Eduardo Penafiel

El fin de semana pasado tuvimos otro Super Bowl y para los que seguimos el fútbol americano es un evento atractivo y de mucha importancia, aunque entre los equipos que jueguen ninguno sea necesariamente al que le vas durante la temporada.

El partido fue malo, lento, aburrido, con pocas jugadas interesantes y muy pocos puntos. El efecto que esto causó se refleja en los ratings, con la peor audiencia de los últimos 10 años no solamente en la televisión, sino sumando también los demás medios digitales. Pero el Super Bowl sigue y seguramente seguirá siendo uno de los eventos más importantes del deporte a nivel mundial y por eso decenas de marcas aprovechan para anunciarse ahí, pagando 5.25 millones de dólares en promedio por 30 segundos de publicidad durante la transmisión del partido.

A diferencia de otros años en donde los anuncios cubrían temas políticos, sociales y los anunciantes marcaban su postura, en esta ocasión parece que decidieron no arriesgar y crear contenido más seguro, que fuera aceptado por todos y no generara controversia. Al revisar la mayoría de los comerciales que estuvieron al aire durante el partido, muy pocos ofrecieron algo diferente o de llamar la atención. Quizá lo que más resaltó fue que varios de ellos tenían un tema en común: la nostalgia. Algunas de las principales marcas como Stella Artois utilizaron referencias muy viejas que al parecer iban dirigidas a integrantes de la generación X o a los millennials más grandes.

Esta fórmula de la nostalgia nos ha invadido fuerte últimamente. En la música con artistas como Santana, Massive Attack y Lenny Kravitz encabezando carteles en los principales festivales, además de tours que reúnen a artistas de décadas pasadas. En la moda con marcas como Dr. Martens, Guess y Fila impulsando estilos retro y aprovechando la tendencia. En los Videojuegos con relanzamientos de consolas clásicas en formatos más pequeños como el Nintendo Classic Edition o el Playstation Classic y hasta en el cine, con películas como Roma, el remake de Nace una Estrella y Bohemian Rapsody, todas nominadas como mejor película en la siguiente entrega de los premios Óscar.

Con esto no quiero decir que tomar como base creativa a la nostalgia sea algo malo. De hecho, no es posible atribuirle a esta tendencia la falta de creatividad o de nuevas ideas, porque en general las ejecuciones y resultados en varias categorías como el cine y la moda son muy buenos. Mi duda es, ¿cuánto tiempo más se puede explotar la nostalgia sin que pierda su atractivo o nos cansemos de ella?

Hoy es fácil perderse entre tanta información y tecnología y tal vez por eso la nostalgia nos da la oportunidad de disfrutar por un instante una sensación positiva relacionada con alguna experiencia del pasado o con algún momento que deseábamos nos hubiera tocado, pero siento que hoy necesitamos más espontaneidad, carácter y personalidad por parte de las marcas. No estoy diciendo que se arriesguen al grado de poner en peligro su reputación, pero con tantos temas importantes hoy como el cambio climático, el desequilibrio político y social y demás temas cotidianos, es un gran momento para que se involucren con la sociedad y sean más proactivas.

Es importante aclarar que tengo una tornamesa y estoy armando una colección de vinilos, que mi esposa compró hace poco unos Dr. Martens y a mis hijas de 3 y 5 años les pongo videos de Michael Jackson. Tal vez todo esto sean efectos secundarios de la tendencia y no niego que lo disfruto pero, con tantos temas interesantes allá afuera, ¿por qué recurrir al pasado en vez de mirar al futuro?

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