Hannia Novell

@HanniaNovell

En la política, como en la vida, la soberbia es una mala consejera. Dice Fernando Savater que la soberbia no es sólo el mayor pecado, sino la raíz misma del pecado y puede manifestarse como vanagloria, jactancia o altanería.  

La soberbia es además un pecado mortal porque no se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro. Pero ahí radica también la vulnerabilidad de quien tiene ese pecado: el soberbio cree que domina la situación cuando en realidad la ignora.  

En este tratado sobre Los siete pecados capitales, el filósofo español asegura que el mejor remedio para evitar caer en la soberbia es muy simple, pero muy duro de asumir: ser realista. La recomendación literaria viene a cuento, no sólo porque es uno de los ensayos más mordaces e interesantes del autor hispano, sino porque en el gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador ya se extiende el contagio.

Alrededor de 15 mil personas (unos calculan 12 mil) marcharon este fin de semana en varias ciudades del país para expresar su rechazo a las decisiones de gobierno que ha tomado López Obrador y para exigir su renuncia. La movilización se replicó en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla, Veracruz, Querétaro, León, Aguascalientes, Hermosillo y Saltillo.

Como de costumbre, las benditas redes sociales estuvieron intoxicadas, envenenadas. La confrontación entre chairos y fifís crece, se agudiza.  Ahora en la cresta no sólo están las legiones de AMLOvers de siempre, son los propios secretarios de Estado quienes utilizan el mismo lenguaje y el tono del líder máximo de la 4T. La soberbia los unifica. En Twitter, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú ironizó: “Nunca pensé que todos los que están contra AMLO fueran a la marcha, pero sí… ¡FUERON TODOS!”.

Como era de esperarse, la polémica subió de tono. De una marcha no hace verano, a una mañanera no hace gobierno, pasaron a los insultos que le lanzó el expresidente Vicente Fox al llamarlo lambiscón y lamebotas. Y hasta los señalamientos de Denise Dresser: “Nunca pensé que un funcionario público fuera a impulsar obras públicas inviables/costosas/sin estudios/sin planeación, pero sí …. ¡SON TODAS!”.

López Obrador no ha advertido que las promesas que no alcanzan a materializarse, terminan por cansar. La desilusión desanima y la popularidad se acaba. El AprobAMLOmetro —cortesía de El Economista y Consulta Mitofsky— reveló que en tan sólo cuatro semanas, el primer mandatario bajó sus niveles de popularidad. Empezó la medición el 14 de abril con 67.8% de aprobación, y para el 5 de mayo fue de 60.5%; es decir, hubo una caída de 7.3% en apenas 15 días.

La fiesta de los 30 millones de votos no durará para siempre. Ya empezaron a notarlo. Que la izquierda no pierda lo que la derecha nunca tuvo: autocrítica, dice un retuit que hallamos en el timeline de @JimenezEspriu fechado el 16 de noviembre 2018.

Y que López Obrador no olvide las palabras de Savater: “La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia. Los griegos condenaban al ostracismo a aquellos que se destacaban y empezaban a imponerse a los demás. Creían que así evitaban la desigualdad entre los ciudadanos. Pensaban: ‘Usted, aunque efectivamente sea el mejor, tiene que irse porque no podemos convivir con un tipo de superioridad que va a romper el equilibrio social’”. 

Y eso, eso es justamente lo que el Presidente puede hacerle a este país. Ojalá lo entienda y que no sea demasiado tarde. 

Compartir