Custodia. Vehículos abandonan el Centro de Detención de Port Isabel el 26 de junio de 2018, en Los Fresnos, Texas.

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Debbie Nathan

naess2@​gmail.com

Las mujeres en Port Isabel caminan en un estado constante de dolor y ansiedad, y algunas presentan estrés postraumático. La mayoría de ellas ha podido hablar muy poco con sus hijos.

Al acercarse el 26 de julio, fecha límite para que el gobierno reúna a tres mil padres migrantes con los hijos que les quitó la administración de Donald Trump con el programa “tolerancia cero”, un centro de detención en el sur de Texas empezó a liberar a algunas personas la semana pasada si pasan las entrevistas de “miedo creíble” en las que explican las razones por las cuales temen regresar a sus países y necesitan recibir asilo. Las personas que siguen detenidas están organizando acciones para protestar por las condiciones tan lastimeras e impropias de su cautiverio y han llegado a tomar medidas extremas como las huelgas de hambre.

El Centro de Servicio de Procesamiento de Port Isabel se encuentra a 57 kilómetros de Brownsville y a unos minutos del Golfo de México, en un camino solo y lleno de baches. El aislamiento de las instalaciones se percibe incluso antes de entrar a este terreno rodeado por un alambrado doble de púas. Según las personas detenidas, en el interior el aislamiento es tan abrumador que muchos han llegado a tomar medidas extremas.

The Intercept tuvo contacto con 24 personas detenidas en Port Isabel desde junio pasado. Todas son mujeres, aunque el centro de detención también alberga hombres. Muchas de ellas se quejan de que se les ha dejado sin el menor contacto con el mundo exterior. En algunas zonas de Port Isabel, dicen, se encienden televisores para pasar telenovelas o partidos de futbol, pero si aparecen noticias de migración, los guardias bajan el volumen o cambian el canal.

Resulta sumamente difícil para los detenidos hablar por teléfono con personas que estén fuera de Port Isabel. Tienen que pagar sus llamadas o lo hace quien las recibe, pero hablar por el teléfono de esta prisión es como hablar por un tubo de papel celofán o de aluminio. Las palabras no logran entenderse y hay que hablar extremadamente despacio, exagerar la dicción y gritar. Mucha gente prefiere colgar.

Todo el mundo se queja de la comida. En una visita a Port Isabel vi cuando le daban a una detenida su lunch reglamentario: dos rebanadas de pan blanco y otras dos de jamón sin condimentos, una pequeña manzana y una botella de 200 mililitros de algo que parece Kool-Aid. El desayuno tiene casi el mismo número de calorías y la cena, también. No hay tentempiés ni café. Absolutamente todos los días se sirve la misma comida. Los detenidos dicen que la comida no les gusta y que además se quedan con hambre. Las mujeres que hablaron con The Intercept dicen que están bajando de peso y las que llegan a recibir algo de dinero que les mandan sus familiares, complementan la dieta de Port Isabel con sopa ramen y comida chatarra que se vende a precios muy inflados en la comisaría. Pero muchas detenidas no tienen dinero.

Teníamos miedo de estar volviéndonos locas. Una mujer contó que una de sus compañeras en el encierro se volvió loca la semana pasada, probablemente porque no podía soportar estar separada de su hijo”.

Testimonio de una persona detenida en el Centro de Port Isabel

Huelgas de hambre y otras medidas desesperadas

Cautiverio. Entrada frontal del Centro de Detención de Port Isabel.  Imagen de Inmigración y Aduanas de EU.

Cautiverio. Entrada frontal del Centro de Detención de Port Isabel.  Imagen de Inmigración y Aduanas de EU.

Algunas detenidas han realizado huelgas de hambre. Una mujer relató que sólo había podido hablar con su hijo una vez en varias semanas de detención.

Estuvo en huelga de hambre dos días. Gracias a eso, cuenta, había podido realizar una llamada diaria durante los tres días previos. Dice que han realizado huelgas de hambre en relevos durante las últimas dos semanas en las que cerca de 15 mujeres dejan de comer durante dos días y luego vuelven a ingerir alimentos, mientras que ayuna otro grupo de mujeres. Port Isabel no ha dado a conocer públicamente el número de personas que tiene detenidas, pero una mujer mencionó que cada dormitorio de mujeres alberga a 25 personas en cinco habitaciones.

Las mujeres en Port Isabel caminan en un estado constante de dolor y ansiedad, y algunas presentan síntomas de desorden de estrés postraumático. La mayoría ha podido hablar muy poco con sus hijos. Una mujer sostiene que la separaron de su hijo de 12 años desde junio y que no ha podido hablar con él ni siquiera una vez, y no sabe en dónde está, sólo que se encuentra en Nueva York. Varias refirieron que no saben qué día o qué fecha es la actual. A pocas horas de haber salido de Port Isabel, una detenida contó que varias mujeres se reunieron para hablar de sus problemas y se dieron cuenta de que tenían dificultades para recordar lo que les había sucedido el día anterior, y decidieron como grupo pedir la ayuda del psicólogo del lugar. “Teníamos miedo de estar volviéndonos locas”, manifestó.

Otra mujer contó que una de sus compañeras en el encierro “se volvió loca” la semana pasada, “probablemente porque ya no podía soportar estar separada de su hijo”. Se puso tan agresiva en la sala común que las otras detenidas se asustaron y la tuvieron que llevar a otro lugar, posiblemente a una celda de aislamiento, donde amenazan con llevar a las mujeres que realizan huelgas de hambre.

Varias mujeres relatan que han hablado con abogados voluntarios, incluyendo los que dan asistencia legal gratuita por medio de organizaciones como KIND o Kids in Need of Defense (Niños que Necesitan Defensa) y PROBAR.

Los abogados les advirtieron a las mujeres que no firmaran los papeles que les presentaran los oficiales del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), porque con esos documentos podrían estar autorizando su deportación con o sin sus hijos. Al parecer, muchas de ellas están siguiendo los consejos de los abogados y no están firmando.

Una mujer refirió que al negarse a firmar, la funcionaria del ICE le gritó, pero aun así no firmó.

Sin embargo, junto con la resistencia, llegó también la desmoralización. Una detenida reportó que una mujer estaba sentada en su cama llorando porque no la habían reunido con su hijo de cuatro años, siendo que la fecha límite para la reunión de los niños menores de cinco años con sus padres ya había pasado. “Le dijeron que se iba a reunir con él en el ‘segundo viaje’”, cuenta la detenida.

La semana pasada, el ICE dio respuesta a preguntas sobre las condiciones en Port Isabel mediante un enlace que envió a correos electrónicos para un comunicado de prensa, diciendo que todos los padres que cumplían las condiciones se habían reunido con sus hijos ese día a las siete de la mañana. Una mujer de Port Isabel expresó que en la madrugada se habían llevado a la madre del niño de cuatro años fuera de las instalaciones. El día anterior, una mujer había estado tratando de consolarla. Eso fue muy difícil porque el reglamento de detenidos no permite que las mujeres se abracen ni siquiera que se sienten en la cama de otra.

El ICE no respondió a las preguntas sobre las huelgas de hambre en Port Isabel.

The Intercept logró entrevistar a dos mujeres que salieron la semana pasada de Port Isabel tras aprobar sus pruebas de credibilidad de miedo. En uno de los casos, la mujer, a quien se le llamará Karin, por temor a represalias, dijo que estaba trabajando para una familia rica que tenía una hija infértil. El patriarca de la familia le comentó a Karin que su hija quería a sus dos hijos porque “nosotros les podemos dar una mejor vida que tú”. Karin protestó y dijo que si le trataban de quitar a sus hijos llamaría a la policía. El hombre se rió, cuenta, y le dijo que ellos controlan a la policía, y que Karin sería arrestada si 
se quejaba.

En La Posada, albergue de la iglesia en San Benito que es a donde llegaron Karin y otra mujer cuando salieron de Port Isabel, se atestigüó el estado en que llegaron las dos mujeres después de haber estado varias semanas detenidas.

Al principio, Karin no podía hablar. 
En lugar de eso, simplemente abrazó a su interlocutora durante un largo rato. La temperatura ambiente era tropical, pero la mujer parecía congelada y como si necesitara que le transmitieran calor. Después de eso, se enderezó y expresó que quería regresar con su hijo a Maryland.

Traducido por Graciela González

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