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Octavio Avendaño

Crítica sin concesiones

15/02/2012 ,3:36 pm
Octavio Avendaño
15/02/2012 ,3:36 pm
Octavio Avendaño

Crítico de arte, investigador, curador y escritor. Ha colaborado para los principales suplementos culturales del país como: La Jornada Semanal, Confabulario de El Universal, y en la sección de cultura de Diario Monitor, así como en revistas como ...

Qué mejor para iniciar mi participación en esta mesa, en el Museo del Estanquillo, que citando a nuestro querido Carlos Monsiváis; quien escribiera en 1973 en la Revista de Artes Visuales una clasificación del crítico de arte en tres tipos: el crítico técnico, el crítico filósofo y el crítico poeta. Evidentemente esta clasificación parte del inconfundible sentido del humor e ironía de Monsiváis. Yo agregaría a esta taxonomía, la del crítico miope, como el crítico francés Gautier que desde la arrogancia como trinchera y el acomplejamiento personal surge su “crítica de arte”.

Y agrego esta categoría porque no hay nada más peligroso para la crítica de arte que partir desde un arrebato rabioso, la crítica debe tender puentes para la discusión, mas no para la diatriba. Como dijera Justino Fernández: “la crítica debe de ser hecha desde un punto de vista exclusivo, pero que abra los mayores horizontes”.

Contradictoriamente tenemos una variedad de críticos de arte que, sin embargo, por falta de espacios en periódicos y revistas se han restringido a la investigación, a escribir hojas de salas para galerías y museos, catálogos o incluso abandonar la práctica de la crítica. Esto se debe a que los pocos medios de comunicación que conservan un lugar para la crítica de arte, en su mayoría tienen a las personas equivocadas o no tienen el suficiente espacio para tener una pluralidad de posturas.

Pluralidad que se nutría con la tradición de los suplementos culturales de los periódicos, que en su momento, jugaron un papel preponderante para configurar un panorama crítico en la cultura, como lo fueron México en la cultura, del periódico Novedades; La cultura y México, del rotativo El Nacional, El Búho, de Excélsior yConfabulario de El Universal. Los pocos que aún sobreviven no han logrado tener la contundencia necesaria para activar el campo crítico, ni la pluralidad de plumas que viertan el debate; al contrario, penosamente caen en errores de contenido y hasta dificultad para poder colocar correctamente el pie de foto de alguna obra que acompaña el artículo.

Hace poco me sorprendí al releer el discurso de ingreso de Justino Fernández a la Academia Mexicana, correspondiente de la española, leído el 23 de julio de 1965, donde el poeta y crítico de arte oriundo de Guatemala ya mostraba su preocupación por la difusa práctica de la crítica de arte. Mi sorpresa parte de que en ese momento histórico existía una diversidad de plumas como la de Raquel Tibol, Juan Acha y muchos más. Incluso, se fortalece la tradición del literato que hace crítica de arte; como son los casos de Juan García Ponce y Octavio Paz, que de este último, Cuauhtémoc Medina propuso una interesante operación histórica de la “crítica poética” en el cuarto Simposio Internacional sobre Teoría de Arte Contemporáneo (SITAC), del año 2005.

Todavía recuerdo el festín que muchos de nosotros disfrutábamos en el periódico Reforma en el que escribían Oliver Debroise, Osvaldo Sánchez y Cuauhtémoc Medina. Y hasta ahora, junto con el periódico La Jornada, son los dos únicos rotativos que mantienen sus columnas de crítica de arte en sus páginas de cultura.

Esto respecta a los medios de comunicación, pero también quiero hablar de la contribución del Estado para hacer más difusa la crítica de arte. Me refiero al Premio Bellas Artes Luis Cardoza y Aragón para crítica de artes plásticas, que de pasada, hay que decirles a nuestros empolvados burócratas de la cultura que el término de artes plásticas ya no opera para la producción artística contemporánea.

Actualmente estoy realizando una investigación entorno a este premio que organiza la Coordinación de Literatura, dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes. Este premio que data de 1987, ha sido tan atropellado, que seis veces se ha declarado desierto y en 1996 no se convocó. Por otra parte la mayoría de los participantes, más allá de plagios y de dudosa calidad de sus obras galardonadas, se han difuminado en la escena artística, incluso, algunos de ellos fue su primera y última crítica de arte, si es que podemos llamarla así.

En esta tarea me encontré con la sorprendente biblioteca de la Coordinación Nacional de Literatura, tan sorprendente que no hay nada. Sus estanterías solo tienen una obra galardonada con este premio, y es que más allá de que exista un mínimo de estándar de calidad para la catalogación de la obra, que posee esta insigne dependencia cultural, el premio no asume la edición de las obras galardonadas. Es decir, los autores que concursan y resultan ser ganadores tienen cinco años para buscar una editorial que les quiera publicar o en su caso contar con la suerte de que el coordinador en turno de la dependencia tenga ánimos para gestionar la publicación de la obra.

Un premio de esta envergadura debe de garantizar la publicación y la difusión de la obra premiada, pero también considero que el Premio Luis Cardoza y Aragón no debe de ser una convocatoria de concurso, sino galardonar a los críticos que cuentan con una trayectoria sólida en este terreno. Es impresionante ir a la biblioteca de la Coordinación Nacional de Literatura y no poder consultar Diálogo simulado, de Teresa del Conde, obra distinguida por este premio en 2001, y siendo, de los 19 autores que desde 1987 hasta la fecha han sido premiados, una de las pocas personas que realmente ejercen crítica de arte.

Pero no es de asombrarse de esta situación, viniendo de instituciones culturales del país, ya que devela la tradición de los funcionarios burócratas que arriban y no les conviene promover la crítica de arte, al parecer cuando escuchan la simple adjetivo de crítica, hacen todo lo posible para que no tenga mayor trascendencia.

Entonces, ¿qué hacer? Ante un panorama tan difuso de la crítica de arte. “El estudio del arte –dice Berenson- si pretende ser algo distinto de una fantasía de aficionados, deberá ceñirse ante todo, al estudio de las ideas específicas que entraña la obra de arte”.

Desde mi experiencia personal he intentado generar espacios en que se discutan y reflexionen esas ideas, que menciona Berenson. En el año 2007 cree Colores del arte, más allá del título cursi impuesto, fue un programa de radio que se transmitía por las frecuencias del Instituto Mexicano de la Radio, cuyo propósito fue incentivar la crítica de arte. Durante más de un año y medio, el programa contribuyó a la reflexión y al análisis de las prácticas del arte. De esa experiencia resalto la sección de la “Radiogalería” que era un espacio de tres minutos dentro del programa para ejercer la crítica de arte entorno a la práctica del arte sonoro.

Actualmente llevo a cabo este ejercicio, pero ahora con un nombre un poco más decente: Circuitos efímeros, a través de Código DF, la radiodifusora de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, pero ahora abocándome a mi generación. Una generación que se encuentra desprovista de un entramado crítico para sus producciones artísticas.

También escribo mi columna Cubo negro, que publica Eje Central, proyecto periodístico de Raymundo Riva Palacio, cuya plataforma es Internet.

En la medida en que los que ejercemos la crítica de arte asumamos nuestro compromiso de incentivar la discusión a través del análisis y no de la verborrea; en medida de que estemos conscientes de que la crítica es posibilitadora de abandonar la mediocridad que nos caracteriza como sociedad podremos mejorar como seres humanos.

Recuerdo que desde muy joven tenía la inquietud de eso que llamamos crítico, pues fue así, que cuando tenía 17 años cuando Raquel Tibol me dijo: “La crítica debe de ser sin concesiones”, consejo que aún guardo.

Un crítico de arte no debe de tener concesiones a la ignorancia, a la intolerancia ni a la mediocridad.

Ese encuentro fue premonitorio, pues mi primera publicación fue cuando tenía 18 años, fue una entrevista precisamente, que le realicé a Raquel y que fue publicada en las páginas del ahora extinto Diario Monitor.

Permítanme que en esta mesa de Arte. En busca de una mirada crítica, haga un llamado a los medios de comunicación, sobre todo a los periódicos, para que comprendan que un espacio de dedicado a la crítica de arte, no es un espacio perdido, no es un espacio personal, sino, como lo había dicho antes, es la posibilidad de comprendernos y entendernos mejor a través del arte.

 

* Ponencia leída en la mesa “Arte. En busca de una mirada crítica” donde también participaron Cuauhtémoc Medina, Merry McMaster, Magali Tercero y Edgar Hernández.

Twitter: @octavioat

www.octavioat.blogspot.com

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