Hannia Novell

Sacar al PRI de Los Pinos… ¡ah!, y de paso lograr la transformación del país. Bajo esas dos premisas, los dos principales partidos de oposición han decidido en lo interior explorar la posibilidad de crear un Frente Amplio Democrático con miras a la sucesión presidencial de 2018.

El primer paso lo dio Acción Nacional. El pasado jueves 22, la Comisión Permanente se reunió y entre sus resolutivos acordó promover un acercamiento con diferentes actores políticos, sociales y académicos a fin de trabajar en un frente amplio opositor de cara a las elecciones federales del próximo año.

Tres días después, de manera urgente, Alejandra Barrales, presidenta nacional del PRD, citó al Consejo Nacional el domingo 25 con el mismo propósito. Con 16 votos a favor, cinco en contra y una abstención, la propuesta de ese frente fue avalada.

Pero, ¿qué hay detrás de la construcción de esa alianza que para muchos es antinatura? El pragmatismo puro: sobrevivir o morir. Los resultados de los comicios del pasado 4 de junio fueron claros: las alianzas son fructíferas.

La coalición PAN-PRD les dio a ambos partidos una clara y amplia ventaja en la gubernatura de Nayarit bajo la persona de Antonio Echevarría. Y ambos perdieron la joya de la corona, el Estado de México, por su incapacidad de consensuar un candidato común. Lo ocurrido en el terruño presidencial es la mejor lección para el panismo y el perredismo de lo que puede ocurrir en 2018. Si ambos se hubieran unido, habrían puesto fin a la hegemonía mexiquense del Revolucionario Institucional. Si en los próximos meses logran construir esa coalición, podrían lograr la hazaña de llevar al PRI nuevamente al terreno de la oposición.

Pero ¿qué es lo que está en el fondo de la negociación? ¿A quién conviene una alianza? Con el tercer lugar que el PRD obtuvo en las elecciones mexiquenses, logró una bocanada de aire y algo más: se convirtió en un partido bisagra del que podría depender el triunfo en la contienda presidencial.

Para que el perredismo retenga la Ciudad de México -su principal bastión- y evite que Morena se lo arrebate, requiere de aliado al PAN.  Eso implica que el PRD tendría que apoyar al candidato panista a la Presidencia de la República. Por ello, los tres principales precandidatos del blanquiazul (Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle), festejaron la propuesta.

¿El PRD aceptaría que su abanderada fuera la esposa del mandatario que inició la guerra contra el crimen organizado que sumió al país es una espiral de violencia?

Difícilmente, pero además de ello ¿qué pasaría con Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien hasta ahora se ve como la carta más sólida del perredismo para alcanzar la tan anhelada silla del águila?

Mancera Espinosa se puso el saco y tras la decisión del Consejo Nacional se asumió como el líder capaz en encabezar ese gran frente, por medio de lo que ha llamado un cuarto polo que ya ha negociado con el Movimiento Ciudadano de Dante Delgado.

No será nada fácil que las dos principales fuerzas de la oposición superen las diferencias. Más allá de eso, como ciudadanos, debemos preguntarnos: si el objetivo es integrar en un gran bloque a partidos, empresarios, organizaciones civiles, sindicatos y otros sectores, y así sacar a México de la crisis política, económica y de inseguridad que vive, bienvenido.

Pero lo que mueve al PAN y el PRD es el pragmatismo puro: sobrevivir o morir. Usted, ¿qué opina? Es una duda razonable.

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