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Eduardo Penafiel

Generalmente contamos con una sucursal bancaria cerca de donde vivimos o trabajamos. Reconocemos las diferentes marcas, ya sea por los anuncios en la televisión, los espectaculares, o porque adornan las camisetas de los equipos del deporte nacional.

Pero en el momento que necesitamos ir a una sucursal, por la razón o el trámite que sea, sufrimos. Sufrimos porque existen muchos factores para que esa experiencia sea de las peores del día o hasta del mes. Las largas filas, las miradas incómodas, el humor del cajero, el calor, el sentimiento de inseguridad y la incertidumbre de cuánto tiempo perderás dentro de una sucursal.

Es increíble pensar que en este Siglo 21, la mayoría de las instituciones financieras en México sigan empujando a que los usuarios tengan que desplazarse a una sucursal para casi cualquier cosa. Hoy son pocos los que ofrecen un servicio decente de banca en línea (y gratis), que sea amigable para el usuario y, sobretodo, con un funcionamiento lo suficientemente bueno.

Pero me parece todavía más extraño ver a uno de los bancos más grandes del país invertir tanto dinero en remodelar sus sucursales, cuando la tendencia mundial está enfocada en ofrecer tecnologías digitales diseñadas alrededor de las personas, tratando de alejar al usuario de la sucursal.

Una respuesta a estos cambios pensados en las personas se le conoce como Fintech (o Finacial Technolgy), palabra que estos últimos meses la escuchamos y leemos frecuentemente en nuestro país. Fintech se refiere a la aplicación de la tecnología de una manera eficiente para los servicios financieros, ahorrando costos, enfocándose en la manera que los usuarios interactúan con ellos y transparentando los procesos. Llevamos muchos años viendo ejemplos de Fintech alrededor del mundo que poco a poco se manifiestan en nuestro país. Por ejemplo, la aplicación de Starbucks en México que te permite recargar dinero en tu tarjeta de lealtad directamente en su aplicación y pagar con tu celular a través de un lector en sus cajas. Otro gran ejemplo es Clip (nacido en México en 2013), un dispositivo que se adapta a casi cualquier teléfono y permite recibir pagos de tarjeta de crédito o débito, agilizando el proceso de compra, venta y facturación para un negocio.

Pero la mayoría de estos ejemplos están más relacionados al punto de venta y a las transacciones de un negocio que a los trámites comunes de un banco, como abrir una cuenta, depositar dinero o pagar un servicio. Es fácil tener la percepción de que en México falta mucho para tener un banco digital, en línea, que no tuviera sucursales y que facilitara los trámites, de manera transparente y sin cobrar comisiones.

Desde hace dos años, existe Bankaool, un servicio bancario sin sucursales, hecho en México y que sólo  existe en un ecosistema digital. En sus inicios Bankaool estaba enfocado en el sector de Agrofinanzas, pero el año pasado apostó fuerte e invirtió para ofrecer un servicio de banca 100% digital, con procesos transparentes, buenos rendimientos y, sobre todo, sin comisiones.

Me tomó pocos minutos llenar la forma y activar mi cuenta a través de su página de internet. Casi de manera automática recibí dos correos, uno confirmando mi suscripción y el otro con información de mi nueva cuenta. Descargué la aplicación y ¡listo! Ahora tengo un banco en mi teléfono celular. Sí, los servicios todavía son limitados, pero por lo menos anulé uno de los procesos más pesados y tediosos: ir a una sucursal con muchos documentos en original y copia, esperar a ser atendido por un ejecutivo y con suerte, salir de ahí el mismo día con una cuenta.

Pero, ¿qué se necesita para avanzar en esta tendencia? Usar los servicios. Ser de los early adopters y aportar retroalimentación. Pasar la voz. Platicar la experiencia. Pero más importante, entender que estos servicios están diseñados con base en nuestras necesidades y quejas. La página de Bankaool dice: “Se pionero del cambio de la banca en México”. Me tomó menos de 10 minutos hacerlo. Y confíen en mí. Se siente muy bien ser parte del cambio.

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