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Ricardo Bernal

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, celebró su cumpleaños 65 el pasado martes y de buen humor. Pero no todos festejaron. Las aerolíneas entraron en un dilema sobre qué van a hacer con él a partir de ya. Dicen los que saben que la preocupación estriba en algo muy sencillo: López Obrador, quien sólo usa líneas comerciales para viajar en avión en la sección económica, siempre pide su asiento en la salida de emergencia, que aunque no es reclinable tiene bastante más espacio para estirar las piernas, y se adquiere el compromiso de que, en caso de accidente, sea quien ayude a los demás pasajeros a desembarcar. El problema de las aerolíneas es que por reglamentación internacional, después de los 65 años ya no pueden sentarse en la salida de emergencia, y no saben cómo decirle que ya no podrán asignarle ese espacio. No es algo menor, porque ¿cómo le van a decir que no a Andrés Manuel?

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