Ana Saldaña

Siempre es una delicia tener la oportunidad de charlar y aprender de personas que han influenciado positivamente el mundo del vino, por lo que no dudé ni dos veces cuando fui invitada por la Importadora Marinter a reunirme con el rock star del vino, Álvaro Palacios, enólogo y fundador de la bodega que lleva su nombre, es la quinta generación de una familia que tiene el vino en su sangre.

Su bodega es una de las más prestigiadas de España. Sus vinos L’Ermita y Finca Dofí se han convertido a lo largo de los años en vinos de culto. Sin embargo, es evidente que más que hacer un vino de culto, lo que lo mueve es la pasión.

Al escucharlo, es casi inevitable percibir como vive para el vino. Él mismo nos dice que el vino va más allá de ser un simple brebaje, es una experiencia filosófica a través del cual se cuentan historias llenas de mística.

Asevera que su formula secreta se basa en el vino clásico. Después de haber estudiado en Enología en Francia, trabajó en Château Pétrus y ahí es donde se inspiró. Se apropió de la filosofía de Pétrus. Hay que esperar casi 35 años para que surja la magia. Para él, hacer vino, es embotellar toda una vida. Y para lograrlo hay que encontrar esas viejas viñas que te permiten realizar esa alquimia que resulta en un vino con estatus superior.

Nos cuenta Álvaro que en el mundo parecería que cada vez más se incrementa el consumo del vino, aunque en España en realidad se ha disminuido, ya la gente está bebiendo menos, pero de mayor calidad. Esto es algo que pasará en el resto del mundo. El reto para todos los que hacen vino es como se le va a ofrecer al consumidor final una mejor calidad sin industrializar. Asegura que cuando se industrializa el vino, se pierde su alma. Álvaro está convencido que el consumidor tiene la capacidad de percibir si hay magia o no en la elaboración del vino. Nos dice que el vino es el producto que más misterios saca de la tierra. El vino es algo más, es íntimo, celebratorio.

Al preguntarle que le depara al mundo del vino, sobre todo con amenazas como el calentamiento global, nos dice que quiere dejarnos con un halo de esperanza. En el Mediterráneo hay cepas que tienen una alta tolerancia al calor, que es indicativo de que tal vez antes ya se dio este fenómeno y que podría ser algo cíclico. Varietales como la garnacha, monastrell y bobal dan vinos divertidos con buena acidez y vitalidad. Antes de arrancar las vides, se pueden injertar. Actualmente, están trabajando con expertos para continuar haciendo sus vinos sin perder sus rasgos característicos. Nos cuenta, que por ejemplo, hoy en día sus vinos tienen más azúcar de lo que quisieran y que es por eso por lo que están trabajando con un biólogo-químico-enólogo para ver si con levaduras pueden reducir este rasgo, sin perder sus características organolépticas. Nos asegura que el gran As que tiene bajo la manga es la uva garnacha.

El tiempo se va como agua. Al realizar la cata, sus vinos no decepcionan. Resultan una verdadera delicia en cada sorbo. Al final cuando me despido, me pregunto, si sólo es la magia del vino que lo hace que estén tan buenos o si parte de la magia es también todo lo que le agrega Álvaro Palacios. En mi humilde opinión, creo que es una combinación de los dos.

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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