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Martes 24 de enero, 2017 | 5:16 pm

La torpeza y la disculpa

Diana Loyola | Domingo 11 de diciembre, 2016

C’EST BEAU LA VIE! | La columna de Diana Loyola

El mes de diciembre es para mí uno de nostalgias y reflexiones, entre ellas está el perdón. Usted cuando quiere que lo perdonen, ¿ofrece disculpas o pide disculpas? La cuestión semántica puede generar una pequeña disertación al respecto. En cuanto a la etimología, el prefijo latino dis es básicamente una negación o contrariedad y culpa es una falta o imputación, disculpa es por lo tanto la no-culpa, es deshacernos de la falta. Sin embargo, el que obtenga o no el indulto del afectado depende de muchos factores. Si bien perdonar es un acto que otorga paz, el pedir disculpas ayuda –en principio- para que el alma del ofensor descanse, ¿no es cierto?

 

Como miembros de una sociedad, ¿cuándo perdonamos y cuándo no? ¿Qué necesitamos para perdonar? ¿Cuáles son los límites que no deben cruzarse?
Hace unas semanas la marca de lentes Hawkers se burló de los mexicanos tras el triunfo de Trump escribiendo en Twitter: “Mexicanos, pónganse estos lentes para que no se les noten los ojos hinchados mañana en la construcción del muro #electionNight”. El piloto, Sergio Checo Pérez, decidió romper su relación comercial con la marca, de la que era imagen, por considerar que no puede representar a quien no respeta a la sociedad mexicana. Hawkers se ha disculpado y hasta creó una fundación con el nombre del piloto, pero éste no ha dado muestras de querer retomar contacto con ellos.

 

Otro ejemplo de límites absurdamente burlados, es el caso del ex diputado Francisco Moreno Merino, quien en 2012 tuvo el mal tino de decir que “No hay mujer bonita que no llegue a ser meretriz”. Esta aseveración fue más allá de ser un comentario desafortunado, la indignación que generó interrumpió su carrera política, y no era para menos, tal vez pueda hacerse perdonar la estupidez, pero no es posible que se le permita seguir siendo un personaje de la vida pública.

 

Por su parte, la refresquera estadounidense Coca-Cola, lanzó hace un año un anuncio navideño que tuvo que ser retirado por considerarse racista porque, según palabras de Elvira Pablo (Indígena mixe y miembro de la ONG Aser Litigio), “Este tipo de publicidad fomenta discriminación y racismo y además fomenta la ruptura del tejido social pretendiendo imponer una cultura de consumo y ajena a las comunidades”. Las diferentes etnias puede que hayan disculpado el error, pero crearon un precedente que no permitirá que la publicidad en México discrimine en el futuro.

 

El mes pasado, Ricardo Monreal(delegado de Cuauhtémoc) ofreció disculpas al cineasta Alfonso Cuarón por “los excesos cometidos”, refiriéndose a la irrupción del mismo delegado en la locación donde se filmaba la película “Roma” y al altercado que tuvieron miembros de la delegación y el staff de la filmación (que se rodaba en calles de la colonia Tabacalera). El desconocimiento de la ley por parte del delegado hizo pasar un mal rato al director de cine y todo su personal. Desconozco si Cuarón y su equipo disculparon a Monreal, pero el robo de celulares, joyas y carteras, no puede reponerse con una disculpa. Pienso.

 

En México la sociedad es solidaria, a lo largo de la historia nos hemos demostrado que no hay crisis que haya podido quebrarnos, no hay evento que no hayamos superado, sin embargo pareciera que nuestra memoria es corta (cortísima, ¿inexistente?) y nuestro corazón grande. Perdonamos y olvidamos: los senadores Fernando Mayans , Luis Sánchez y Luis Humberto Fernández, sin percatarse que tenían micrófono abierto, hicieron comentarios sobre la trata de personas de pésimo gusto, preguntando si hablarían del tema como “usuarios”. Se disculparon diciendo que se trataba de una pésima broma. ¿Puede algo así justificarse?

 

El perdón a título personal es uno, que se trabaja desde el interior y nos beneficia de manera profunda, sin embargo, el perdón otorgado como sociedad es diferente. Debemos guardar memoria, ser respetuosos y no pasar por alto aquello que nos ofende, nos lastima y nos vulnera como país. Ya la historia nos ha demostrado que hemos sido permisivos y la consecuencia es una falta de conciencia colectiva.
@didiloyola