Hannia Novell

La semana pasada, en dos entrevistas, Andrés Manuel López Obrador se mostró sin caretas. Y lo que nos dejó entrever, da miedo. El jueves 25 de mayo, en el marco de una gira por Veracruz, le tomó una llamada a Carmen Aristegui, periodista que ha sido identificada como “afín” al tabasqueño.

Las respuestas fueron entre evasivas y burlonas. La llamó “mirona profesional”. “Yo creo que tú le crees bastante a (Miguel Ángel) Yunes”. “Tú ya estás tomando partido (contestó sobre el crecimiento de Juan Zepeda, candidato del PRD, en las encuestas)”. “Nada más te corrijo en tu planteamiento, porque los buenos periodistas a veces fallan, porque editorializan mucho”.

Pero hubo dos joyas: “Supongamos que llegas a Presidente…”, planteó Aristegui. El líder de Morena interrumpió y reviró: “¿Supongamos? Tú lo dudas, ¿verdad?”.

La otra: ¿Investigaría a Enrique Peña Nieto? “Se va a acabar con la corrupción”. Ella revira: “¡Qué bárbaro, pero dime si sí o si no!”. “Todo el que diga que va a meter a la cárcel a Peña está mintiendo”. Habla de un artículo de la Constitución que impide juzgar a expresidentes. “¿A expresidentes?”. Él insiste en que sí, pero no aporta elementos concretos. Es su versión.

Ese mismo día, por la tarde, habló con José Cárdenas en Grupo Fórmula. Le preguntó sobre su alianza con Elba Esther Gordillo en el Estado de México. “Ya no sigan calumniando ustedes. Te lo digo con todo respeto. O sea, hagan un periodismo independiente, distan del poder, cercano al pueblo y digan la verdad, Pepe”.

“No, yo no invento, yo narro, pero tú te molestas y dices que soy un calumniador”, remata el conductor quien le agradece “las clases de periodismo” y le desea: “Que te vaya bien, o como sea”.

Si así se comporta ahora, ¿qué podríamos esperar en el caso de que llegue a Los Pinos? ¿Cómo va a reaccionar cuando la oposición no apruebe alguna de sus iniciativas? ¿Cuál será su comportamiento si algún fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación le es adverso? Si los medios ejercen su función y son críticos a su gestión, ¿los censurará, los mandará cerrar?

La historia de los desencuentros entre López Obrador y los medios es vieja y es producto de un “complot”. En 2004, el diputado federal Federico Döring presentó en el noticiero matutino de Televisa videos que mostraban al entonces secretario particular y operador político de tabasqueño, René Bejarano, recibiendo fajos de dinero del empresario Carlos Ahumada.

Desde ese momento, el eterno aspirante presidencial se dice víctima de un “cerco informativo”, de encuestas “cuchareadas” y ha colocado a muchos dueños de los medios como parte de “la mafia en el poder”.

Por la difusión de los videos donde se observa a Eva Cadena, la diputada local de Veracruz por Morena, recibir dinero para presuntamente financiar la campaña lópezobradorista, llamó a El Universal “pasquín del régimen”.

Ejemplos internacionales hay muchos. Hugo Chávez siempre contó con el apoyo de El Nacional. Cuando salió de la cárcel, su director, Henrique Otero, le dio amplios espacios. En 2002, ya en el poder, enrrolló en público un ejemplar y dijo que se lo metería en el ano a su dueño.

Miguel Ángel Quevedo, propietario y director de la revista cubana Bohemia apoyó a Fidel Castro durante la Revolución. Pero en una ocasión en que no le publicó un texto, le escribió: “Ni siquiera espero de usted ningún favor futuro que compense el daño de hoy”. Cuando Castro Ruz triunfó, expropió el medio.

¿López Obrador seguirá los mismos pasos? Eso depende de un supuesto que México está en posibilidad de evitar.

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