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Jueves 23 de octubre, 2014 | 5:06 am

De la Quina ya ni me acuerdo

Salvador Guerrero Chiprés | Martes 12 de noviembre, 2013
Salvador Guerrero Chiprés

Joaquín Hernández Galicia, la Quina, apoyó en 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas en contra de Carlos Salinas de Gortari

Joaquín Hernández Galicia, la Quina, apoyó en 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas en contra de Carlos Salinas de Gortari.

 

El 10 de enero de 1989 el líder del sindicato petrolero fue detenido acusado de posesión ilegal de armas. Dos días antes había advertido que no permitiría que se tocara el patrimonio petrolero del cual decía sentirse guardián y, antes, durante la campaña, decidió respaldar la candidatura del hijo de Lázaro Cárdenas.

 

Más de 80 mil trabajadores pararon labores en Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Hidalgo en protesta por la detención. Los medios se concentraron en el golpe dado al poder alterno al institucional.

 

Con aquellas declaraciones y maniobras de meses durante 1988 y el inicio de 1989, la Quina habría estado defendiendo sus propios privilegios como líder del sindicato económicamente más poderoso de América Latina. Buscó en la cercanía con la candidatura de Cárdenas un cobijo.

 

A donde iba, la Quina era rodeado por sus fieles, asociados y por la pléyade de buscadores de empleos que forman la corte casi gratuita de todo dirigente sindical nacional. Era recibido por los presidentes del partido hegemónico y de la República.

 

Hasta que se le ocurrió promover la publicación de un libro, editado por nada menos que quienes producían Lagrimas y Risas, en el alto edificio de la Avenida Cuauhtémoc. En una parte se relata la historia policial en afectó la infancia del candidato del PRI a la presidencia de la República. La insidiosa dinamita no estalló más que en espacios limitados del círculo rojo.

 

Esa publicación ocasionó un cuidado esmerado de las autoridades hacendarias sobre Editorial Vid que debió pagar sus deudas, de todo tipo, con un predio que ahora ocupa la ANUIES.

 

La Quina hacía favores y los cobraba. Impulsaba carreras políticas y las destruía, especialmente en localidades con gran presencia movilizadora de los petroleros y en los espacios que se lo permitía su presencia dentro del PRI de aquellos años y que Salinas de Gortari consideraba indispensable desmontar.

 

El día de la detención y en las siguientes horas su compañero al frente del sindicato petrolero, Salvador Barragán Camacho se refugió en el edificio de la CTM. Ahí la presión política y personal de los sucesos, su mala salud y voluminoso peso le ocasionaron un infarto. Lo sacaron en camilla del edificio rodeado por el Ejército Mexicano.

 

El presidente Salinas respetaba, de aquellos líderes sindicales que la izquierda insistía en llamar charros, solamente a Fidel Velázquez. En atención a ello no entraron por Barragán Camacho.

 

A todos los que ayudó y apoyó políticamente podrían ir al sepelio de la Quina.

 

A todos los que ignoran el poder presidencial debería recordarles algunos matices la detención y encarcelamiento del ex líder petrolero fallecido a los 91 años.

 

Yo creo que cierto ex amigo de Hernández Galicia, sin duda él mismo un personaje longevo, no asistirá. 

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