Alejandro Alemán

El pintor y crítico de cine Manny Farber (1917-2008) acuñó el término “arte termita” que, entre otras cosas, definía al cine que con pocos recursos apuntaba hacia varias aristas, provocando ideas que se cuelan en el espectador por días. 

A sus 73 años de edad, la cineasta Claire Denis todavía provoca esos efectos “termita” en aquellos que ven su obra. Maestra de las atmósferas, Denis es una directora que no duda en llevar a su público por los lugares más oscuros de la psique y el devenir humano.

Para su más reciente filme, High Life (Estados Unidos, 2018) la veterana directora experimenta terrenos que le son nuevos: es su primera cinta hablada en inglés y también la primera del género de Sci-Fi.

La cámara se llena de color verde, un jardín magnífico pronto revela que estamos en una nave espacial, no hay nadie alrededor, pero a lo lejos se escucha un bebé llorando. Eventualmente aparece el padre de la criatura, Monte (Robert Pattinson), último tripulante de una nave originalmente poblada por criminales condenados a cadena perpetua.

A modo de flashback, poco a poco nos enteramos de que la tripulación fue seleccionada para un experimento espacial bajo la promesa de que al volver serían absueltos de todo cargo. Pronto se dan cuenta de la trampa: la misión nunca ha tenido el objetivo de regresar.

¿Qué queda por hacer en esta cárcel espacial autosustentable? La respuesta es: sexo. La Dr. Dibs (perturbadora Juliette Binoche) manipula a los tripulantes para conducir experimentos que buscan dar a luz a un ser humano en el espacio exterior. 

Y aquí inicia el “arte termita”: la forma en cómo las imágenes y las metáforas nos hacen especular sobre el significado. ¿Una crítica a la frustración de la vida hipertecnológica (“estamos en una misión suicida de primera clase”)?, ¿el sexo como único escape a esas frustraciones?, ¿la ternura que surge de un alma criminal al engendrar vida?

La pulsión erótica abunda, desde la llamada “Box” (un cuarto con juguetitos sexuales donde los tripulantes van a desfogarse), la sed de semen de la Dr. Dibs o esa cámara de Yorick Le Saux que, sin pudor, busca el encuadre ideal para la barbilla cuadrada y el rostro hermoso de un Pattinson que no deja duda sobre sus capacidades como actor (¡por supuesto que éste hombre podría ser Batman!).

Como buena cinta de ciencia ficción son reconocibles las trazas a muchas cintas del género, destacando Alien (1979) de Ridley Scott. La diferencia es que aquí la peligrosa bestia depredadora es el hombre mismo. 

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