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Francisco Pazos
franciscopazos@ejecentral.com.mx
›El vínculo de cercanía con el poder político es una añeja constante del magnate, aunque el pase directo que durante muchos años lo llevó al despacho de Los Pinos tambalea, pues no ha resuelto el paro de la construcción de la hidroeléctrica El Naranjal, ni ha frenado la investigación contra algunos miembros de la familia por sus operaciones financieras y fiscales

Avanzaba la segunda quincena de febrero pasado y mientras el candidato más que cantado de la izquierda nacional, Andrés Manuel López Obrador, ganaba puntos en las encuestas anticipadas a la carrera presidencial de 2018, en la Ciudad de México uno de los comandantes del elysium empresarial buscaba apresuradamente tender un canal de comunicación con el líder de Morena.

La vía más eficaz, acostumbrado a las líneas abiertas con los personajes que deciden el destino político del país, parecía el teléfono celular. Claudio X. González marcó, por primera vez, el número particular del tabasqueño. Le urgía tratar un posible conflicto vinculado a las investigaciones que la asociación civil de su hijo, Claudio X. González Guajardo, llevaba a cabo en contra de uno de los rostros más populares del morenismo capitalino.

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Perfil. Claudio X. González Laporte es considerado un líder pragmático que apunta a impulsar la competitividad con políticas públicas.

Previo a un acuerdo gestionado con operadores del tabasqueño posicionados en la capital del país, según contó el portal electrónico LaPolítica en un texto publicado el 17 de febrero pasado, el empresario marcó sin dilaciones. Directo, como quienes lo conocen, aseguran, acostumbra decir y negociar sus intereses.

El dispositivo sonó y llegó al final de los tonos que avisaban sobre una llamada entrante en más de una ocasión. López Obrador no atendería la llamada del líder empresarial, pese al intento del enlace en la capital.

Indirectamente, el político tabasqueño había enviado un mensaje al patriarca de la familia González, el mismo que ha sido señalado como una de las mentes que orquestó la campaña que sembró en el imaginario colectivo de las clases medias y altas de la sociedad mexicana el eslogan “un peligro para México”, con el objetivo de desprestigiar la primera campaña lopezobradorista para llegar a Los Pinos. Llegar al tabasqueño no sería sencillo para el gurú del empresariado nacional.

La escena entre ambos personajes y su resultado parecería obvio, de no ser porque Andrés Manuel ha cambiado su postura frente a cierto ámbito de empresarios clave a los que ha acercado a su círculo a través de Alfonso Romo, su enlace con el sector, al que no todas las cúpulas y sus integrantes aceptan como interlocutor. Esa sería la ficha que el presidente nacional de Morena había escogido para entablar contacto con González Laporte.

Es posiblemente el beisbol, el rasgo único que Claudio X. González Laporte comparte con Andrés Manuel López Obrador, con quien ha mantenido un enfrentamiento público a partir del proceso electoral de 2006, cuando el tabasqueño buscó la presidencia de la mano del PRD.

Si bien ambos comparten el mismo gusto por la pelota, el líder de Morena ha sido para el empresario, paradójicamente, al igual que el deporte del que es fiel seguidor y que le fue negado como primera aspiración de juventud, uno de los retos que han puesto a prueba sus habilidades como actor de poder, en favor de los intereses empresariales y de los de su propia familia.

Aunque con una efectividad para influir probada como mariscal cabildero para llevar al campo de negociación legislativa de ambas cámaras las posturas de los hombres de negocios y de las corporaciones que representan, su capacidad para persuadir en los nuevos cuadros políticos ha comenzado a desgastarse.

Los ocurrido a inicios de este año no fue la primera ocasión en la que un actor político puso en duda el poder de uno de los hombres de negocios más influyentes de las últimas décadas. Desde 2013, su capacidad como cabildero, que en muchas ocasiones había contado con la presión del peso específico de sus apellidos y su posición en la cumbre del poder empresarial que transfería a sus propuestas, mostró síntomas de erosión.

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›Ese año, el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, cerró los canales de comunicación con el vocero de las cúpulas empresariales, y obligó a González Laporte a que personalmente le buscara, haciéndolo marcar al despacho del funcionario durante casi una semana, sin que el ahora canciller correspondiera los llamados, cuando las negociaciones por la firma del Pacto de Estabilidad Fiscal eran más álgidas.

Con 83 años cumplidos, el relevo generacional parece apurar al patriarca de la familia González. No porque al empresario le falten ganas y fuerzas para seguir llevando los intereses del empresariado a las mesas nacionales de discusión, sino porque la evolución de las estructuras del sistema político y de la sociedad misma se han transformado.

Además, enfrenta una amenaza a su patriarcado: las investigaciones financieras y fiscales, desde la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, a la que están siendo sometidos algunos de los integrantes de su familia, ante posibles indicios de malos manejos, de acuerdo a lo revelado por fuentes de primer nivel del gobierno federal.

› DESDE 2013, LA CAPACIDAD DE CLAUDIO X. COMO CABILDERO, QUE CONTABA CON EL PESO DE SUS APELLIDOS Y SU POSICIÓN EMPRESARIAL QUE TRANSFERÍA A SUS PROPUESTAS, MOSTRÓ SÍNTOMAS DE EROSIÓN.

Redes estratégicas

Persisten dos redes medulares que González Laporte ha tejido y que le han asegurado poder a nivel nacional e influencia en el universo de los negocios: sus hijos, quienes ahora garantizan la trascendencia de su legado, y el grupo de altos jerarcas empresariales a los que ha comandado como presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN), ahora el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la llamada “cúpula de las cúpulas” del sector.

Su nombre es sinónimo de presencia y acción en la esfera empresarial. En su carrera ha integrado los consejos de administración de Alfa, América Móvil, Grupo Televisa, Unilever, General Electric, Home Depot, Kellogg’s y JP Morgan; además de que ha sido colaborador en los consejos de la Bolsa Mexicana de Valores, Grupo México, Grupo Financiero Inbursa y Grupo Carso.

Sin embargo, su trinchera se localiza en la cúpula de Kimberly Clark México, empresa a la que llegó en la década de 1960, cuando buscaba una oportunidad en el mercado laboral nacional, después de haberse recibido como ingeniero químico de la Universidad de Stanford, una de las instituciones más selectivas de Estados Unidos, que incluso para la edición digital de Business Insider, se ubica por encima de la afamada Ivy League, en la que ocupan un lugar universidades como Yale, Princeton y Harvard.

Desde su posición como accionista y presidente del Consejo de Administración de Kimberly Clark, lugar que detenta desde 1973, González Laporte se ha movido entre empresarios de signos contrarios y cuyos fines y objetivos son conocidos y públicamente encontrados.

Su habilidad lo ha configurado como uno de los aliados de Carlos Slim, el máximo referente nacional e internacional del empresariado nacional, que sin embargo, se mantienen lejos de formar parte de las cúpulas que representan al sector y se maneja como un agente libre. La relación entre González Laporte y Slim se ha consolidado en el seno del consejo de administración de Grupo Carso.

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Persecución. En la zona montañosa de Veracruz, los opositores a los proyectos fabriles de Claudio X. han sufrido ataques y asesinatos. FOTO: Jorge Villalpando

1973. Claudio X. Laporte se convierte en CEO de Kimberly Clark México.
 
1983. Es nombrado Presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios.
1996. Su hijo Pablo ingresa a Kimberly-Clark Corporation.
2007. Pablo es nombrado Director General de Kimberly- Clark de México.
2012. Adquieren Evenflo Company Inc.

Otros de los incondicionales es Valentín Díez Morodo, presidente del Consejo Empresarial de Comercio Exterior, y con quien González ha compartido espacio en el Consejo de Administración de Kimberly Clark México, el búnker empresarial en el que Claudio X. se ha fortalecido durante más de cinco décadas.

En el mismo flanco que Díez Morodo estaría ubicado el heredero de Grupo Alfa, Armando Garza Sada, empresario con gran influencia en el denominado Grupo Monterrey, y quien hizo pública su voluntad de un posible acercamiento con López Obrador, aunque con la condición de que el enlace con el empresariado regiomontano sea mediante Adolfo Helmut, y no con Alfonso Romo, con quien los hombres y mujeres de negocios del norte del país no quieren tratar.

Al igual que su padre, los herederos del imperio Slim forman parte del círculo empresarial estratégico para González Laporte. Carlos, Marco Antonio y Patrick Slim Domit, con quienes comparte espacio en los consejos de administración de Grupo Carso y Grupo Financiero Inbursa, e indirectamente expande su relación a través de su hijo Pablo González Guajardo, quien se integró en 2014 al Consejo Estratégico de América Móvil, y con quien comparte también dirección en Kimberly Clark México.

El vínculo con el linaje empresarial Slim, concretamente con Carlos Slim Domit, podría ser también el camino que acerque a González Laporte con la izquierda que encabeza López Obrador, pues la esposa del primogénito de Carlos Slim Helú, María Elena Torruco, es hija de Miguel Torruco, miembro del consejo consultivo que asesora al tabasqueño en su ruta a la elección de 2018.

Rompimiento

El vínculo de cercanía con el poder político ha sido una añeja constante para Claudio X. González Laporte. Sin embargo, el pase directo que durante muchos años lo llevó al despacho presidencial en Los Pinos, se tambalea. El hilo que tejió su relación durante varios sexenios a González Laporte con el priismo presidencialista podría romperse por su hijo, Claudio X. González Guajardo, cabeza de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

En una información publicada el 30 de agosto pasado en uno de los diarios más influyentes de Estados Unidos, The New York Times (NYT), se describió una reunión privada entre el presidente Enrique Peña Nieto y el Consejo Mexicano de Negocios. Ahí, el mandatario reclamó a Claudio X. la crítica que desde MCCI, hacía su hijo apuntando a aliados cercanos del presidente.

“La sociedad civil no debe pasar tanto tiempo hablando de corrupción”, relató el periodista Azam Ahmed sobre la afrenta del presidente en contra de González Laporte. “Estoy orgulloso de mi hijo y del trabajo que está haciendo”, respondió el empresario. Lo publicado fue ratificado horas más tarde por MCCI a través de un comunicado. Por la tarde, el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez, emitió un posicionamiento en el que aseguró que como testigo de la reunión que alude el NYT, el presidente Peña Nieto “no hizo ningún comentario a Claudio X. González sobre el trabajo de su hijo” en MCCI. Afirmación que no fue incluida en la versión publicada por el diario estadunidense.

En el texto del NYT se apunta que desde que MCCI agudizó sus investigaciones en contra de funcionarios y políticos cercanos a Peña Nieto, una andanada de auditorías fiscales se desató en contra de las organizaciones que González Guajardo encabeza, lo que también fue rechazado por la vocería de la Presidencia, y en las que existen fondeos de la organización Open Society, organización creada y dirigida por el multimillonario George Soros que ha fondeado con millones de dólares a más de 100 organizaciones y asociaciones de derechos civiles en México y otras como el IMCO, en el que participan empresarios cercanos a la familia González.

De acuerdo con una investigación realizada por ejecentral, publicada el 16 de enero pasado, se puso en evidencia que el financiamiento que Soros ha dirigido a México apunta a una estrategia para consolidar un andamiaje jurídico que lleve a juicio al Estado mexicano por crímenes de lesa humanidad. Peña Nieto es uno de los blancos del filántropo controvertido, quien ha implementado una estrategia similar en otros países.

Y es esta una de las revisiones que lleva a cabo la Unidad Inteligencia Financiera de Hacienda, además de la procedencia de estos fondos, su uso y las diferentes operaciones ejercidas. También se revisan las operaciones empresariales de otros integrantes de la familia.

Desencuentros

Sólo el beisbol le ha negado algo a Claudio X. González Laporte. Ocupar como short stop en 26.8 metros que separan la segunda de la tercera base en un campo de pelota como parte de un cuadro profesional.

Una de las grandes pasiones de este comandante de los hombres de negocios del país le fue negada por su padre. A cambio de que su destino se decidiera en las aulas de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. La suerte había sido echada para el joven Claudio X.

El patriarcado de la familia González no se entendería sin el liderazgo que lo ha mantenido en lo más alto de las cúpulas empresariales. Su linaje se extiende con la consolidación empresarial de al menos cuatro de sus seis hijos, que se abren paso entre los consejos de administración de grandes corporaciones transnacionales y de altruismo. Como guía ideológico, lo ha conseguido prácticamente todo.

Por eso, los grandes capitanes empresariales se han aglutinado en más de una ocasión a su alrededor y le han entregado el timón de los diversos sectores para que sea su vocero y fije posturas de gremio. Porque saben que su influencia y poder están hechos a prueba de sexenios, presidentes y legisladores, lo que ha valido a Claudio X. González Laporte ser uno de los empresarios con más poder e influencia en la vida política, económica y social del país.

Pero, así como el beisbol está plagado de claroscuros que con un tiro mal logrado puede acabar con una noche de ensueño, la carrera del empresario de origen sonorense, también ha sido pasada por las tonalidades del enfrentamiento con otros líderes políticos y, recientemente, contra la oposición y resistencia de comunidades que se han negado a entregar sus tierras presionadas por el modelo de negocios neoliberal que lo ha llevado a las cumbres del país.

Su influencia y acceso a los escalones más altos del poder nacional, inalcanzables para millones de mexicanos, son innegables. A pesar que en los últimos años esa voz de mando ha sido desafiada, y no siempre ha penetrado y persuadido con la facilidad que le caracterizó desde la presidencia de Carlos Salinas, para el que trabajó como asesor empresarial muy cerca de Ana Paula Gerard, la segunda esposa del presidente.

El empresario es un seguidor ideológico del expresidente y al que aún le reconoce haber dado al menos cuatro años de transformación y crecimiento al país, además de haber sido el responsable de abrir la economía nacional al mundo a través del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

› LA TRINCHERA DE CLAUDIO X. ESTÁ EN LA CÚPULA DE KIMBERLY CLARK MÉXICO, EMPRESA A LA QUE LLEGÓ
EN LA DÉCADA DE 1960, DESPUÉS DE RECIBIRSE COMO INGENIERO QUÍMICO.
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Fama. En el municipio veracruzano de Cuichapa el apellido González es sinónimo de devastación. FOTO: Jorge Villalpando

El filósofo pragmático

Su visión de defensa férrea al libre mercado y el enfoque de apertura dirigida a la consolidación de la competitividad del mercado nacional lo han posicionado como uno de los ideólogos entre quienes aspiran a ocupar posiciones de alta dirección de empresa.

Sin embargo, entre los cuadros empresariales del país con una larga tradición y herencia, se ha dicho incluso que Claudio X. González Laporte es no sólo un ideólogo de los negocios, sino que ha sido un líder pragmático que ha dado forma a sus líneas de pensamiento, con las que ha aglutinado y dirigido a hombres y mujeres que apuntan a impulsar la competitividad del país a través del apuntalamiento de políticas públicas.

Los colegas que lo han acompañado en la cima de las cúpulas empresariales que ha dirigido y de las que ha formado parte vinculan su nombre con la disciplina por el trabajo y una energía inigualable para los negocios. Su carácter es en apariencia dócil y aunque es uno de los hombres con mayor cercanía al poder político, su trato siempre es amable, aunque firme y directo cuando debe serlo.

Sus apellidos son los de un mariscal de campo que se ha batido en decenas de ocasiones en cabildeos con presidentes, funcionarios del primer círculo político nacional, así como con senadores y diputados, siempre anteponiendo los valores e intereses del empresariado y enfocadas a impulsar el crecimiento de México, del que está convencido, aunque en repetidas ocasiones y foros haya dicho que no se ha logrado al ritmo que el país requiere.

Más que ideólogo es un actor fundamental, es de las personas que más que generar ideas tiene la virtud de tomar acciones, es uno de los factores de cambio del país”, dijo sobre él, Armando Paredes, cuando iniciaba su término como presidente del CCE, en una entrevista concedida a Excélsior en 2007.

› EL ESPECTRO QUE SU NOMBRE ALCANZA ES TAN VASTO QUE PUEDE RESONAR EN LOS PASILLOS
DE LA CASA PRESIDENCIAL, DE LAS CÁMARAS EMPRESARIALES Y LOS PASILLOS DEL CONGRESO. PERO, EN LOS ÚLTIMOS AÑOS HA TENIDO ECO EN LOS RINCONES MÁS MISERABLES DE VERACRUZ.

Acusacionescontra los González

La influencia que la familia González ha consolidado en los círculos empresariales, políticos y sociales del México contemporáneo no se entendería sin la dirección de su patriarca, Claudio X. González Laporte y la red de vínculos empresariales ha tejido por cinco décadas. El espectro que su nombre alcanza es tan vasto que puede resonar en los pasillos de la casa presidencial, de las cámaras empresariales y los pasillos del Congreso. Pero, en los últimos años ha resonado en los rincones más miserables de la región de las Grandes Montañas en Veracruz.

En esa zona, localizada geográficamente en las inmediaciones de Córdoba, a más de 350 kilómetros de la Ciudad de México, flanqueados por cañaverales que recubren la base de las cumbres montañosas que anteceden a las costas del Golfo de México, se ubican los municipios de Amatlán de los Reyes y Cuichapa. Ahí, entre los campesinos y obreros, el apellido González es sinónimo de devastación, engaño y amenaza.

Ambivalente y camaleónico. Claudio X. González sabe vestirse para una gala para departir con las élites del país, posar para las páginas de la socialité nacional, compartir un panel sobre negocios y líderes hispanos en Washington con el duque de Palma, Iñaki Urdangarín, sentenciado en España en febrero pasado por corrupción o transfigurarse en personajes misteriosos que logran moverse entre lo corporativo y lo altruista para buscar la aprobación social de comunidades sumidas en la miseria.

Apostar por la innovación y aprovechar las transformaciones en los escenarios políticos y económicos ha sido una de las estrategias del empresario. En 2011, durante una entrevista que ofreció en el Valeu Investing Forum, aseguró que “el cambio es lo único que no cambia”, esa premisa ha sido una de sus guías en su largo paso por Kimberly-Clark.

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Fractura. La distancia entre Claudio X. y el presidente Peña ocurrió a principios de este año. FOTO: Cuartoscuro

35 mil 660 millones de pesos representaron las ventas netas de Kimberly-Clark durante 2016.

12 mil 428 millones de pesos representaron las utilidades brutas de la empresa en 2015.

Esa misma empresa, que en 1959 compró 100% del capital de la fábrica de papel La Aurora para conformar lo que hasta ahora se conoce como Kimberly-Clark México, le abrió las puertas en 1966 como director general, cuando apenas egresaba como ingeniero químico de Stanford. La historia contemporánea de esta fábrica de productos de papel e higiene ha sido la misma que la de Claudio X. González, quien dos años después de asumir la dirección general ponía en operación una planta en el municipio de Orizaba. Esa planta se localiza justamente en la región en la que desde hace cinco años se libra una batalla social para impedir la construcción de la Hidroeléctrica El Naranjal, proyecto vinculado a la red de negocios que su familia ha forjado.

El dos agosto de 2013 fue asesinado el activista Noé Vázquez Ortiz, integrante del movimiento Defensa Verde, Naturaleza para Siempre, la primera línea de resistencia a la construcción de la hidroeléctrica El Naranjal. Un crimen extraño, todavía no resuelto por las autoridades y que los pobladores atribuyen a los empresarios que promueven la construcción.

A dos meses del asesinato, en noviembre de 2013, relató un integrante de la organización, la familia fue citada por el entonces gobernador Javier Duarte en un inmueble ubicado en el Puerto de Veracruz, a poco más de una hora desde el centro de Amatlán de los Reyes, donde se aglutinaba la resistencia contra el proyecto energético y en la que participaban pobladores de Cuichapa, Yanga, Omealca, Fortín de las Flores, Ixtaczoquitlán

El entonces gobernador, ahora preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México desde el 17 de julio pasado, les mostró una lista, en compañía de una persona que únicamente se identificó como parte de la Secretaría de Gobernación. En el papel figuraban los nombres de 10 personas que, junto con Noé Vázquez Ortiz, estaban amenazados de muerte. El encuentro, que pareció una suerte de advertencia para que se protegieran, porque aparentemente provenía de las áreas de inteligencia federales para los integrantes del movimiento contra la hidroeléctrica, confirmaba que los riesgos que enfrentaban provenían de quienes impulsaban El Naranjal, un desarrollo que produciría energía para la planta de Kimberly Clark, ubicada en Orizaba, una región aledaña, un beneficio de la apertura energética a la que dio paso la reforma de Peña Nieto en el ramo.

La relación de Claudio X. González con el proyecto, también señalado por destruir decenas de hectáreas de áreas verdes atravesadas por caudales de los ríos Atoyac, Seco y Blanco, es indirecta y apuntaría a la participación de la compañía Taller de Empresa, de la que es socio, como promotora.

›El mayor impulso apunta a otro de sus hijos, Guillermo González Guajardo, quien a través de una red en la que participan al menos 14 empresas relacionadas al mercado energético, que impulsaron el proyecto de El Naranjal, pagando hasta 40 centavos por metro cuadrado de terreno a ejidatarios e intimidando a opositores del proyecto, según decenas de denuncias de los pobladores.

Llegar a estas comunidades exige sortear caminos despedazados por el abandono y la miseria. Las movilizaciones lograron, desde 2014, frenar aparentemente la construcción de la hidroeléctrica. El miedo entre la población persiste, por eso poco hablan y menos aún permiten fotografías o siquiera dar sus nombres tras platicar con ellos. La resistencia es sigilosa y ya no alcanza los ánimos que la impulsó en 2012, pero se mantiene, al igual que el miedo.

Por eso lo que los cerros nos dan, que es mucho, es lo único que nos queda”, le dice a ejecentral una mujer en el centro de Amatlán, que todavía piensa en que la oposición al proyecto en El Naranjal es posible y está viva. “Nosotros no conocemos a esos señores, nunca han venido a Amatlán, lo que sabemos es que están destruyendo nuestra naturaleza y por eso nos defenderemos”.

Amatlán y Cuichapa, los municipios que encabezaron el movimiento permanecen en una calma aparente. La quietud únicamente se rompe cuando pasa el convoy del tren que cubre la ruta Puebla-Veracruz, el mismo que hasta hace poco cientos de migrantes indocumentados usaban para seguir montados en La Bestia en dirección al norte del país.

Los integrantes de la familia de Claudio X. son investigados por autoridades federales, según información obtenida por ese semanario. Revisiones financieras y fiscales son la línea que siguen. Para integrantes de la familia del empresario son intentos de intimidación, por exhibir la corrupción de personajes de esta administración. Para las autoridades, se trata de confirmar los indicios que tienen sobre operaciones irregulares y el origen del dinero con el que operan.

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