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Daniela Arroyo

El cardenal Carlos Aguiar Retes, confirmado por el papa Francisco como arzobispo primado de México, en relevo de Norberto Rivera quien renunció tras cumplir 75 años como lo marca la norma eclesial, ha sido un jerarca que ha construido relaciones con el poder político a lo largo de sus más de cuatro décadas de sacerdocio y ha generado polémica por proponer una ley de amnistía para narcotraficantes que quieran reivindicar su camino y tras admitir que la iglesia ha sido beneficiada por grupos del crimen.

A sus 67 años, Aguiar Retes, un sacerdote originario de Tepic, Nayarit, asume uno de los cargos más destacados de la Iglesia católica en México y ocupa el púlpito donde su voz, crítica o propositiva, resonará aun con más fuerza a como lo hizo en abril de 2008, cuando propuso una amnistía a capos del narcotráfico, nueve años antes de que lo hiciera Andrés Manuel López Obrador.

Hace nueve años, cuando ocupaba el cargo de presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (para el trienio 2006-2009) y fungía como obispo de Texcoco, Aguilar Retes reconoció que la iglesia había sido beneficiada por algunos narcotraficantes, los cuales habían sido “muy generosos” con sus comunidades y que incluso, “muchas veces”, también construían templos o capillas.

Las declaraciones del entonces obispo de Texcoco levantaron una tolvanera, como la que en los últimos días libra el líder de Morena. El resquemor no solo fue en la esfera eclesial, sino en la política.

Desde el gobierno, senadores de PAN y PRD en aquella legislatura, descartaron amnistiar a quien dejara el crimen. Carlos Abascal Carranza, entonces secretario de doctrina y formación del CEN albiazul y Santiago Creel, coordinador de bancada, coincidieron en que el fin no justifica los medios y eso “es un principio absoluto” al advertir que no se debe ceder ante la delincuencia organizada, menos conceder amnistías, un tema delicado aún nueve años después.

La Arquidiócesis, que hoy asume y deja Norberto Rivera tras 22 años al mando, reaccionó llamando a que se denuncie ante autoridades si se tienen elementos de “algún sacerdote u obispo que se hubiera involucrado” en acciones del crimen organizado.

Cuatro días después de lo dicho por Aguiar, el vocero de la arquidiócesis Hugo Valdemar respondía a las voces que demandaron se investigue a la Iglesia: «eso sería muy saludable».

“No sé si de oficio competa a la autoridad investigar, pero si hay una denuncia que alguien esté coludido, por supuesto que es su deber presentar la denuncia. La iglesia no tiene ningún privilegio y mucho menos un fuero de facto”, defendió la oficina de Rivera Carrera.

De igual forma lo hizo la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), quien pidió a las secretarías de Hacienda y Gobernación, así como a la Procuraduría General de la República emprendieran una investigación a la Iglesia, ya que las revelaciones de Carlos Aguiar «desvelaban actos ilícitos entre narcos y predicadores».

Vínculos con el poder

La trayectoria del nuevo arzobispo primado en la Iglesia católica ha sido extensa. Sus nexos con el poder político los ha construido sin distingo de colores, porque, así como tiene amigos tricolores también los tiene blanquiazules.

En noviembre de 2016, el Papa Francisco concedió a Carlos Aguiar el título de cardenal durante una ceremonia que se celebró en el Vaticano. Este nombramiento fue estratégico, pues sólo allanaría su camino hacia el arzobispado, un puesto en el que, además de él sonaban otros tres nombres para relevar al recién jubilado Norberto: José Francisco Robles Ortega, Jorge Carlos Patrón Wong y Víctor Sánchez Espinosa.

Basta echar un breve escaneo a la trayectoria del arzobispo para entender su ascenso. Ha ido ocupando posiciones estratégicas dentro de la iglesia, desde donde ha operado y conquistado amistades políticas importantes. Ya sea Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, a Carlos Aguiar le gusta rodearse de poderosos.

Con tan sólo 23 años fue ordenado sacerdote en la ciudad de Tepic en 1973, a partir de allí y gracias a su preparación, fue posicionándose ocupando cargos como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano de de 2006-2009 y 2009 a 2012, y también la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de 2011 a 2015.

Estos cargos son nodales en el camino del arzobispo pues le sirvieron para tejer lazos con el Gobierno y los grupos políticos y mostrar su habilidad para relegar a la extrema derecha de la Iglesia latinoamericana.

En octubre de 2006, unas semanas antes de que se consumara la transición presidencial con Felipe Calderón asumiéndose «presidente electo» el poder con apoyo de jerarcas católicos y empresarios, el panista ofreció a los obispos luchar para otorgarles la  “libertad religiosa”, un término que en la práctica pretende la libre intervención de la iglesia en la vida política del país, un promesa de la derecha desde tiempos de los cristeros.

En aquel momento, Aguiar consideró que ese «anhelado paso» se alcanzaría sin problema ante el compromiso asumido por Calderón. Sobra decir más.

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Y sus vínculos con la derecha no solo se restringen al PAN. Hace una década, cuando la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) que agrupa a partidos de derecha de todo el continente abrió su sede en la Ciudad de México, a inicios de año, el obispo Aguiar estuvo presente en aquella inauguración en la que también participó el expresidente Vicente Fox. La presidía el panista Manuel Espino, miembro de El Yunque, organización de panistas de extrema derecha.

En aquel momento dicho encuentro, en el segundo gobierno emanado de la primer y única alternancia, generó la crítica por los lazos entre Estado e Iglesia.

En agosto de 2008, en plena discusión de la ley que autorizaba el aborto en la capital, la curia católica -en un hecho histórico- emitió en televisión abierta un mensaje antiabortista, en el que Aguiar Retes habló en nombre de todos los obispos del país, teniendo como fondo a la Virgen de Guadalupe, al Papa y la bandera mexicana.

El 14 de enero de 2009, Aguiar fue uno de los jerarcas católicos que encabezaron el Encuentro Mundial de las Familias, a cuya inauguración asistieron Calderón y su esposa, Margarita Zavala, esta última es aspirante independiente a la presidencia de México actualmente.

Como parte de la curia mexiquense, cercano a Peña

El pasado 24 de junio se celebró la unión entre Eruviel Ávila Villegas, exgobernador del Estado de México y María Irene Dipp, la boda fue oficiada por el padre Carlos Aguiar, entonces arzobispo de Tlalnepantla, en un evento al que acudieron 600 invitados, entre ellos, el presidente Enrique Peña Nieto y miembros de la cúpula del PRI, no obstante, la cercanía del prelado y el ejecutivo federal, es aún más añeja.

Desde que el presidente Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México surgió la relación con su actual esposa, Angélica Rivera.

Fue Aguiar quien intercedió ante el Papa Benedicto XVI para que se anulara el matrimonio religioso de La Gaviota y pudiera volver a casarse por la Iglesia, con el futuro Presidente de México.

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Fue en 2009, cuando Aguiar acompañó a Peña a Roma para presentarle al Papa a la actriz, antes de casarse con ella. Allí se hizo el acuerdo para que el Estado de México exhibiera una exposición fotográfica a lo largo de la Via della Conciliazione, en el Vaticano.

Su favor a Peña tuvo recompensa, ya que este lo premió con la reforma al artículo 24 de la Constitución mexicana, publicada el 19 de julio del 2013, en la que hace referencia a la libertad religiosa, de conciencia y de convicciones éticas, y a que los actos de culto no deberán ser utilizados para fines políticos. En resumen, se permite que la religión salga de los templos y se inserte en la vida cotidiana, un hecho que amenaza al Estado Laico.

La mancuerna con Bergoglio

Y tras la renuncia de Ratzinger y la sucesión en el vaticano que resultó en tener el primer Papa latinoamericano, Carlos Aguiar ya era un hombre cercano a Francisco en México. Pues fue mancuerna con Bergoglio en la Comisión Episcopal de América Latina.

En febrero de 2016, ya con Peña Nieto en el poder, la visita a México del papa Francisco despertaba altas expectativas en el país, entonces marcado por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa a manos de agentes municipales en Iguala, Guerrero;  la corrupción y una lucha histórica de los jesuitas, orden a la que pertenece el pontífice y que habían intercedido sin éxito para que Peña recibiera a los padres del caso Iguala.

Para Aguiar, un hombre cercano al papa, sabía que la llegada de Jorge Mario Bergoglio iba a girar en torno a migración y la visita transcurrió sin grandes sorpresas discursivas.

En aquella visita, lo que si fue evidente fue el distanciamiento del jefe de la iglesia romana de Norberto Rivera, un hombre con claroscuros dentro de la vida política de México y que este jueves 7 de diciembre fue relevado, a casi dos meses de presentar su renuncia formal, por un hábil político eclesiástico que sabe moverse en las esferas de poder, aunque siempre cercano a los presidentes.

Con elecciones en puerta, un contexto político y social efervescente y la crisis de violencia que ha cimbrado también a la jerarquía católica, la llegada de Aguiar Retes puede también encaminar, en sus propios intereses, a la curia en una nueva dirección, ajena al camino marcado por más de dos décadas por Norberto.

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