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Viernes 26 de diciembre, 2014 | 10:29 pm

El kamikaze

Si la política es el arte de la construcción de consensos y acuerdos para lograr resultados, ¿por qué Gustavo Madero se suicidó y quiere llevarse con él al presidente Enrique Peña Nieto? El líder nacional del PAN jugó los 10 últimos días en forma de kamikaze, desde que anunció que pensaba relevar a Ernesto Cordero de la coordinación de panistas en el Senado, hasta el golpe cuando lo destituyó. Cordero pensaba que su remoción era inevitable, pero después de las elecciones del 7 de julio. “No se atrevería a hacerlo antes”, decía. Pero Madero lo engañó con la verdad y se desató una crisis que aún no toca fondo.

 

La crisis va más allá del PAN. De 38 senadores, al menos 24 están con Cordero y escasos seis respaldan al nuevo coordinador, Luis Jorge Preciado. El resto, que  mantiene agravios con alguno de los dos grupos, es impredecible. Madero logrará control del presupuesto en el Senado y el poder para sostener o destituir a los corderistas que ocupen presidencias de comisión. Dinero y poder para proyectos futuros los inhibirá a que se declaren independientes, pero aunque se mantengan en la fracción, aún no se sabe si jugarán como oposición responsable o de vendetta.
 
 
Madero adelantó el relevo de Cordero, quien cuestionaba sistemáticamente el liderazgo del presidente del partido, mientras que sus cercanos, como Javier Lozano, o como Luisa María Calderón, hermana del ex Presidente, lo insultaban abiertamente. Ese bloque, como sugiere Madero, se dedicó a obstruir las reformas cocinadas en el Pacto por México. Quiso frenar la Ley de Víctimas y no quería la Ley de Amparo. Detuvo el periodo extraordinario para sacar la Reforma Financiera, y casi saboteó la de Telecomunicaciones.
 
 
Pero al arrebatarle el liderazgo y retomar el control sobre los líderes camerales –el de Luis Alberto Villarreal en la Cámara de Diputados, es incondicional-, Madero introdujo un dilema dentro del Senado: con quién podrán negociar en el PAN que garantice que los acuerdos se cumplan. Los coordinadores Emilio Gamboa del PRI, Miguel Barbosa del PRD y Cordero, establecieron desde un principio la regla de oro que bajo ningún motivo negociarían con un senador de otra bancada. Al llegar Preciado, la ecuación cambia radicalmente porque el muy rasposo proceso de relevo de coordinador dividió a la bancada del PAN.
 
 
Cuestión de aritmética. Si Cordero tiene al menos el apoyo de 24 senadores, lo mejor que puede ofrecer Preciado es de cualquier forma limitado. Si Gamboa y Barbosa mantienen su regla de oro, en las condiciones actuales no podrán sacar adelante ni los acuerdos ni los votos que necesiten para otras reformas. Preciado no tiene, en este momento, la interlocución con la bancada del PAN que le de valor a su palabra y compromiso y que pueda responder a las decisiones que apoye Madero en el Pacto por México.
 
 
No está claro si Madero calculó este cambio de dinámica en el Senado y sus posibles consecuencias, pero por lo que comentaron sus cercanos tras la destitución, esta variable nunca la pensaron. Al trasladar el conflicto por el poder en el PAN al Pacto por México, y procesar sus diferencias en el Senado, Madero ganó en lo inmediato, pero es Cordero quien tiene a Madero y Preciado como rehenes, y secuestra de alguna manera al Pacto, que se contaminó con el conflicto en el PAN. Preciado no es un político improvisado pero carece de gravitas en el Senado. Esto tampoco lo vieron en Los Pinos cuando animaron a Madero a destituir a Cordero.
 
 
La operación política fue exitosa en lo táctico, pero apunta hacia el desastre en lo estratégico. Sin embargo, hay una forma de salvar a Madero, controlar el daño en el Pacto y ayudar a Peña Nieto a conseguir el respaldo panista suficiente para sacar adelante las reformas energética, financiera y fiscal que vienen en otoño: que el PAN mantenga la gubernatura de Baja California. No sería algo nuevo. Pasó en 1989 cuando el ex presidente Carlos Salinas la canjeó por el apoyo del PAN a sus reformas económicas. El escenario se repite una vez más. Después de todo, la historia siempre es cíclica y para el Presidente, las reformas estructurales bien valen Baja California.
 
 
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Raymundo Riva Palacio | Lunes 27 de mayo, 2013