos en 2013 y 2014.

Con esta crisis de credibilidad, la ONU enfrenta el peor conflicto político-social de la historia de Venezuela con una aguda hiperinflación y escasez de alimentos y medicamentos, la emigración de más de dos millones de venezolanos y continuos actos de violencia, represión y censura protagonizados por el gobierno de Nicolás Maduro para acallar a los inconformes.

Hace unos días, en el Consejo General de la ONU, Rusia y China vetaron un proyecto de resolución promovido por Estados Unidos que llamaba a la celebración de elecciones en Venezuela y reconocía al líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como presidente interino del país. Una segunda propuesta, patrocinada por Rusia, abogaba por el diálogo entre el gobierno y la oposición venezolanos, pero no consiguió los votos suficientes para su aprobación.

Más aún, la crisis venezolana puede volver a colocar al mundo en una nueva Guerra Fría. El Kremlin ya advirtió que hará todo para evitar una invasión militar estadounidense. Mientras Donald Trump, propio a su estilo, ha dicho que la invasión, “es una opción”.  

La crisis en Venezuela sigue escalando y amenaza la estabilidad de la región y del planeta. ¿La ONU estará a la altura del reto? 

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