Laura Borbolla

En días pasados tuvimos cuenta de varios eventos violentos; quizá no nos hemos dado cuenta, y si lo hicimos fingimos que no se ha normalizado la violencia, no obstante que desde hace algunos años día con día la nota roja o policiaca abarca más espacios en la prensa.

El recuento de estos primeros 20 días de octubre, da cuenta de una emboscada a la policía en Aguililla, Michoacán, un hecho lamentable por donde lo vean, sobre todo por la indolencia de las autoridades, en todos los niveles, el primero fue el Secretario de Seguridad de Estado, quien al ser entrevistado, refirió que era un hecho lamentable y que sentía lo ocurrido por las familias de los elementos caídos, lo cual ocurrió gracias a las benditas redes, pues las familias ya habían exhibido la poca sensibilidad del jefe de la Policía, esto aunado a que el Gobernador, culpaba del problema a las autoridades federales y señalaba que el problema de Michoacán es de grupos que cometen delitos federales; entonces solicitó ante los medios “no hacer más dramas por la emboscada”.

En este país como en ningún otro lugar del mundo; ser un agente del orden (policía de cualquier nivel) se ha convertido en un acto suicida y desmoralizante, nada más explícito que lo de Aguilillas, Michoacán, lo mínimo es que el jefe se indigne por las bajas de su personal y se haga lo que sea necesario para que un acto de esta naturaleza no quede impune; pues si eso ocurre con los agentes del orden, la lección es que si el jefe de la Policía no cuida a su personal, menos lo hará con la población.

Para rematar la lección, el cumplimiento de una orden de detención provisional con fines de extradición dictada por un juez federal; sería cumplimentada por policías experimentados; bueno, quizá no tanto;  ya que se les olvidó tomar en consideración el marco constitucional que dice que nadie puede ser molestado en su persona y patrimonio, libertad, etc. Sin que exista mandamiento judicial de por medio. Entonces hicieron un operativo que en teoría debió de ser pulcro, con planeación y estrategia; pero pues no fue así, el mando dijo que no lo hicieron del conocimiento de la superioridad y pues por ello se tuvo que dar marcha atrás.

El día después del 17 de octubre de 2019, es una lección que baja la moral de cualquier cuerpo policiaco del nivel que sea; como dirían entre policías la culpa de todo la tiene la tropa; nunca el mando, el hilo se truena por lo más delgado. No importa si es en Aguililla, Michoacán o en Culiacán, Sinaloa. En tanto y cuanto la población y los mandos, no valoremos y dimensionemos el tamaño del problema y la necesidad de valorar a la policía, la teoría del caos, será probada día tras día, centímetro a centímetro del país; in crescendo. 

Revertir esta tendencia son cosas de forma que hacen fondo, para buscar que las personas que trabajan en estos temas (policías, agentes del ministerio público, soldados, marinos, peritos, analistas, etc.), retomen la fortaleza de la satisfacción “del deber cumplido”.

México necesita a los mejores y esos deben ser validados, para serlo son sujetos de Centros de evaluación y control de confianza, se privan de estar con sus familias, de momentos personales valiosos, el sacrificio es por el país y su población; en la acera de enfrente se organizan en 15 minutos sin ningún temor a consecuencia alguna. Debemos apoyar a las autoridades del orden, sin cortapisas, esas son cosas de forma que hacen fondo.

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