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Oscar Santillán

Para que la emblemática Plaza Artz se erigiera y con ello albergara a tiendas de lujo como Louis Vuitton, Dior, Gucci y Prada, primero tuvo que ocurrir un ecocidio. Y es que en el predio donde se construyó la plaza comercial fueron derribados, sin autorización federal, 20 cedros blancos, una especie que se encuentra sujeta a protección especial por parte de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), porque está en peligro de extinción.

Un vecino de Jardines del Pedregal trató de impedirlo, según consta en un amparo interpuesto en 2014 ante el juez octavo de distrito en materia administrativa al que tuvo acceso ejecentral, pero las autoridades capitalinas ayudaron a la empresa Sordo Madaleno a sortear el problema.

›Los cuestionamientos sobre la construcción de esta plaza comercial de gran lujo cobraron vigencia el pasado 12 de julio, ante el derrumbe de parte de su estructura, lo que ha provocado que todas las tiendas permanezcan cerradas desde entonces.
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Error de cálculo. El mal diseño en la fachada de Plaza Artz fue lo que provocó que esa parte colapsara el pasado 12 de julio, según peritajes de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) capitalina. Foto: Cuartoscuro

La NOM-059-SEMARNAT-2010 establece que el cedro blanco o cupressus lusitánica está listado bajo la categoría de Protección Especial (Pr); es decir, es una especie que se le debe propiciar su recuperación o conservación.

Pero eso no importó a la hora de desarrollar el centro comercial. De acuerdo con el amparo, la Secretaría de Medio Ambiente capitalina (Sedema) expidió la autorización de impacto ambiental SEDEMA/DGRA/002279/ 2013, el 25 de junio de 2013, en el que autorizó el derribo de mil 218 árboles —de los cuales por lo menos 20 eran cedros blancos— y el retiro de 129 que ya estaban “muertos” para lo cual determinó un pago de 9 millones 412 mil 218 pesos.

Pero en el caso de los cedros blancos, expuso el juzgador, la Sedema —que desde entonces encabeza Tanya Müller—, debió solicitar un permiso a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), para saber cuál era el manejo que requerían las especies con protección especial, pero no existe prueba alguna que lo hubiera hecho como lo ordena la ley.

Como se adelantó, en todo caso quien resulta encargada de determinar las medidas idóneas respecto al tratamiento de dicha especie de protección especial es la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales y no las autoridades del gobierno de la Ciudad de México”, especificó el juez.

Y es que conforme a los artículos 99 de la Ley General de Desarrollo Forestal, que en 2014 estaba aún vigente, y 85 de la Ley General de Vida Silvestre, para el derribo de los cedros blancos se debió evidenciar que su “derribo u aprovechamiento” iba dirigido a lograr su conservación, además de contar previamente con la autorización de la Semarnat. “Situación que de autos no se desprende que haya acontecido. Máxime que de la revisión del anexo 7 de la manifestación de impacto ambiental se desprende que la gran mayoría de los árboles derribados se encontraban vivos y en un estado de conservación regular”, determinó el juez.

El artículo 85 de la Ley General de Vida Silvestre establece que para autorizar el aprovechamiento de ejemplares en riesgo sólo se otorgará cuando se priorice la colecta y captura para actividades de restauración, repoblamiento, reintroducción e investigación científica. “Cualquier otro aprovechamiento, en el caso de poblaciones en peligro de extinción y amenazadas, estará sujeto a que se demuestre… que los ejemplares sean producto de la reproducción controlada, que a su vez contribuya con el desarrollo de poblaciones en programas, proyectos o acciones avaladas por la Secretaría”.

En tanto que en el artículo 99 de la Ley General de Desarrollo Forestal se plantea que solamente se puede autorizar el aprovechamiento de especies sujetas a protección especial cuando se prioricen actividades de restauración, repoblamiento y reintroducción que “demuestren que se contrarresta el riesgo citado”.

Además la empresa Sordo Madaleno ofreció como medida compensatoria la reposición de 305 cedros blancos dentro de su programa de arquitectura, no obstante dicho programa no contaba con el espacio suficiente, se expone en el amparo. Por otra parte, la empresa acreditó haber entregado a la Dirección de Reforestación Urbana, Parques y Ciclovías de la Sedema, 23 mil 600 árboles, pero ninguno de ellos era de la especie cedro blanco.

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Permisos. La Sedema dio su aval en 2013 a la manifestación de impacto
ambiental que autorizó el derribo de mil 218 árboles en la zona de la plaza. Foto: www.archdaily.mx

¿El 6% rescatado?

De acuerdo con la manifestación de impacto ambiental de la Sedema, en el predio de Plaza Artz habían 63 cedros blancos de los cuales se autorizó el derribo de 20, la poda de 39 y el trasplante de cuatro, lo que representa el 6% del total.

“Al momento de la observación al interior del predio objeto de estudio la vegetación encontrada consistió en 35 ejemplares cupressus lusitánica, siete ejemplares de tepozán, cinco ejemplares de capulín de pirul, dando un total de 58 ejemplares, cabe señalar que esta vegetación se encuentra en la periferia del predio, específicamente en la pared norte y este.

Lo anterior corrobora la existencia de algunos ejemplares de las especies mencionadas en el Anexo 7 de la manifestación de impacto ambiental”, señaló el juez.

En entrevista con ejecentral, Ana Angélica Cervantes Maldonado, especialista en especies prioritarias de la Dirección General de Análisis y Prioridades de la Conabio, explicó que la categoría de protección especial es precautoria; es decir, dado que el cedro blanco pudiera estar en riesgo, con ello se determinan acciones que fomentan su conservación.

“La protección legal consiste en que no pueden ser aprovechados más que bajo los esquemas que dicta la Ley General de Vida Silvestre, que es la que se encarga del aprovechamiento de las especies que están en riesgo y bajo los lineamientos también de la Ley General de Equilibrio Ecológico y de Protección al Ambiente. Digamos que son las dos instancias que regulan un posible aprovechamiento sobre estas especies”, detalló.

›Cervantes Maldonado comentó que al cedro blanco se le ha utilizado para controlar la erosión de los suelos y como barrera rompevientos en sitios muy airosos y también para sombra y refugio de fauna silvestre. “En general, la vegetación, pero más los árboles, lo que hacen con sus raíces es retener el suelo para evitar por ejemplo que las lluvias torrenciales justamente arrastren ese suelo y de esta manera es como logran el control de la erosión”.

Para Gonzalo Chapela, miembro del consejo directivo del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CMSSO), es preocupante que la Ciudad de México pierda áreas verdes en pos del crecimiento inmobiliario y comercial. “Creo que la problemática radica en la importancia que tiene un árbol dentro de una ciudad que cada día está más copada, donde las áreas verdes se convierten en malls y donde no hay espacios de esparcimiento”.

En promedio, dijo, cada habitante de la ciudad debería tener nueve metros cuadrados de área verde, pero lo que realmente se tiene es un metro y medio. “Se necesita espacio, se necesitan los árboles por sus servicios ambientales”.

Vecinos acusan riesgos

Para una vecina afectada por la construcción de Plaza Artz, y quien decidió no dar su nombre por miedo a represalias, las medidas de mitigación ambiental determinadas por la Sedema no los favorecieron. “Hasta hoy no se ha hecho la mitigación de los daños”, sostuvo.

Por otra parte, argumentó que el pago de más de nueve millones de pesos tampoco resultó favorable para la gente que vive en la zona donde se desarrolló Plaza Artz, puesto que los recursos entraron a las arcas del gobierno capitalino y no se redestinaron a Jardines del Pedregal.

“Ese dinero fue pagado en tesorería al Gobierno de la Ciudad de México y con ello cubrieron sólo el gasto corriente de la Ciudad de México”, dijo la vecina en alusión a las compensaciones económicas.

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