FOTO: Museo Frida Kahlo

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Redacción ejecentral

La Fonoteca Nacional presentó el hallazgo sonoro de lo que probablemente es la voz de la pintora mexicana Frida Kahlo.

Una grabación de menos de dos minutos fue encontrada en la colección de Álvaro Gálvez y Fuentes «El Bachiller» y dataría de 1955.

En el audio, grabado en disco de corte directo, se escucha una voz delgada y femenina leyendo un texto que escribió Frida en 1949 para celebrar los 50 años de trayectoria artística de Diego Rivera.

Es un audio que es curioso porque hemos esperado mucho tiempo. Las dos voces más buscadas en la Fonoteca Nacional son la del Padre Hidalgo y la de Frida Kahlo», señaló Pavel Granados, director de la Fonoteca.

«La voz es muy diferente a lo que pudiera pensarse, es muy femenina», agregó.

El material pertenece a una serie de grabaciones que forman parte de un perfil sonoro que Gálvez y Fuentes hizo del muralista.

Una de los aspectos que se consideran pruebas de que efectivamente se trata de la artista es el remate que hace «El Bachiller» en la grabación.

Esta voz, que ya no existe sino en la permanencia de sus palabras, la voz de Frida Kahlo, nos ha conducido a la niñez dejada del pintor», dice el entonces locutor de la XEW.

La Fonoteca informó que aún no puede confirmar que se trate de la voz de Frida Kahlo, razón por la que han contrastado opiniones con Guadalupe Rivera, hija de Diego Rivera, Esteban Volkov, nieto de León Trotsky, y el pintor Arturo Estrada Hernández.

Aquí parte de la lectura registrada en el audio de la Fonoteca

«Con su cabeza asiática, sobre la que nace un pelo obscuro, tan delgado y fino que parece flotar en el aire, es un niño grandote, inmenso, de cara amable y mirada triste. Sus ojos saltones, obscuros, inteligentísimos y grandes, están difícilmente detenidos, casi fuera de las órbitas por párpados hinchados y protuberantes, como de batracio, sirven para que su mirada abarquen un como de sol mucho más amplio, como si estuvieran construidos especialmente para un pintos de espacio y multitudes, y muy pocas veces desaparece de su boca búdica de labios carnosos una sonrisa irónica y tierna, flor de su imagen.

«Viéndolo desnudo se piensa inmediatamente en un niño rana, parado sobre las patas de atrás. Sus hombros infantiles, angostos y redondos, terminan en unas manos maravillosas, pequeñas y de fino dibujo, sensibles y sutiles como antenas que comunican con el universo entero. Es asombroso que esas manos hallan servido para pintar tanto, y trabajen todavía infatigablemente»

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