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Jorge Díaz Elizondo

La ley anti-corrupción, dicen, dará resultados en el largo plazo. Ya hemos escuchado eso antes.

 

El torbellino de la crisis griega apeas está por mostrar sus verdaderos efectos; los mexicanos, como buenos burros de carga, estamos perfectamente acostumbrados a las crisis recurrentes. Por factores ‘externos’ o ‘internos’ pero siempre andamos de capa caída. Hasta se siente rico llegar a la quincena con un nudo en la garganta y otro en el estómago.
 

 

La ley anti-corrupción, dicen, dará resultados en el largo plazo. Ya hemos escuchado eso antes, la cosa es darnos un dulce para entretenernos mientras los corruptos de siempre y los de nueva creación; es decir, sus hijos y entenados, siguen haciendo de las suyas. Final feliz.

 
Todo el ruido que se está haciendo sobre los posibles actos de corrupción en la administración del ex jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, terminará como todo escándalo de corrupción de los políticos mexicanos: sin castigo y sin verdad. ¿Asunto de corrupción? quizá ¿asunto político? quizá, pero ya veremos que cuando se haga a un lado para dejarle el paso libre en sus aspiraciones políticas a quien lo ataca, seguirá disfrutando de su libertad y de su lana. Y ‘Tan-Tan’.

 
Lo mismo ha pasado con lo de la ‘Casa Blanca’ y toda la porquería que salió a la luz durante las campañas. Que si en Sonora, Nuevo León, Distrito Federal y nada, todo desapareció como por arte de magia. Repartidas las posiciones, todo queda olvidado.

 
Tlatlaya y Ayotzinapa se resisten a morir del imaginario colectivo, pero los avances son prácticamente nulos. Hoy sabemos lo mismo sobre esos casos: casi nada; o por lo menos, no estamos seguros si todo lo que sabemos es verdad.

 
Eso sí, estamos muy entretenidos con las declaraciones de un tal Donald Trump, que ni nos va ni nos viene. Pero es que cuando se trata de sacar el falso nacionalismo, los mexicanos nos pintamos solos. Para abonar a su popularidad y sacar provecho aparentando la imagen de grandes mexicanos, hasta Carlos Slim y Azcárraga se pintaron los cachetes de verde, blanco y rojo, fruncieron el ceño y rompieron relaciones con él señor del peluquín ¡pan y circo señores! ¡pan y circo!

 
Mientras tanto, Andrés Manuel López Obrador sigue sin trabajo formal y mantiene a toda su familia y come bien. Yo hasta lo veo gordito.
 

 
No se apure, ahí la llevamos. En México, hoy, todo está normal.
 

 
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