Hannia Novell

El pasado domingo 23 de julio se registró una balacera en el conocido tianguis San Juan de la colonia Juan Escutia, en la delegación Iztapalapa, con un saldo de dos personas muertas y 10 lesionadas.

De acuerdo con información preliminar, los disparos se registraron cuando un grupo de sujetos recorría los puestos para exigir a los comerciantes el pago por derecho de piso; algunos se negaron y fue entonces cuando se desató la refriega.

¿Estos hechos están relacionados con lo ocurrido en Tláhuac el jueves 20? Ese día tuvieron lugar episodios de violencia sin precedentes para la Ciudad de México. Un operativo conjunto de la Secretaría de Marina (Semar), de la Policía Federal (PF) y de la policía de la Ciudad de México terminó con el abatimiento de Felipe de Jesús Pérez Luna, alias El Ojos, y de siete cómplices.

La muerte de quien era identificado como uno de los líderes del Cártel de Tláhuac provocó narcobloqueos en calles de esa demarcación. Fueron robados e incendiados cuatro vehículos: un camión materialista y tres autobuses.

Mototaxistas que hacían las veces de halcones y distribuidores de droga, usaron sus unidades para impedir el tránsito y la llegada de los agentes. Todo ante la mirada incrédula y temerosa de los capitalinos, quienes vimos surcar los cielos por helicópteros federales y locales para, desde las alturas, dar pistas sobre el terror que se vivía a ras de suelo.

El Ojos controlaba la distribución y venta de droga en las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa, Xochimilco y Milpa Alta, así como en el municipio conurbado de Chalco en el estado de México. El grupo al que comandaba también se dedicaba al secuestro y las extorsiones. Ellos eran en buena medida los responsables de la violencia en toda esa región.

Por eso la pertinencia de la pregunta de si la balacera en el tianguis San Juan de Iztapalapa podría estar relacionado con los hechos de Tláhuac. Hasta el momento, la Procuraduría General de Justicia de la CDMX no ha establecido una conexión; sin embargo, no es lejano. Se presume que esos extorsionadores pertenecían a La Familia Michoacana.

El Ojos era originalmente parte de ese grupo criminal, al igual que dos sujetos a los que se señala como sus posibles sucesores: El Chicano y El Cholo. El primero fue por años el brazo derecho de Pérez Luna y estaba encargado de la recaudación del dinero de la venta de drogas en bares y establecimientos capitalinos, así como en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Según la Procuraduría General de la República (PGR), tiene bajo su mando a 90 dealers y a unos 20 pistoleros que se encargan de la venta al menudeo de cocaína, marihuana, LSD y tachas al interior de Ciudad Universitaria.

El segundo operador en importancia del Cártel de Tláhuac es El Cholo, señalado como el responsable de conseguir las armas y a los sicarios encargados de eliminar a integrantes de grupos rivales.

Estos hechos evidencian lo que las autoridades han tratado de negar por años: la presencia de grupos que pretenden apoderarse del mercado de la venta de drogas en la capital. Quizás, como ha señalado el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, no puedan denominarse ,cárteles porque no hacen operaciones transnacionales de trasiego de estupefacientes.

Lo que nadie puede negar es su existencia, así como de otras células como La Unión Tepito o La Unión Insurgentes. Como tampoco podemos ser ilusos y pretender que la CDMX es una isla. Por el contrario, debemos prepararnos para la violencia que viene: narcobloqueos, quema de vehículos, balaceras y ejecuciones. Lo que viene es el horror.

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