Lourdes Mendoza

Pachuca fue el escenario de una tarde de destapes, de apoyos cruzados, de compromisos recordados y de una insensatez ilimitada por el poder. ¡Así, cómo lo están leyendo! De Atlacomulco con el PRI a Hidalgo con Morena.

Ni duda cabe que el poder es el objetivo intrínseco de la política.

Fue la senadora con licencia y secretaria de Gobernación en funciones, Olga Sánchez Cordero, quien marcó línea con la iniciativa —que consideró histórica— por la representación paritaria en el Congreso y en todos los cargos de gobierno y del Estado.

Su mensaje fue claro y con destinatario visible. Martí Batres, flanqueado por la presidenta nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, y el gobernador priista de Hidalgo, Omar Fayad, inquieto, no evitó ocultar un mohín de sorpresa. 

Antes, Martí Batres habría sonreído y festejado con hilaridad el tropezón de su compañera de bancada, la senadora María Merced González, quien, quesque por los nervios lo presentó como “Presidente de la República”, cuando es titular de la Mesa Directiva del Senado. ¡Quiúboles!

Con sus palabras, la secretaria hizo hincapié en que es el momento de cumplir uno de los compromisos más importantes asumidos por la Cuarta Transformación: la integración igualitaria, mujeres y hombres, de los órganos de gobierno, del Poder Judicial, de los municipios y particularmente de las Cámaras del Congreso de la Unión.

Sin embrago y en paralelo, se percibe que la intentona de reelección en la Mesa Directiva del Senado de la República por parte de Batres, le pega directo y de frente al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Aspirar a repetir en el cargo durante el presente sexenio es como soplarle al jocoque —dijera el filósofo de Güemes— porque se quema con la leche…

Sí señores, las señales del actual presidente de la Mesa Directiva de la cámara alta, Martí Batres Guadarrama, va en contra del Presidente de la República, no sólo por el miedo que hay entre propios y extraños de que se le antoje reelegirse, a pesar de que apenas en marzo pasado ratificó su compromiso de no pretender eternizarse en el cargo y firmó una carta —la misma que prometió refrendar ante notario público— porque se dijo “inspirado por ideales y convicciones, no por la ambición al poder”.  Sino, peor aún, después de lo visto en Baja California, extendiéndole el mandato de dos a cinco años al morenista Jaime Bonilla.

Leído lo anterior, y le guste o no a Martí, y lo recuerde o se le olvide o simplemente crea que es figura decorativa, sigue vigente el precepto maderista de “sufragio efectivo, no reelección”. 

En el cambio de régimen y de sistema que estamos viviendo siempre habrá tareas pendientes. Pero como si se tratara de completar ciclos, los dirigentes nunca se irían, porque invariablemente algo quedaría por hacer. ¿Congruencia o tentación de Batres?

Lo peor es que con su protagonismo y su avaricia de poder, desvía la atención de los verdaderos temas relevantes del Senado y en la agenda aún quedan muchísimos temas pendientes para los meses que vienen.

Es en esta contraposición, entre los objetivos de la persona y su situación en su momento histórico y en la solución que se le dé, que se distingue a los líderes que son verdaderamente grandes.

En fin, la LXIX Legislatura ha sido llamada de las mujeres, de la paridad, del género. ¿Entones, en qué quedamos? Lo más correcto es que sea una mujer quien presida la Mesa Directiva en el segundo año de la Legislatura.

Para ello ya levantaron la mano tres mujeres morenas: Mónica Fernández Balboa, Ana Lilia Rivera e Imelda Castro Castro. Las tres han dicho alto y quedito que les interesa la encomienda. Ahora, esperemos las urnas transparentes y la decisión de la mayoría de la bancada para que los dichos se cumplan con los hechos. Aunque también se escucha y se lee que a doña Olga… le ofrecieron ese puesto. 

Compartir