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Redacción ejecentral

Tokio. El desmembramiento de Toshiba, obligada a vender sus mejores negocios para salvarse de la quiebra, ilustra la crisis de los grandes conglomerados japoneses de electrónica que durante décadas dominaron el mercado mundial.

Toshiba, cuyos orígenes se remontan a 1875, simbolizó durante décadas el éxito de la industria japonesa de la era Meiji, a finales del siglo XIX y a principios del XX, cuando Japón se transformó y entró de lleno en la modernidad

Pero ahora el conglomerado está en una situación dramática, obligado a vender sus mejores negocios, como su lucrativa filial de tarjetas de memoria Toshiba Memory.

Los candidatos a comprarlo luchan encarnizadamente para quedarse con este negocio, un “sombrero mágico” que genera cada año un resultado operativo de 4 mil millones de euros, indica Masahiko Ishino, del Tokai Tokyo Research Center.

Según Yasuyuki Onishi, autor de un libro sobre “El desmembramiento de Toshiba”, la venta de Toshiba Memory augura “el día en que los fabricantes japoneses de electrónica dejarán de existir”.

Muchos conglomerados han ido vendiendo sus actividades pero sin reemplazarlas por otras.

Frente a esta situación el estado japonés decidió crear un fondo semipúblico, llamado INCJ, que logró salvar in extremis a Renesas (especializada en circuitos integrados) convirtiéndose en su primer accionista.

El INCJ quiere acudir al rescate de las tarjetas de memoria de Toshiba, proponiéndose como comprador dentro de un consorcio liderado por el fondo estadounidense Bain Capital.

Según Onishi, la caída de Toshiba se agravó sobre todo por la decisión de comprar en 2006 el grupo nuclear estadounidense Westinghouse, “un fracaso total”.

Hasta hace poco Toshiba, que tiene 190 mil empleados, era conocido junto a Hitachi por su amplia gama de productos, incluyendo chips, reactores nucleares, ordenadores, televisores, escaleras mecánicas, ascensores electrodomésticos e infinidad de productos y servicios para particulares y empresas.

Pero en tan solo dos años, el conglomerado, afectado además por el escándalo de sus cuentas falsificadas y la quiebra de Westinghouse, ha tenido que desprenderse de gran parte de sus negocios.

Esa compra es “la principal causa de la crisis que hoy vive el grupo”, apunta el experto. Según él, si Toshiba está vendiendo sus negocios más lucrativos es porque el Estado japonés no quiere que abandone el sector nuclear, a pesar de las dificultades.

Los expertos apuntan a que los últimos años han demostrado que es posible algo impensable hasta ahora, la desaparición de los grandes nombres de la electrónica en Japón.

Sanyo ya no existe, NEC sobrevive pero sin los negocios que le dieron fama (ordenadores portátiles y teléfonos móviles) y Sharp se salvó in extremis cuando fue comprado por el gigante taiwanés Hon Hai.

En paralelo, grupos como Panasonic o Hitachi abandonan poco a poco sus actividades en la electrónica de consumo para concentrarse en sectores como el de la construcción, el automóvil o la aeronáutica (Foto: Archivo AFP). MR

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