Irene Muñoz

El pasado 5 de febrero, el Presidente de la República en su conferencia matutina hizo un anuncio curioso: propondrá reformas para que, después de que concluya el actual ciclo escolar, se regresen los días de asueto a las fechas históricas y, con ello, se eliminen los “puentes”. Gracias a esta declaración logró lo impensable: unir a la industria turística, gobiernos locales, Asetur, asociaciones, cámaras y al propio secretario de Turismo para tratar de proteger al sector. 

Con asombro y preocupación, el secretario Miguel Torruco alzó la voz y, por primera vez, fijó su postura en contra de la declaración del Presidente para estar en favor del turismo. Una actitud congruente, ya que en 2006 el propio secretario, quien era líder del sector hotelero, propuso al presidente Calderón crear tres fines de semana largos al año para generar turismo interno.

Estableció un encuentro con el jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Alfonso Romo, para presentarle un estudio sobre la relevancia que tienen los “puentes” por la derrama económica que generan.

Recordemos que la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo informó que en este primer “puente” del año se generaron cuatro mil millones de pesos. 

Ante las declaraciones del secretario, el Presidente no cesó y fue más allá: lo acusó de defender al sector (como si esto fuera malo, pues es parte de su responsabilidad y hasta ahora, por primera vez, realmente lo estaba llevando a cabo).  Advirtió que predominaría el interés general por encima del personal, todo por el bien de la nación. En este punto me detengo.

¿Qué significa nación? 

Su origen etimológico natio, significa nacer. El concepto moderno, siguiendo la línea de P.S. Mancini, la definió en 1851 como “una sociedad natural de hombres, de unidad, de territorio, de costumbres, de lengua, una comunidad de vida y conciencia social”. Jean Jacques Rousseau, por su parte, desarrolló el concepto con una frase que seguramente ha escuchado: “anteponer el bien común a los intereses individuales”.

Así que, con base en el origen y concepto de nación, podemos determinar que el Presidente está equivocado —o se hizo bolas—, al concebir el concepto al revés. Antepuso su propuesta e interés personal, sobre la afectación a la nación. En contraparte, el secretario Torruco tenía razón en su intento por tratar de proteger a las personas y comunidades que viven del turismo para que siguieran generando ingresos al recibir a los viajantes en los hostales u hoteles, trasladándolos en sus servicios de transporte, atendiéndolos en sus fondas, restaurantes y lugares típicos para comer, mostrándoles sus artesanías, además de guiarlos por las zonas atractivas en sus destinos.

Sin embargo, esa luz que apareció sobre Torruco fue apagada de forma sencilla y regresamos a lo que desafortunadamente nos tiene acostumbrados: cumplir con las instrucciones de su jefe.

La propuesta que obtuvo en la reunión con Romo fue también muy simple, ocurrente y mucho más compleja que la propuesta inicial: se determinó trabajar junto con el secretario de Educación para cambiar el calendario escolar y generar “nuevos puentes”. ¿Para que pegar lo que no está roto?

Pero el tema no es sencillo, ya que modificar solamente el calendario escolar no es suficiente, pues los padres de estos pequeños en su mayoría trabajan, y si no se desarrollan las modificaciones junto con la Secretaría del Trabajo, la niñez estará en casa.

La historia, cultura y civismo por supuesto son de gran relevancia en una sociedad, más aún en una etapa de formación de individuos, pero ese conocimiento es mucho más relevante cuando pueden ir a los sitios históricos, visitar los pueblos mágicos y viajar por México para vivir lo que somos. 

La daga que ha lanzado este gobierno al turismo no le ha dado en el corazón, pero está cerca. Se desangra por la eliminación de la promoción internacional del país y sus atractivos turísticos, la falta de infraestructura para la conectividad, la inseguridad, la violencia, y ahora daña al turismo interno. El bien individual prepondera sobre el bien común.  

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