Héctor J. Villarreal Ordóñez

El pastor habló y nadie lo desmintió. Dijo que por instrucciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Gobernación prepara ya una iniciativa de ley para otorgar concesiones de radio y televisión a las iglesias en México.

Que las iglesias tengan más presencia en los medios y accedan a concesiones para el uso de frecuencias no debería ser un problema mayor en términos de libertades cuando las plataformas de comunicación se amplían y diversifican. Si las asociaciones religiosas tienen cuentas en Twitter o Facebook, no parece un sacrilegio pensar que tengan programas de radio y televisión bajo una regulación moderna y equilibrada.

Sin embargo, el pastor Arturo Farela Gutiérrez, presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), fue mucho más allá y en entrevista con la revista Proceso anunció lo que, en los hechos, sería la conformación de un aparato de propaganda religiosa, moral, política y gubernamental, todo junto, en favor de las iglesias que él representa y sobre todo, en apoyo al Presidente de la República y su proyecto político titulado Cuarta Transformación.

Las emisoras que operarán las iglesias evangélicas, dijo Farela, formarán parte de una política mediática encaminada a promover los valores éticos y reforzar la Constitución Moral que emitirá el gobierno de AMLO. Tenemos, agrega, un presidente cristiano, cuya Cuarta Transformación es también moral y “por eso está dispuesto a entregarnos a las iglesias concesiones y permisos para tener canales de televisión y estaciones de radio, a fin de que apoyemos su proyecto”.

El pastor evangélico señala que “tan sólo Confraternice tiene cinco mil templos donde se comenzará a distribuir la Cartilla Moral… Además, servirán para apoyar algunos programas sociales del gobierno”. A ese, digamos, poco juarista acuerdo, afirma el religioso haber llegado con López Obrador.

El líder religioso presume mucha experiencia en medios como resultado de sus programas en la televisión de paga y, de paso, confiesa que “en este momento, tenemos en México cientos de estaciones de radio y canales de televisión evangélicos, pero están operando de manera ilegal…” Estamos, concluye, muy interesados en dar énfasis al problema de la corrupción contra la que lucha López Obrador.

Si las declaraciones hubieran sido de un dirigente de la Iglesia católica o de algún funcionario público, en tiempos de los gobiernos del PAN o del PRI, habrían sido muy probable motivo de escándalo. Pero en el gobierno de las mañaneras, los despropósitos y las ocurrencias anunciados día con día saturan e inhiben buena parte de la capacidad de lectura, análisis y reacción. Ese es justamente un objetivo de la estrategia. No importa que se funda la luz en el Palacio Nacional, que se mienta, que se acose e insulte a los medios presentes o que los monólogos sean eternos.

Las conferencias mañaneras siguen y siguen, aun en la penumbra. Porque no sirven para informar, sirven para saturar y distraer. No es extraño, entonces, que el siguiente paso sea ampliar los canales para la pontificación y parece que las iglesias evangélicas están listas para poner su aportación cuartotransformadora. Claro, si lo que queda de oposición en el Congreso no se resiste a ello.

La pirinola

Mientras tanto, luego de 721 emisiones, el sábado La pirinola acabó su ciclo en el IMER, uno de los proyectos más audaces y comprometidos con la inclusión y el ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad en la radio en México. Ni hablar, la pobreza franciscana comenzó con ellos, pero vendrán nuevos espacios y ventanas para que sigan girando. 

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