Foto: ejecentral

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María Idalia Gómez, Jonathan Nácar y Tomás de la Rosa

Desde hace más de 70 años el gobierno de Estados Unidos ha acariciado la idea de tener una vía estratégica en el Istmo de Tehuantepec. En 1962, los presidentes John F. Kennedy y Adolfo López Mateos discutieron esa posibilidad, justo en el auge de la explotación de los campos petrolíferos mexicanos.

“En resumen, la expansión industrial de México requiere energía básica en abundancia que puede ser suministrada de la mejor manera por el petróleo. Los intereses de (el empresario estadounidense Edwin W.) Pauley han descubierto reservas, para Petróleos Mexicanos, con un valor de producto bruto de 384,600,000 dólares. 

“Es probable que una de las áreas con mayor potencial de petróleo en México yace aguas afuera del Istmo de Tehuantepec, en un área entregada por un contrato válido a Pauley, pero con los permisos de perforación detenidos por cuestiones políticas más que legales. Estamos listos para invertir de manera sustancial para explotar esta área para Petróleos Mexicanos dentro del marco de nuestro contrato y para ofrecer ayuda a la conclusión de otros proyectos de Petróleos Mexicanos”, se lee en uno de los documentos de Kennedy.

›Medio siglo después, el Istmo de Tehuantepec —rico en productos petrolíferos, gas y maderables— sigue siendo considerado estratégico para Estados Unidos. Pero ahora se suma las instalación de una frontera táctica, de contención, para frenar la inmigración desde Centroamérica.

Así, ese sueño que se planteó en la década de los 60 se está volviendo realidad y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador abrió esa posibilidad. El miércoles 27 de marzo, tras haber sostenido una reunión en Miami con Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional del gobierno estadounidense, la encargada de la política interior de México, Olga Sánchez Cordero, anunció que en los 200 kilómetros que comprende el Istmo de Tehuantepec se ubicarían instalaciones migratorias con personal de Policía Federal y Protección Civil, coordinadas con otras instancias federales “de tal suerte que tengamos precisamente la contención (de migrantes) en el Istmo de Tehuantepec”. 

“Ese va a ser el gran cambio, es decir, no vamos a militarizar nuestra frontera sur que, quede claro, y así se lo expresé a la señora Nielsen, tampoco vamos a seguir dando las visas humanitarias de manera masiva. Vamos a dar permisos, permisos temporales de visitante y de trabajo, en toda la zona sureste de nuestro país, ordenadamente y también de forma segura”, explicó Sánchez Cordero.

Una semana después, la postura de la secretaria siguió teniendo eco. El 2 de abril, el presidente Donald Trump publicó en redes sociales: “Después de muchos años (décadas), México está apretando a un gran número de personas en su frontera sur, en su mayoría de Guatemala, Honduras y El Salvador. Todos han estado tomando dinero de Estados Unidos, durante años, sin hacer absolutamente nada por nosotros, ¡al igual que los demócratas en el Congreso!” 

Las pretensiones históricas de Estados Unidos se encuentran expuestas en los documentos desclasificados del presidente John F. Kennedy, que fueron revisados por ejecentral y en los que se muestran cómo los estadounidenses hicieron los estudios más profundos de la época para hacer un canal y luego ubicar los yacimientos petrolíferos que pudieran usar.

El añorado canal

Antes de viajar a México, el equipo del presidente Kennedy le entregó una serie de documentos sobre los temas de interés para Estados Unidos. Entre las carpetas había información, que ahora en su archivo aparece clasificado como Canales del Istmo, el petróleo y el gas, de junio de 1962

La información ahora desclasificada muestra cómo los estadounidenses habían hecho estudios muy profundos sobre Istmo de Tehuantepec para convertirlo en canal de paso y unir los dos mares.

“En 1947 se realizó una serie de estudios para determinar los sitios potenciales para construir  canales a través de un istmo. Se encontraron 25 en total. En 1959, se ahondaron estos estudios y se prepararon estimaciones de costos e ingeniería para la construcción de canales a nivel del mar. En 1960, se realizaron cálculos adicionales para considerar los estimados para la construcción utilizando explosivos nucleares. Se presentó entonces un programa de nueve años para realizar una construcción nuclear”, plantea el primer documento.

Como ruta uno aparecía el Istmo de Tehuantepec, que era la más costosa, más de dos mil millones de dólares, pero ofrecía “una ruta considerablemente más corta para la navegación del Pacífico del norte al Atlántico del norte”. 

Una carta firmada por el magnate petrolero y dirigente demócrata, Edwin W. Pauley —del 25 de junio de 1962 y dirigida a Kennedy, con motivo de su visita oficial a México para encontrarse con el presidente Adolfo López Mateos— hace referencia a ese estudio sobre el canal.

Pauley recomendaba a Kennedy “abrir tierra, a través de métodos de explosión de energía nuclear o de hidrógeno” para consolidar un canal que atravesara el Istmo de Tehuantepec, con la finalidad de explotar las riquezas en materia petrolífera que habían detectado en la región. 

El aval, según consta en el documento, lo daba el propio ingeniero Pascual Gutiérrez Roldán, entonces director de Petróleos Mexicanos (Pemex), quien según Pauley había expresado su deseo de construir dicho canal. Argumentaba que la viabilidad del proyecto se sustentaba en los estudios practicados a otros cinco puntos ubicados en Panamá, Nicaragua y Colombia, de acuerdo a un documento elaborado por John Foster, entonces director de la Universidad de California en Livermore.

“Considero la posibilidad de que pudiera comentar este asunto con el presidente López Mateos, ya que se me ha informado que se ha mostrado de acuerdo con el principio de que este canal se construya”, señala Edwin W. Pauley en su carta. 

El interés de Pauley en Tabasco representaba el de Estados Unidos. “Nuestro trabajo en el Istmo de Tehuantepec llevó al descubrimiento de tres campos mar adentro, de los cuales el campo de Santa Ana es el mayor. Aunque no se ha explorado ni la mitad, se han comprobado 130 millones de barriles, con un valor estimado de 286 millones de dólares y un potencial de excedentes de 500 millones de barriles. 

“En la actualidad, el campo de Santa Ana produce cerca de 17,000 barriles diarios. Este petróleo, al igual que el gas mencionado anteriormente, es propiedad de Petróleos Mexicanos, pero lo descubrimos bajo nuestro propio riesgo y con nuestro gasto inicial. Hasta la fecha nuestros gastos dan un total de 80,000,000 de dólares, de los cuales 35,000,000 se gastaron en descubrimiento y desarrollo del campo mar adentro de Santa Ana”, detalla el documento desclasificado.

Es por ello, sugiere el documento, “la visita del presidente Kennedy a México puede ser la ocasión para llevar a cabo conversaciones con el presidente López Mateos referentes a la economía mexicana en relación a la ayuda financiera”. 

El director de Pemex que cita el magnate estadounidense era Pascual Gutiérrez Roldán, quien conocía muy bien el sector público al haber sido director del Banco Capitalizador del Ahorro y del Banco Popular de Crédito, también de Altos Hornos de México, y de crédito de la Secretaría de Hacienda; así como de Aceros Nacionales. 

Poco antes de dejar la administración pública, Gutiérrez Roldán fundó Idesa, empresa enfocada en petroquímica, y que ahora manejan sus hijos Fernando Janitzio, Patricia, Guillermo y Elisa Margarita, esta última esposa del actual secretario de Comunicación y Transportes, Javier Jiménez Espriú. Y es la misma compañía que participó en la construcción de Etileno XXI en Veracruz, en asociación con la brasileña Braskem, filial de Odebrecht. 

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