Alejandro Alemán

¿A quién no le ha pasado? Van a una tienda y al día siguiente aparecen en internet anuncios de esa tienda. O buscan en Google un destino para vacacionar y luego en YouTube se muestra publicidad sobre viajes. 

Es un hecho, las grandes corporaciones como Facebook y Google recolectan día a día nuestros datos: saben qué libros leemos, a qué restaurantes vamos, cuántas horas hemos caminado, qué noticias nos indignan y cuáles nos agradan. Tienen un mapa de nuestra personalidad, nuestras aficiones y nuestros miedos. 

Lo peor de todo es que esos datos, que hoy en día valen más que el petróleo, se los dimos nosotros a voluntad y con gusto. 

Dirigido por Karim Amer y Jehane Noujaim, The Great Hack (documental exclusivo de Netflix) es el asombroso (por perturbador) seguimiento de los hechos que llevaron a la poderosa empresa, Cambridge Analytica, a su quiebra y posterior disolución, luego de su probada responsabilidad en la campaña de Donald Trump a la presidencia y su posible participación en la campaña del Brexit en Londres. 

¿Cómo lo hicieron? Con nuestros datos, provistos por Facebook. Mediante los llamados data points de cada votante, identificaron a los indecisos para luego bombardearlos con campañas antiHillary. La efectividad del método quedó comprobada. 

Trump fue apenas el inicio, Cambridge Analytica hizo lo mismo en Inglaterra, en el Congo, en Brasil y sabrá cuántas naciones más (¿México?). Los datos de Facebook y el poder de análisis de Analytica ponen o quitan candidatos.

El documental gira en torno dos personajes: David Carroll, profesor experto en estos temas y que demandó en la corte inglesa a Cambridge Analytica solicitando que le regresaran sus datos personales. Al otro extremo está Brittany Kaiser, personaje maquiavélico, siempre del lado que sople el viento, que luego de trabajar en Analytica se dice arrepentida y dispuesta a contar su verdad. 

El gran mérito de The Great Hack es subrayar el peligro de que empresas como Facebook (o Google) tengan nuestros datos y los usen para estas campañas políticas basadas en sembrar miedo. Las datos personales son los nuevos derechos humanos.

“Divide y vencerás”, dice el viejo adagio, y es justo lo que estas empresas —las “benditas redes”— ofrecen a los políticos: un método para dividir a las naciones y hacerlas más manipulables. Ayer se llamaba Cambridge Analytica, hoy puede tener otro nombre, pero la incertidumbre es la misma: siendo esta la realidad tecnológica, ¿podemos confiar en que alguna vez volvamos a tener elecciones limpias?  

Compartir