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Lunes 27 de marzo, 2017 | 6:23 pm

El nada ‘sorpresivo’ gasolinazo 

Luciano Pascoe | Domingo 8 de enero, 2017

CUARTO DE GUERRA | La columna de Luciano Pascoe

La mano invisible que regula el mercado en la teoría económica clásica es, en general, insuficiente para explicar el comportamiento de los precios; más aún cuando ese precio pasa de estar determinado por un monopolio a depender del revuelto y complejo entorno mundial.

 

La liberalización de los precios es un paso necesario a terminar con un caro y obsoleto monopolio estatal. México y Venezuela estaban en el podio del subsidio. Y eso no es un esquema saludable para una economía mundial que se va a ir despetrolizando.

 

Sí, es verdad que la gasolina es cara; también lo es que su precio aumentó 20% al comenzar el año, también es certero asumir que subirán precios por este aumento pero eso no hace menos verdad que, por primera vez en nuestra historia, el monopolio del Estado no fija el valor del combustible y que, también, la gasolina ya no está subsidiada. La gasolina es más cara que antes pero no es la más cara del mundo.

 

Lo que me sorprende es que desde que se aprobó la reforma energética sabíamos, desde 2014, que llegaría esta fecha; que a partir del 1 de enero el precio de la gasolina variaría en función del precio internacional del petróleo. Sabíamos que venía esto y sabíamos que sería difícil.

 

Hace un año, cuando el crudo estaba en niveles muy bajos, nadie se preocupó; ahora que ha subido, parece que nadie entendió las implicaciones de, por ejemplo, el acuerdo de la OPEP para reducir producción y elevar su precio.

 

La clase política nacional, timorata como es, rechaza cargar con el costo y se culpan unos a otros de la realidad, pero ninguno dice que todos estaban conscientes de lo que venía y, uno a uno, se lava las manos para dejar que el gobierno federal cargue solo con la culpa; y en él no atinan a dar una explicación clara del tema.

 

Las asociaciones que toman gasolineras, que toman carreteras sabían de este aumento desde hace dos años. Dos. Y actúan como si esto fuera un golpe sorpresivo. De ese tamaño es la mezquindad de nuestra clase política.

 

Más aún ningún político tiene una alternativa o solución que no sea seguir subsidiando. Una tragedia discursiva y de política pública.

 

Pero tenemos una gran oportunidad frente a esto. Una oportunidad de transformar el consumo de energéticos de fósiles a renovables.

 

Subsidiar la gasolina tiene sentido si se pretende fomentar el consumo de un energético que contamina o si se quiere beneficiar a quienes pueden pagarla para viajar, casi siempre, solos en un auto.

 

Por primera vez en la historia, el precio de generar energía con fuentes renovables en el mundo se encuentra por debajo del de combustibles fósiles, ¿por qué no invertir en lo sustentable? Más aún, ¿por qué no estar de acuerdo en reorientar subsidios a necesidades más importantes o urgentes?, hay muchas opciones.

 

Y, con el impuesto especial a las gasolinas se financian operaciones del Estado que generarían mayores niveles de protesta y reclamos de la sociedad y, seguramente, serían más genuinos.

 

El modelo estatista esta notoriamente desgastado; extender la mano para que caigan recursos es anacrónico y, peor, de muy alto costo para las generaciones futuras. Negarse a verlo es seguir en el pasado.