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Tomás de la Rosa


tdelarosa@ejecentral.com.mx

Con todo y los ataques mediáticos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra México y la incertidumbre del cambio de régimen político, el riesgo país se mantiene en niveles máximos en al menos 20 años. Los inversionistas obtienen rendimientos del orden de cinco puntos por arriba de lo que ganarían en la Unión Americana y para México representa un tipo de cambio por debajo de los 20 pesos por dólar desde la segunda quincena de diciembre, en operaciones al mayoreo.

¿Qué es? El riesgo país es un indicador que mide la probabilidad de que un país logre o no pagar los vencimientos de sus obligaciones, tales como su deuda externa o créditos internacionales.


Para el director de Análisis y Estrategia Bursátil en Monex Grupo Financiero, Carlos González Tabares, lo que los inversionistas extranjeros buscan es recibir tasas de interés que obtendrían en su país, más un premio adicional.

“Hay varias formas de medir el riesgo país, uno de ellos lo hace JP Morgan (con el Emerging Market Bond Index, EMBI) y otra forma es con el diferencial de tasa de interés” entre distintos instrumentos financieros emitidos por los gobierno de Estados Unidos y México, dice González Tabares.

Para el director de Análisis Económico y Bursátil de CI Banco, Jorge Gordillo Arias, en México “el diferencial de tasas de interés con Estados Unidos está en el nivel más alto de los últimos 20 años, son más de cinco puntos porcentuales”.

Según los pronósticos de Grupo Financiero Banorte, en promedio, en el primer trimestre del año ese diferencial se ubicó en 590 puntos base. Esto porque la tasa de interés del bono mexicano a 10 años paga un premio de 8.55%, mientras que su par emitido por el gobierno estadounidense tuvo un rendimiento promedio de 2.65 por ciento.

Banorte estima que en el segundo trimestre del año el diferencial será de 568 puntos base; de 555 puntos en el tercer trimestre y de 560 puntos para el último periodo de 2019. Es importante señalar que 100 puntos base es un 1 por ciento.

Capital especulativo sigue a AMLO

Una revisión de los siete primeros meses que incluyen las elecciones, la transición y el primer trimestre de las últimas cinco administraciones, desde Ernesto Zedillo hasta Andrés Manuel López Obrador, muestra que todos presentan alta volatilidad en la inversión de portafolio.

Sin embargo, la mayor atracción del llamado capital golondrino fue con Enrique Peña Nieto, incluso en su administración se tiene el registro máximo de las últimas dos décadas.

En ese periodo de siete meses, con Peña Nieto se registraron flujos por 1.03 billones de pesos. En segundo lugar está López Obrador con 47 mil 779 millones de pesos; con Ernesto Zedillo hubo una entrada promedio de 30 mil 482 millones; con Vicente Fox el flujo de esos siete meses fue de nueve mil 601 millones y con Felipe Calderón hubo una salida de 17 mil 985 millones de pesos.

Al cierre de enero de 2015, el día 31, Banco de México (Banxico) registró un saldo de 5,157,853 millones de pesos (aproximadamente 5.16 billones de pesos), monto a valor presente a la primera quincena de marzo, de valores emitidos por el gobierno federal en manos de residentes en el extranjero. Al 27 de marzo pasado, el saldo fue de 4.45 billones de pesos o el 18% del PIB. Lo que muestra que sigue siendo muy atractivo el mercado mexicano para los inversionistas extranjeros.

En el caso de López Obrador, al momento de la elección el spread (diferencial de tasas) mostró cierta tranquilidad; sin embargo, dos semanas el riesgo país se disparó a 618 puntos base, el nivel más alto por lo menos en las últimas dos décadas.

Un elemento que favoreció al nuevo presidente fue la decisión del presupuesto, porque fue interpretado por los especialistas como una decisión responsable; pero la incertidumbre continúa y el diferencial se mantiene en máximos.

Se disipa la tormenta perfecta

El incremento del riesgo país o diferencias de tasas de interés que atrae el capital golondrino repuntó desde 2015, entre otras cosas por el inicio del proceso electoral en Estados Unidos en ese año. Por ejemplo, el ataque verbal de Trump en agosto de ese año, cuando dijo que obligaría a México a construir el muro fronterizo con el país que consume el 80% de la producción manufactura que se produce y exporta al mundo, generó incertidumbre entre los inversionistas y esto aumentó el riesgo país.

Otro elemento de volatilidad fueron las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y la decisiones de política monetaria de Estados Unidos de incrementar tasas de interés e inyectar recursos al mercado para reactivar la economía de ese país. El efecto de esos ingredientes, dice Gordillo, era lo que el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, llamaba la “tormenta perfecta”.

El banquero comentó que Carstens decía que en el momento que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos empezará a incrementar tasas de interés y retirara liquidez del mercado, “México viviría la tormenta perfecta”. Por los efectos negativos en la moneda mexicana y en la inflación.

›El año pasado, la Fed inició ese proceso de alza de tasas y con ello el tipo de cambio superó varias veces la cotización de los 20 pesos por dólar. Además, influyó el llamado “gasolinazo” de Peña Nieto en 2017. Los niveles de 20 pesos por dólar,  ya con López Obrador como presidente electo, regresaron cuando anunció la cancelación del aeropuerto en Texcoco, en octubre de 2018, fecha en que la Bolsa Mexicana de Valores también registró un desplome histórico.

Para contener la inflación en el país, “Banco de México fue agresivo en su política monetaria, porque tuvo un choque inflacionario con el tema de las gasolinas en 2017 y tuvo que aplicar una política monetaria mucho más restrictiva para poder controlar la inflación”, explicó la directora de Análisis y Estrategia en Intercam Banco, Alejandra Marcos.

Las palabras de la estratega bursátil se confirman con los datos de Banxico, que de 2016 hasta julio de 2017 aumentó la tasa de referencia de 3.0% a 7.25%. Actualmente, desde el cierre de 2018 se ubica en 8.25 por ciento.

Sin embargo, de acuerdo con los tres entrevistados, el peligro de la “tormenta perfecta” se disipó de momento, ya que ante la desaceleración económica global que ya ha dado señales, la Fed no sólo detuvo el alza de tasas, sino que incluso podría empezar a reducirlas.

Marcos sostuvo que, ante el actual escenario, en el segundo semestre del año Banxico podría aplicar una política monetaria más flexible, porque “la inflación está muy cerca de su objetivo y porque en la economía viene perdiendo dinamismo. Esa combinación dará suficiente holgura al banco central para recortar tasas al final de año”.

Ese recorte, tendrá un efecto positivo para la población en general que utiliza servicios bancarios. Sin embargo, advirtió que esto no se dará de forma inmediata.

“Las tasas deberían de empezar a bajar, los márgenes de los bancos deberían de empezar a comprimirse, pero no es de manera inmediata. El traspaso (de las menores tasas de interés) al consumidor o demandante final de créditos, sí lo vamos a ver, pero será hasta el 2020”, señaló Marcos, analista de Intercam

Desde 1999, año en que se comenzó a medir el riesgo país en México, el nivel más alto de fragilidad económica se alcanzó en el
año 2000.

Una revisión de los periodos que inlcuyen elecciones presidenciales, transición y primer trimestre muestra que todos los presidentes, de zedillo a amlo, presentan alta volatilidad en inversión de portafolio.

IED de mexicanos, en stand by

Con una desaceleración de la inversión extranjera directa de los mexicanos en el mundo desde hace siete años, en 2017 inició una recuperación superior a 800% hasta 2018. Esto al pasar de 713 millones de dólares en 2016 a seis mil 858 millones en 2018. Sin embargo, un punto a destacar es que en el cuarto trimestre del año pasado, registró el segundo menor monto en una década.

Entre octubre y diciembre del año pasado, los inversionistas mexicanos desembolsaron 972 millones, 71% menos respecto a la registrada en igual lapso de 2017 cuando el capital azteca adquirió activos en el mundo por tres 361 millones de dólares.

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