Irene Muñoz

El pasado 22 de enero inició la Feria Internacional de Turismo (Fitur) en Madrid, España. La primera del calendario anual y en la que destinos de 165 países y regiones alrededor del mundo exponen dentro de 10 pabellones su oferta de experiencias turísticas para lograr consolidar e incrementar el número de viajantes. México participa con cuatro espacios: el del país, el del Caribe mexicano, el de Guerrero y otro más generado por la industria receptiva. 

Aunque esto puede parecer buena idea, ya que se tienen más espacios dentro del recinto, no lo es. Le explico.

En cada pabellón, los países cuentan con la representación de su gobierno central, estados, municipios, ciudades (con las nomenclaturas propias de cada país); así como empresas de servicios, hoteleros, empresas de transporte, agencias de viaje, entre otros. 

Cuentan también esos países con una estrategia integral a la que todos se suman, tienen claro que, para lograr el objetivo en una feria como estas, se tienen que lucir y destacar de los demás, ya que existe mucha competencia. 

México había estado posicionado por su historia en generación de experiencias turísticas, como uno de los destinos por excelencia. Los estados sumados, como en la mayoría de los países, llevaban a cabo de forma coordinada sus activaciones y presencia para lograr juntos consolidarse dentro de la competitividad. 

El stand del país estaba lleno de color, música, tradición y alegría. La gente hacía filas para tener acceso a las degustaciones, conocer la información y generar nuevos negocios. Hoy se contó con un espacio mejor que el que se desarrolló para Berlín, pero completamente sin personalidad. Blanco, serio, aburrido e insípido. Lejano a lo que culturalmente ofrece México, pero cercano a lo que es su política turística.

En contraste, los otros tres espacios contaban con un diseño atractivo, lleno de vida y color, listo para vender a sus destinos y hacer negocios; pero dejando claro que al no contar con una política que cuide e integre al sector, tiene que buscar por sus propios medios sobresalir para sobrevivir.

Por supuesto, el mensaje hacia el exterior no es el mejor. La gente se confundía, no entendía por qué estaban distribuidos de esa manera, recorrían los stands para encontrar en cuál estaba el lugar de sus citas y lograr llegar a ellas. Un desastre.

Tampoco generó la Secretaría de Turismo una agenda que permitiera, para las actividades internas y externas, lograr que los destinos y medios de comunicación se sumaran. No la dieron a conocer ni a los medios de comunicación que la solicitaron de forma oficial. 

Al error de comunicación se sumó que pocos sabían la hora de la inauguración, las actividades que los destinos desarrollarían para lograr exponer y llegar a las audiencias con sus propuestas, ni tampoco que cuatro gobernadores, por la relevancia de la Feria, asistieron a ella: Carlos Mendoza Davis, gobernador de Baja California Sur; Carlos Joaquín González, de Quintana Roo; Quirino Ordaz Coppel, de Sinaloa, y Silvano Aureoles, de Michoacán. Todo se ha manejado con secrecía y la información se consigue a cuentagotas con los destinos. Un desastre en la responsabilidad que tienen las autoridades para el posicionamiento efectivo del destino.

La temporada de exposiciones turísticas inició con Fitur, el calendario apenas empieza y, por lo visto, la historia se repetirá por la falta de competitividad en costos (el booth de un metro de ancho por 1.5 de largo dentro del stand oficial de México, en el caso de esta feria, tuvo un costo con CREA de tres mil 850 euros. El el stand de 30 metros contratado directamente con la feria, tuvo un costo de cinco mil euros); la falta de política clara en la materia, así como la falta de interés por lograr que México cuente con un impulso gubernamental para regresar a la excelencia y sobresalir dentro del mercado global. 

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