Raúl García Araujo

Marcelo Ebrard es de esos políticos que dan sorpresas cuando se piensa que está todo perdido. El secretario de Relaciones Exteriores sabe oler –políticamente- cuándo debe esconderse de los reflectores para después aparecer en la escena pública y así colocarse como uno de los secretarios más eficientes del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En la Cuarta Transformación, ha participado en las decisiones importantes para el actual gobierno. Estuvo al frente de la compra de pipas para transportar combustible en la lucha contra el huachicol. En medio de la crisis de medicamentos, el presidente le encomendó la compra de medicinas en el extranjero. Cuando el mandatario estadounidense, Donald Trump, amenazó con aplicar aranceles a nuestro país por la política de puertas abiertas para los migrantes, el canciller fue el responsable de acudir a Estados Unidos y evitar dichas sanciones.

Ebrard jugó un papel ponderable en la desastrosa crisis por el fallido operativo de Culiacán en la captura y después liberación de Ovidio Guzmán, así como en la desgracia de Bavispe, Sonora, donde un grupo armado mató a 6 niños y 3 mujeres de la familia LeBarón.

El canciller vio en la crisis que ocurre en Bolivia el mejor antídoto para desviar la atención de las duras críticas contra el presidente López Obrador, sobre Culiacán y Bavispe, para frenar la caída en la aprobación del mandatario. Vive, sin duda, su mejor momento en la vida pública de nuestro país.

La confianza que el presidente le tiene al canciller se remonta a cuando ambos estaban en el entonces Gobierno del Distrito Federal, donde el primero era el jefe de Gobierno, y el segundo, secretario de Seguridad Pública.

En aquel tiempo, de 2002 a 2004, no había quién le disputara a Ebrard la candidatura a la Jefatura de Gobierno en 2006, pero el linchamiento de dos policías federales en la delegación Tláhuac, provocó que el entonces presidente, Vicente Fox, lo destituyera de su cargo de inmediato.

López Obrador lo protegió, y al día siguiente de esta decisión lo nombró secretario de Desarrollo Social para no truncar el proyecto que tenía para él. En ese puesto, ya casi encaminado a la candidatura, surgió en el PRD un grupo denominado “Todos Unidos contra Marcelo” (TUCOM), que tenía como fin acabar con la carrera política de Ebrard; sin embargo, no funcionó, y en 2006 se convirtió en jefe de Gobierno.

El año 2012 fue clave para el canciller mexicano. En ese momento tuvo que decidir –ya que tenía una alta aprobación en la capital del país- si encabezaba una candidatura fuerte para buscar la presidencia de la República y competir con el priista Enrique Peña Nieto. Pero cedió su lugar a López Obrador, quien perdió.

Vino entonces la persecución y exilio para Marcelo Ebrard. La denominada tribu de “Los Chuchos”, encabezada por Jesús Ortega y Jesús Zambrano en el PRD, le cerró cualquier posibilidad para dirigir ese partido, así como para buscar una diputación que le permitiera contar con fuero ante la llegada de Miguel Ángel Mancera al Palacio del Ayuntamiento.

Desde ahí se desató la venganza contra el actual titular de la SRE porque fue fuertemente cuestionado por las diversas irregularidades y actos de corrupción que existían en la construcción de la Línea 12 del Metro, la obra emblema de su gobierno.

Sin apoyo político, Ebrard tuvo que huir a Francia en compañía de su familia y después a Estados Unidos para evitar cualquier proceso en su contra.

En 2018 miró hacia México y vio que Andrés Manuel López Obrador tenía altas posibilidades de ganar la elección presidencial, no dudó en regresar para sumarse a la campaña. Al lograr el triunfo, el presidente le otorgo una de las carteras más importantes de su gobierno, la Secretaría de Relaciones Exteriores, que le permitirá construir tanto en nuestro país y el extranjero una candidatura sólida para 2024.

En Cortito: Nos cuentan que caro le está saliendo al presidente López Obrador su obstinación de imponer a toda costa y a cualquier costo a Rosario Piedra al frente de la CNDH, y hoy seguirá en la misma línea al imponer a Loretta Ortiz y a Eva Verónica de Gyves como nuevas consejeras de la Judicatura Federal. Morena en el Senado tiene la instrucción: que pasen ambas propuestas. Con esa situación, el presidente estirará más la liga con la oposición, casi al borde de la ruptura, y algo tendrá que hacer para que el PAN abandone sus amagos de romper con el Pacto Federal en los gobiernos estatales y municipales que obran en su poder y cuyo botón de muestra asoma en el desconocimiento de parte de varios de ellos de la presidenta de la CNDH. La situación es muy tensa y la ruptura parece inevitable, pero el presidente López Obrador tiene un as bajo la manga. Una fuente de la 4T, dijo a En Corto que la posición que ofrecerá al PAN es la vacante que hay en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ante la renuncia voluntaria u obligada, del exministro Eduardo Medina Mora. Este ofrecimiento tendría el propósito de regresar al redil del Pacto Federal a los panistas. No por nada, el presidente dejo para el próximo año ese nombramiento. 

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