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José Antonio Rivera y Eduardo Castellanos
›En este momento, asegura el prelado, existe un grandesorden y por eso se cometen todo tipo de delitos, ante la falta
 de interés por sembrar goma de opio. Este contexto está generando hambruna en la región, por lo que urge atender la sierra
 y La Montaña, advierte en entrevista con ejecentral
15Sello

Para explicar lo que ocurre en Guerrero no basta decir que la mitad de su población vive en situación de pobreza o que el 81% del valor bruto de la producción de toda la entidad se concentra en tan sólo siete municipios, de los 81 que tiene, o que en sus 64 mil 281 kilómetros cuadrados de territorio se cometen casi tres veces más crímenes que la media nacional, y en extremo sanguinarios.

Tampoco sería suficiente describir cómo en más de la mitad de la entidad se ubican los campos de cultivo de la amapola y marihuana, o los laboratorios donde se procesa la droga más peligrosa que es el fentanilo, que nutren a Estados Unidos. Ni describir sus casas de tablas y techumbres de teja; de las calles terrosas o la falta de servicios básicos, de escuelas seguras y profesores que no tengan miedo de subir a la sierra.

No, no es suficiente, porque en Guerrero, en la Sierra Madre del Sur, se está creando las condiciones para un estallido social.

Esto no lo dice cualquier persona, lo afirma quien desde hace casi cuatro años recorre, poblado a poblado, la mitad del territorio de la entidad, que incluye la zona más peligrosa, la de Tierra Caliente, donde la presencia de cultivos de amapola y marihuana, y de laboratorios, hacen que grupos criminales mantengan territorios completos bajo su control o en disputa. Y este hombre los visita, se mezcla entre jóvenes, campesinos, comerciantes, maestros, halcones y sicarios, como parte de su apostolado, que tiene como única forma de protección su título, el de obispo, y su ropaje blanco que envuelve a Salvador Rangel Mendoza, ese hombre alto, grueso, de rostro adusto, que molesta a los funcionarios, y de fácil trato con sus feligreses.

La razón de este estallido que amenaza el sur del país, la crisis de la amapola que afecta a más de 150 mil personas en el estado de Guerrero.

“Yo veo, no muy lejos, un estallido social, acuérdense de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez”, enfatiza el jerarca religioso, quien ha dado seguimiento a los choques armados  intercomunitarios ocurridos en la región central de la sierra, entre los municipios de Tlacotepec, Leonardo Bravo y Zumpango del Río, tras los cuales se vislumbran ganancias de cárteles locales de la droga, que podrían estar interesados en ese estallido social.

UNA BOMBA DE TIEMPO SE ALOJA GUERRERO

El siguiente mapa permite visualizar la convivencia del crimen y la pobreza en un mismo territorio. La zona norte está dominada por Guerreros Unidos y Los Rojos, pero en la capital y la costa hasta cinco grupos criminales se disputan cada municipio.

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En junio de 2015 este sacerdote franciscano de 72 años fue designado por el papa Francisco como obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa. El nombramiento incluyó la Diócesis de Ciudad Altamirano, lo que le obliga a atender la feligresía de una vasta región de Guerrero: las ciudades de Chilpancingo, Tixtla, Chilapa, Iguala, Taxco, Teloloapan, Arcelia, Zirándaro y Ciudad Altamirano.

Esto se traduce en la atención diaria de decenas de personas provenientes desde las más agrestes comunidades de la sierra o la Tierra Caliente, sin contar los fieles que bajan desde los nueve decanatos de la diócesis a su cargo —Chilapa, Mochitlán, Quechultenango, Zumpango y Huitzuco—, que son sus más asiduos visitantes y, también, los más afectados por la violencia criminal, especialmente en la zona de Chilapa, una de las más violentas del país.

Por qué el obispo Rangel es capaz de introducirse por debajo de la epidermis de Guerrero, porque desde sus inicios en el sacerdocio, relata, vivió experiencias que define como dolorosas en ciudades como Juárez en Chihuahua, y comunidades de su natal Michoacán, Guanajuato e Hidalgo, donde lo conmovió la condición de pobreza extrema y violencia que sufrían las familias. Entonces decidió que trabajaría por los más pobres.

No a la Teología
 de Liberación

Monseñor ¿usted acepta la visión planteada por la Teología de la Liberación? Para mí sólo hay una teología, que es la aceptada por la Iglesia. Dentro de la teología aceptada por la iglesia hay ciertas tendencias o escuelas como la Teología de la Liberación. Yo pienso que como fue llevada en países como Brasil y Colombia, en Centroamérica no fue aceptada por la radicalidad de sus planteamientos, con posiciones extremas inclusive.

“Yo puedo decirle que cuando fui sacerdote joven escuché una charla un teólogo de la liberación donde él admitía la lucha armada. Claro, yo nunca he estado de acuerdo con eso”.

¿Usted no está de acuerdo con la lucha armada? Yo no estoy de acuerdo con la lucha armada ni con el concepto de la guerra justa. Sobre todo, yo fui obispo de Huejutla, Hidalgo, donde se dio mucho la Teología de la Liberación. Varios sacerdotes con los que me tocó convivir, sobre todo religiosas, eran partidarios de la teología de la liberación. Tenía como 18 religiosas y me traje un poquito de mal sabor de boca de aquella experiencia porque al final los paladines de la Teología de la Liberación no fueron consecuentes con sus actos. Y esto me sacó del corazón esa forma de ver la teología.

“Otro detalle es que ellos no aceptan mucho el orden, la disciplina, promueven una Iglesia-pueblo, todo horizontal, nada vertical. Pero la Iglesia es tanto horizontal como vertical. Y lo que nos distingue a nosotros, la Iglesia católica, es que tenemos una cabeza, un magisterio, un papa, no somos una iglesia democrática, política, que no tiene cabeza, como la Iglesia Ortodoxa griega y la rusa también. Por eso la defino como de vocación política. Muchas veces las iglesias que políticamente son más fuertes, son las que deciden. En pocas palabras les falta una cabeza”.

UNA BOMBA DE TIEMPO SE ALOJA GUERRERO

Este mapa permite visualizar en la zona de La Montaña (oriente) y la llamada Costa Grande albergan los mayores plantíos de amapola y mariguana.

Urge atención

Cuando el obispo sale a la calle siempre viste su sotana blanca y su solideo rojo amaranto, y del cuello se desprende su cruz franciscana de madera, con toques plateados. En casa no necesita de ese escudo de protección en una zona tan conflictiva, por eso porta una guayabera y pantalón de vestir, pero nunca deja su cruz y el solideo, ese símbolo que representa “sólo ante Dios” .

Por las tardes, en sus breves momentos de descanso, Rangel Mendoza juguetea con su imponente perro japonés Akita, guardián de la Casa del Obispado, una propiedad ubicada en la parte norte de la capital guerrerense, que se distingue del resto de las viviendas por sus bardas claras y altas, que por dentro reservan un espacio fresco, sencillo y sobrio, con muebles de estilo colonial mexicano, de tonos azul y blanco.

En los últimos meses ha estado recorriendo más intensamente los pueblos de la sierra y de La Montaña, donde un número importante de familias se dedica a la producción de amapola y ha comprobado que ante la caída de los precios de la goma esos mismos miles de productores se encuentran de cara con el hambre.

De acuerdo con datos oficiales, subsisten de la siembra de amapola cerca de 150 mil personas de mil 287 comunidades en 14 municipios situados en la confluencia de la Costa Grande y la Tierra Caliente, que constituye la parte noreste de la Sierra Madre del Sur. En la parte sur de la cordillera, en la región de La Montaña, otros miles de campesinos indígenas hacen lo propio en al menos media docena de municipios.

Ante este escenario, el prelado urgió a una intervención del gobierno federal para atender a esas miles de familias que actualmente se encuentran en el extremo de no contar con dinero para comprar alimentos.

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Esta transición de terciopelo que vivimos con López Obrador permitió conjurar el peligro de un estallido social ¿o cómo lo ve usted? Sí, exactamente. Yo siempre he afirmado que el hambre es madre de todas las guerras. Pero deteniéndome un poquito yo diría que en la sierra, si no se le atiende ahorita, puede haber un estallido social.

¿Ha dado usted una voz de alerta en ese sentido?  Yo he dado la voz de alerta y la sigo dando. Tenemos que poner atención porque yo llamo a esto un momento psicológico, ya que los campesinos que siembran la amapola están convencidos de que no van a vivir más de la amapola. Ellos me han pedido polos de desarrollo. Por ejemplo, a mí se me hace rarísimo que un capo de la droga propuso que se siembren flores en lugar de la amapola.  Han pedido que se cultive e industrialice la pera o el durazno. Me han dicho, por ejemplo, que en las faldas de la sierra se da mucho el mezcal ¿Por qué no industrializar ese producto?

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Cómo ve usted el asunto de la amapola? Se cayó el precio de la goma… Sí, costaba de 35 a 40 mil pesos el kilogramo, pero ahora se cotiza entre 3 mil 500 y 4 mil pesos el kilo. Ellos mismos (los cultivadores) me lo han dicho. Por eso mismo ahorita es cuando necesitamos la mano de los gobiernos federal y estatal para no abandonar a estas personas, para evitar llegar a un extremo violento.

Es decir, ¿que están al borde de un colapso? Están al borde porque su vida era la amapola y ahorita ya no se vende. Ahorita la gente ya no tiene siquiera interés en cultivarla. De pasadita yo le diría que he mandado decir al Ejército, al mismo gobernador, que por favor no fumiguen los sembradíos de amapola porque, aunque no les va a producir gran cosa, pues es una cuestión psicológica. Desde el 4 de octubre  yo le mandé decir al gobernador que no fumigaran para que permitan que los campesinos puedan recuperar algo de su cosecha, pero ellos fumigaron. A mí me dicen en la sierra: ‘Se llevaron la amapola, pero se llevaron también la pera, el limón, el naranjo…’ Se llevaron todo, entonces ¿qué le dejan a esas pobres gentes? Pues de veras tenemos que humanizarnos y que suban y vean cómo vive esa gente y de qué se mantiene.

El 12 de marzo de 2009 fue designado obispo de Huejutla, Hidalgo, por el papa Benedicto XVI; en 2015, el papa Francisco lo nombró obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa.

El 12 de marzo de 2009 fue designado obispo de Huejutla, Hidalgo, por el papa Benedicto XVI; en 2015, el papa Francisco lo nombró obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa. Foto: Eduardo Castellanos.

Arrasan todo

Cuando el prelado se refiere al programa de fumigación aérea que desarrolla el Ejército en la  Sierra Madre del Sur, no es algo menor, porque se utiliza un poderoso herbicida llamado “paraquat”, que destruye las plantas de amapola, pero también los árboles frutales, maizales, sembradíos y todo tipo de follajes que existe en la región, además de que envenena a la fauna local. Por su alta toxicidad y las reacciones que puede presentar en la salud física y mental, desde hace 12 años fue prohibido en 40 países de Europa.

Según informes del Monitoreo de Cultivo de Amapola, elaborado en 2014-2015 por Naciones Unidas y el gobierno de México, en Guerrero se siembra anualmente un total aproximado de 24 mil 500 hectáreas que abarcan 14 municipios de Costa Grande y Tierra Caliente, así como en una media docena de municipios de La Montaña. Esta el la diócesis que le toca al obispo Rangel.

Ante el escenario que describe, ¿qué mensaje le enviaría usted al presidente López Obrador? Pues que debemos ser solidarios con los que menos tienen y que esta gente tanto de la sierra como de La Montaña le agradecerían infinitamente que las instituciones voltearan a ver qué pueden hacer por esos mexicanos, que también son sus hermanos; que hay que tenderles la mano sobre todo en este momento histórico y delicado en que se cayó la goma de opio porque entró el fentanilo y la gente está destruida social y anímicamente.

“Yo les decía que el hambre es la madre de todas las guerras. Ahorita tenemos el conflicto entre Chichihualco y Tlacotepec, en la zona de Filo de Caballo y, pues, ahí vemos que realmente no son comunitarios los que los atacaron. Todos son narcotraficantes y entonces como ya la goma de opio no interesa ¿qué es lo que están buscando ellos? Ahorita lo que vemos es un gran desorden: robos, asaltos, secuestros, extorsiones a las minas, porque de algo se tienen que mantener, (extorsiones) a los madereros, a los negocios, a los transportistas”.

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¿Es otro tipo de delincuencia, no? Pues sí, pero se están volcando contra la población civil. Ahorita la que está sufriendo es la gente común. La conclusión es que la gente tiene hambre, es muy escaso el producto y ya no tienen con qué comprar. A veces hasta rabia me da, hombre. ¿Por qué no se van a asomar, por qué no van a ver? Ora, desplegar tropas en la región para convivir con los invasores, ¿cómo se explica eso? ¿Y qué se hace con un invasor? Se le expulsa. Pero parece que (los comunitarios agresores) están en complacencia con el Ejército y la Policía Estatal. ¿Por qué no sacan a esas gentes? Sólo se trata de que apliquen la ley. Ojalá que pronto veamos un cambio en México, un cambio en la sierra, en La Montaña, en las ciudades, para poder vivir en armonía.

¿Cómo ve usted a La Montaña? Bueno, veo la parte sur de La Montaña pues con bastantes grupos de narcotraficantes y la gente más retrasada en todos sentidos, en la parte cultural, en la parte social, en la parte económica; usted puede transitar de Chilpancingo a La Montaña y ve por toda la carretera a niñitos descalzos vendiendo flores u ofreciendo elotes. No tienen otra cosa de qué vivir. Creo que tenemos que equilibrar la economía para que exista justicia social, algo que me parece muy positivo en el discurso de López Obrador.

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¿Cómo ve la situación en lo general en Guerrero? Yo veo la situación muy difícil en el estado de Guerrero por la cuestión de la inseguridad. Pienso que esto, no sólo en Guerrero, sino en todo México, ya se le salió de las manos al gobierno. Dejaron crecer mucho la delincuencia y el narcotráfico posiblemente por intereses políticos y económicos, eso es claro. El gobierno ha ido creando vacíos de poder y esos vacíos son llenados por los narcotraficantes.

EL OBISPO SALVADOR RANGEL ES UN APASIONADO DE LA ARQUEOLOGÍA CRISTIANA DEBIDO A LOS SEIS AÑOS QUE VIVIÓ EN TIERRA SANTA, DONDE SE INTERESÓ POR LOS DESCUBRIMIENTOS DE QUMRÁN, QUE CONTENÍAN UNOS SEIS MIL DOCUMENTOS
DE TRES MIL 500 AÑOS DE ANTIGÜEDAD.

¿Y cuál sería la salida? ¿Usted qué emprendería ante esta situación? Bueno, hay un principio de filosofía que dice que todo efecto tiene su causa. En el caso concreto de Guerrero observamos que aquí ha faltado una gran labor cultural y educativa. Usted sabe: a la sierra y La Montaña el maestro sube el lunes, empiezan las clases el martes y se regresa el viernes. La estructura de las aulas y las escuelas no son convenientes. En la parte estructural nos ha faltado atender en Guerrero. Otro detalles es la falta de oportunidades de trabajo que puedan desarrollar y por eso la gente se lanzó a la siembra de la amapola y mariguana para poder subsistir. Nos falta mucha infraestructura carretera y de comunicaciones en el estado y sobre todo nos falta mucho la cuestión sanitaria en La Montaña y la sierra.

“Otra cosa que creo que ha afectado mucho a Guerrero es el clientelismo político por parte de los partidos, que a veces ayudan al que va a votar por ellos y esto no ha creado un ambiente muy sano sino más bien rivalidad entre las comunidades”.

¿Los partidos han promovido de alguna manera los conflictos internos en las comunidades? Exactamente, se polariza la situación política y rompen la unidad, el tejido social. Realmente no estamos ante una democracia limpia, sino una democracia comprada, vendida, simulada, por buscar las conveniencias de cada partido político que han creado una ruptura profunda en el tejido social no sólo en Guerrero sino en el país. Lo vimos en las elecciones del primero de julio que la gente ya estábamos cansados —yo también— y enfadados con la actitud de muchos políticos.

“Porque muchos políticos perdieron la vocación polis, que significa la gente, en favor o al servicio del pueblo, sino que fueron buscando los propios intereses o intereses del partido. Y así se le echaron encima a la gente que ya estaba cansada y enfadada. Por eso optamos por otra opción. Ojalá con esta nueva opción nos vaya mejor después del primero de diciembre”.

  • EL DATO. Altamirano, Chilpancingo-Chilapa, Acapulco y Tlapa son las cuatro diócesis en que está dividida la Provincia Eclesiástica de Acapulco.

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