Alejandro Alemán

En algún momento de El Complot Mongol (Eceiza, 1978), la adaptación a cine de la novela homónima escrita por el periodista y dramaturgo Rafael Bernal (1915-1972), el Lic. Del Valle (Tito Junco) le reclama al Coronel (Claudio Obregón) la contratación del matón Filiberto García (Pedro Armendáriz Jr.) para desenmascarar el supuesto complot chino que busca asesinar al presidente de los Estados Unidos en su visita al México de los años setenta. “No le reprocho su ineficacia, sino lo irregular de su actuación”.

La frase bien podría aplicar a la nueva versión en cine de El Complot Mongol (2019), dirigida esta vez por Sebastián del Amo y que, haciendo gala de uno de sus sellos autorales más característicos, reúne de nueva cuenta a toda una troupe de disímbolos actores mexicanos, desde Bárbara Mori, Chabelo y Eugenio Derbez, hasta Damián Alcázar interpretando al investigador Filiberto García.

La adaptación de una novela como la de Bernal supone un reto importante: el texto se arma a partir de un narrador protagonista que se desliza constantemente hacia el monólogo como herramienta con la cual nuestro anti héroe reflexiona sobre su vida, pincheando a diestra y siniestra y describiendo un México post-revolucionario donde los generales han perdido el poder y los universitarios de traje son ahora los que mandan.

Para su versión de 1978, el realizador español Antonio Eceiza resuelve el dilema con una narración en flashback donde el investigador cuenta sus aventuras a su único amigo, un abogado briagadales (Ernesto Gómez Cruz) que funge como cómplice y confidente. El juego narrativo le sirve a Eceiza para inyectar de vez en vez los monólogos en una construcción fluida pero muy seria: Pedro Armendáriz interpreta a un Filiberto García siempre adusto y enojado (“pinches chinos”, “pinche intriga internacional”) en una película que juega más al hard boiled que al humor. En todo caso, Eceiza se empeña en que su protagonista deje en claro la burla del sistema mexicano, donde las leyes “son para los pobres” y donde los matones ya no dan balazo de oquis sino “con permiso del licenciado”.

Cuarenta años después (¡pinches comparaciones!), Sebastián del Amo se encuentra con el mismo dilema y lo resuelve de una manera no muy elegante; su protagonista (Damián Alcázar) pasará todo el tiempo rompiendo la cuarta pared, guiñando el ojo, y literalmente hablando con nosotros, el público, monologando de igual forma que en la novela original.

El recurso no sería reprochable si no fuera por el exceso, al cual se le añade una cámara siempre en close-up sostenido, el uso de colores chillantes (cual película de superhéroe), así como el tedioso uso del campo y contracampo. El 80% del tiempo tenemos a los mismos tres personajes, siempre en close-up, hablando directamente hacia la cámara, cambiando únicamente de locación: la cantina, el parque y luego otra vez la cantina. Una estructura que no precisamente abona al interés del respetable (¡pinche monotonía!).

Afortunadamente El Complot Mongol de Del Amo está más cercana a su divertida ópera prima El fantástico mundo de Juan Orol (2012) que de aquel desastre que fuera Cantinflas (2014). Así, lo atractivo de esta versión lo aporta no el armado de la cinta sino su reparto: un chocarrero Damián Alcázar (disfrutando su papel), un chistoso Xavier López como el General (supongo no es coincidencia que Chabelo sea aquí un militar), dos torpes agentes de la KGB y la CIA (Moisés Arizmendi y Ari Brickman), una irreconocible pero encantadora Bárbara Mori, un sobresaliente Roberto Sosa, así como un cameo de Hugo Stiglitz que sirve únicamente para que el director se burle de Tarantino (quien definitivamente verá esta película).

El poco humor que brota de esta película es a causa de sus actores, pero no así del guión, mismo que siembra a diestra y siniestra estereotipos que muestran una pobreza argumental terrible.

No se reprocha su ineficiencia, sino su irregularidad. El Complot Mongol de Del Amo no aporta mucho humor ni tampoco mucha sátira pero al menos, así sea por momentos, se disfruta por algunas de las actuaciones, mismas que merecían una mejor película.

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