Salvador Guerrero Chiprés

Ricardo Monreal es un hombre con gran poder de negociación, de él depende, en cierta forma, la elección presidencial.

Para empezar, ha conseguido distinguirse de sus adversarios en la disputa por la candidatura al gobierno de la Ciudad de México.

Lo ha hecho con un posicionamiento en contra de los que supone purismos facciosos de Morena registrables en Claudia Sheinbaum y Martí Batres; construyendo una estrategia de acercamiento a grupos de poder real fuera del partido de Andrés Manuel López Obrador, incluidos aquellos cercanos al jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera; y promoviendo una encuesta autónoma con metodología que, sostiene, es sólida al incorporar la participación de académicos de la UNAM: tendría evidencia para demostrar que lo de las encuestas podría ser presentado como una invención metodológica y legitimadora de Morena.

Monreal está decidido a jugar como siempre lo ha hecho, cuando estaba en el PRI o cuando era gobernador de Zacatecas: con todos los recursos a su alcance, de los que se presume y de aquellos que no se mencionan en público.

Entre los primeros destaca el libro que le escribieron colaboradores -Proyecto 2.5- y, de entre los segundos, sobresale el uso de acuerdos con personajes o grupos adversarios de AMLO.

Monreal y todos los que quieren saber, conocen que el principal criterio, no el único, para decidir la suerte de la capital del país y la mayoría de sus candidaturas es que éstas generen una ventaja estratégica a partir de la ventaja en el número de votantes para sumar al conjunto de los votos por Morena, de manera que sea viable la victoria de AMLO en el 2018 en todo el país.

Un tercio de la victoria es arrasar en la capital. El resto: territorio, argumentos, alianzas, campañas y el registro de guardianes de las urnas el día de la elección en todo el país.

La ventaja en el Valle de México, descubierto el potencial del Estado de México, es crucial para apuntalar la victoria nacional del tabasqueño.

Llanamente dicho, Monreal utilizará la presión de que, si su candidatura no se realiza, se presentará por una coalición de fuerzas y aunque no logrará la victoria y aun perdiendo -lo cual ya es un motivo de debate-, podría disminuir o eliminar la probabilidad de la ventaja de votación en la capital del país.

Al contribuir a ganar a la principal fuerza divergente de AMLO, Monreal tendría igualmente su espacio en otra administración.

Él insiste en que “no me voy a pelear con Andrés Manuel”, pero su credibilidad entre morenistas-no-priistas es tan sólida como su oriundez en la capital del país: cero.

Monreal sí puede ser candidato de Morena en la Ciudad de México.

El costo solamente lo sabrán quienes entienden de la negociación cupular. De la confianza citadina en su candidatura habría también un costo estimable a cobrar por las fuerzas adversarias a él de los morenistas que se le oponen.

confianzafundada.mx

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