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Gabriela Rivera e Idalia Gómez

papa23

Son cuatro y son obispos. Se formaron en la pastoral indígena, desde hace décadas han cuestionado a políticos, denunciado violaciones a derechos humanos y actos de corrupción, y algunos de ellos han sido amenazados de muerte o perseguidos por la más alta y conservadora jerarquía eclesial mexicana. Ellos cuatro tienen otra cosa en común, son los amigos mexicanos más cercanos al Papa Francisco y son la clave para entender su viaje a México.

Se trata de los obispos Raúl Vera, Felipe Arizmendi, Alberto Suárez Inda y Carlos Aguiar, quienes encabezan las diócesis de Saltillo, Tuxtla Gutiérrez, Morelia y Tlalnepantla, respectivamente. Junto a ellos, escuchando su diagnóstico sobre México y propuestas, es como el pontífice planeó su viaje, en septiembre de 2015.

Y también en gran medida esa relación ha influido al máximo líder de la iglesia católica,  para apartarse de la jerarquía conservadora mexicana que encabeza el cardenal Norberto Rivera Carrera e iniciar una reestructuración en el mapa eclesial mexicano.

Será con esos cuatro amigos y con los 23 obispos que ha nombrado, de forma estratégica, en los tres años que tiene al frente de El Vaticano, con los que construirá el nuevo rostro y perfil de la iglesia en México, y acabar con la doble figura que se tiene de la institución: una iglesia para pobres y otra para la elite de mexicanos ricos.

Ivonne Acuña, académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, explica que su afinidad y amistad con estos cuatro obispos se debe al trabajo pastoral en las comunidades, y porque se han atrevido a denunciar la pobreza, y son críticos del sistema y la violencia.

El cambio de los clérigos en distintas ciudades del país, añadió, responde a la necesidad de buscar perfiles específicos que atiendan conflictos propios de la localidad a la que son enviados.

“El Papa está acomodando sus fichas para que esa nueva visión muy específica de cómo debe ser el trabajo de la iglesia funcione (…) aunque la estrategia también tiene que ver con política, cómo está leyendo las distintas comunidades y a los actores”, refirió la académica.

 

AGENDA ESTRATÉGICA

En septiembre pasado, cuando el Santo Padre decidió venir a México, sus amigos pusieron sobre la mesa los lugares a los que podría acudir, para atender las demandas de los católicos mexicanos.

Fue Raúl Vera, quien logró que el Papa aceptara ir a San Cristóbal de las Casas  y Tuxtla Gutiérrez, en lugar de acudir a Campeche, como lo propuso la administración de Enrique Peña Nieto. Mientras que Arizmendi lo invitó a comer con los indígenas, en lugar de realizar la tradicional comida con los cardenales y jerarcas eclesiásticos.

La visita a Ecatepec también está relacionada con la amistad que el Papa sostiene con Carlos Aguiar, arzobispo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla —a la que pertenece el municipio de Ecatepec—y con los problemas de violencia intrafamiliar, feminicidios, migración e inseguridad que allí se viven.

Con Morelia lo une su cercanía con Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, y a quien no le permitió jubilarse para poder nombrarlo cardenal, con lo que aseguró que una persona de su confianza le cuente de forma directa lo que ocurre en el país.

La relación con estos sacerdotes dejó fuera de la toma de decisiones a la elite eclesiástica, que encabeza el arzobispo Norberto Rivera Carrera, y en la que se ubican obispos y sacerdotes de generaciones atrás que están vinculados fuertemente con el gobierno, como Onésimo Cépeda, anterior obispo de Ecatepec, algunos sacerdotes de Jalisco, Querétaro o Puebla, por ejemplo.

La relación con la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que encabeza el arzobispo de Guadalajara José Francisco Robles Ortega, es cordial, explicó Acuña. Incluso son ellos quienes están organizando los preparativos de la visita, pero esto no significa mayor cercanía.

“Con la CEM es una relación cordial y diplomática, porque el Papa no puede borrar de un plumazo con todos los padres que conocen a la iglesia del país, entonces tiene que contar con el trabajo que ellos hacen. Y con Norberto Rivera, hay una relación previa, pero tenemos que esperar que va a pasar con ellos los años siguientes”, dijo la académica.

A Raúl Vera, Felipe Arizmendi, Alberto Suárez Inda y Carlos Aguiar, el Papa Francisco les ha asignado una misión en su diócesis, amplificar la visión de una iglesia pobre, transformadora y cercana a su gente, e influir y apoyar al resto de las diócesis.

Los cuatro amigos del Papa han avanzado en ello, por ejemplo han construido una red de apoyo y trabajo comunitario a favor de los indígenas, campesinos y migrantes, entre obispos, sacerdotes y religiosas que abarca desde Chiapas, Veracruz, Morelos, Guerrero, estado de México, Puebla, San Luis Potosí hasta Coahuila y Chihuahua. También han construido un espacio de encuentro con los padres jesuitas, maristas, dominicos y diocesanos, además de otras órdenes religiosas, lo que se ha interpretado al interior de la iglesia como los inicios de un cambio profundo en las estructuras y pastoral eclesial.

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